EDITORIAL

La gran nacionalización

Una gigantesca ola de nacionalizaciones bancarias recorre Europa. En menos de 100 días, y siguiendo a EE UU, los Gobiernos de diez países, entre ellos algunas de las economías más poderosas de la UE, han desembolsado 125.000 millones de euros para tomar el control de gran parte de sus sistemas financieros, en respuesta a una crisis de un calado aún por determinar. Paradójicamente, esa intervención pública en forma de enorme ola quiere ser un salvavidas. Pero se puede convertir en un gran lastre, primero, para que las cuentas públicas vuelvan a salir a flote y, segundo, para unos sistemas financieros que además de no hacer los deberes y secar el crédito se llenan de dinero público en vez de afrontar sus errores. La banca española es de las pocas que, por ahora, no ha precisado nacionalizaciones. Hoy por hoy es víctima de un agravio comparativo que, en otras palabras, no es más que un monumento a la competencia desleal y la ineficiencia.