Apoyo a las automovilísticas

El Congreso de EE UU estudia conceder 25.000 millones a Detroit

Tensión extrema. Ese fue el ambiente en el que se desarrollaron ayer y el miércoles las comparecencias de los consejeros delegados de GM, Ford y Chrysler ante los comités de la cámara de Representantes y el Senado.

De un lado, los empresarios de Detroit pidieron al Congreso un crédito puente urgente de 25.000 millones de dólares para las tres empresas, con el que darse la oportunidad de salvar la crisis sin acudir a una bancarrota que, a su juicio, es el camino a la liquidación. El responsable de Chrysler, Robert Nardelli, dijo ayer que había contemplado la bancarrota pero la terminó viendo inviable. Tanto Nardelli como Rick Wagoner de GM y Alan Mulally de Ford, han asegurado que aceptarán todas las condiciones que les impongan porque la caída de una sola de estas automovilísticas podría tener efectos devastadores no solo en el empleo y el resto de las firmas de Detroit sino en toda la industria del motor por el descalabro que supondría para concesionarios, proveedores e incluso la publicidad.

Los legisladores de ambos partidos recibieron a los responsables con hostilidad. Se les cuestionó su modelo de negocio y su gestión (GM no gana dinero haciendo coches en EE UU desde 2004). La tendencia a la baja de las tres marcas ha sido tan pronunciada que hay escepticismo sobre si la ayuda servirá de algo.

Ayer estaba previsto que el Senado votara la concesión de los 25.000 millones aunque los demócratas, partidarios a su pesar de darles el dinero no tenían mayoría. La Casa Blanca y algunos republicanos estarían a favor de concederles ese dinero que antes estaba destinado a ayudarles a hacer la transición a vehículos eficientes.