Hacia un nuevo orden financiero

El G-20 abre la puerta a un nuevo equilibrio

Los responsables del 95% de la economía mundial pactan reformas que pueden suavizar los ciclos.

El G-20 abre la puerta a un nuevo equilibrio
El G-20 abre la puerta a un nuevo equilibrio

Contra los pronósticos más pesimistas, el G-20, más España, Holanda y la República Checa, lograron el sábado un acuerdo en Washington que establece el compromiso de reformar las instituciones económicas internacionales; la regulación financiera y las reglas contables, además de proponer, sin detallar, estímulos fiscales para ayudar a que se salga de la actual crisis económica. Todas estas medidas, algunas de ellas ya en marcha, se deben ir ejecutando en varias fases y sientan las bases para intentar controlar los riesgos financieros y así suavizar los ciclos económicos que, en algunos países del mundo, han provocado expansiones y crisis abruptas que han culminado en la delicada situación actual.

El inusualmente extenso comunicado salido de la cumbre, que en su versión en francés tenía 17 páginas, incluye la declaración defendida por EE UU de que todas las reformas deben estar en línea con los postulados del libre mercado. Al término del encuentro, su presidente, George Bush, remachó que 'las reformas que se recomienden deben estar guiadas por una verdad simple, que la única forma de resolver nuestros problemas y los del resto es que la economía crezca, y el camino seguro para ese crecimiento es el capitalismo y los mercados libres'.

Los Estados no sólo se comprometen a ello, sino que además afirman su compromiso de no tomar medidas proteccionistas en un año y, de paso, dar un nuevo impulso a la ronda de Doha para la liberalización del comercio mundial. El hecho de que países desarrollados y emergentes coincidan hace aumentar las posibilidades de que ese aletargado proceso se reavive.

No obstante, y debido a una fuerte presión europea, también se incluyen acciones concretas para limitar y controlar los riesgos de inversores y las entidades que han puesto de rodillas al sistema financiero global. Y se hará a través una mejora de la transparencia y la responsabilidad de las entidades financieras; la ampliación y actualización del marco regulatorio, tanto en su vertiente doméstica como en su armonización internacional, y la promoción de la integridad de los mercados financieros. Además, se refuerza la cooperación internacional y las instituciones económicas y financieras internacionales.

Dado el número de delegaciones con intereses encontrados en la mesa de Washington, algunos de los compromisos han sido más modestos de lo que países como Francia habían deseado. Su presidente, Nicolás Sarkozy, vino a EE UU apoyado por España y en menor medida por Alemania, cargado de intenciones para reformar o refundar el sistema capitalista y no todas rindieron frutos.

Críticas y agenda

Con todo, el comunicado asigna la culpa de la actual crisis a un sistema de laissez faire y unos políticos que han permitido la toma de riesgos sin control. No se señala a nadie en particular, pero se deja constancia en el acta de una crítica muy poco velada a EE UU.

Pese a las carencias o su tibieza en algunas propuestas, los Estados se fijan fechas para poner en marcha algunas de las acciones pactadas en esta cumbre, la primer de una serie que reunirá de nuevo a estos líderes y al sucesor de Bush, Barack Obama, el 30 de abril.

Buena parte de ellas tienen que estar tomadas antes del 31 de marzo y algunas son de cierto calado. Una de ellas es la creación de un 'colegio de supervisores' que debe ser el resultado de la cooperación internacional para monitorizar a las mayores instituciones financieras internacionales. 'Los bancos globales más grandes deben reunirse regularmente con su colegio de supervisión para hablar de forma amplia de las actividades de las firmas y las estimaciones de los riesgos a los que hacer frente'. El colegio de supervisores, una institución por definir, es el paso intermedio en el que han quedado los que querían un regulador global, como Francia, y los que ni querían oír hablar de ello, como EE UU. En general se establece que la supervisión es una responsabilidad de cada país.

Además, antes de la próxima reunión, los organismos que fijan las normas contables deben haber mejorado los principios que guían la valoración de títulos, complejos, ilíquidos especialmente en tiempos difíciles como los actuales. También se tiene que avanzar en estándares de contabilidad para los vehículos fuera de balance como los SIV y ampliar la información de instrumentos financieros complejos a los participantes del mercado. A largo plazo, las entidades financieras deben ampliar los informes de riesgos que asumen y sus pérdidas de forma regular y se va a controlar que tengan niveles adecuados de capitalización.

Con vistas al medio plazo, las autoridades de cada país revisarán sus legislaciones de quiebra y disolución de actividad para permitir que haya un desenlace ordenado en caso de entidades financieras internacionales complejas y así evitar el colapso de los mercados de crédito, que provocó recientemente el hundimiento de Lehman Brothers.

Las agencias de calificación de crédito deberán registrarse y antes de marzo, los reguladores deben asegurar que siguen los más altos estándares de trabajo y no tienen conflictos de intereses como esta crisis ha revelado que tenían.

Uno de los logros más celebrados por George Bush ha sido el acuerdo para establecer una mayor transparencia en el opaco y privado mercado de los credit defaul swaps (CDS o seguros frente a la bancarrota de empresas y entidades). Para este mercado, que mueve unos 33 billones de dólares en todo el mundo y se ha erigido como una de las fuentes de mayor inestabilidad financiera (hasta el punto de ser el origen de la debacle de AIG), se plantea la creación de una cámara de compensación y liquidación, algo en lo que ya estaba trabajando el Tesoro de EE UU.

En el texto del comunicado también se hace mención a que, a medio plazo, hay que proteger a los inversores de acciones que les perjudican pero que están amparadas en jurisdicciones no transparentes, es decir, en paraísos fiscales. El sábado, José Luis Rodríguez Zapatero afirmaba que en particular, él estaría de acuerdo en que se acordara el fin de este régimen de paraísos.

El G-20 entró también, aunque de puntillas, en la espinosa cuestión de las retribuciones de los ejecutivos de las entidades al establecer que antes de fin de marzo las firmas financieras deben haber establecidos incentivos internos para 'eliminar esquemas de compensaciones que premien la excesiva rentabilidad a corto o la toma de riesgo'. Las medidas son voluntarias o si se ve necesario se podría regular.