EDITORIAL

Otra vuelta al mapa energético

La oferta lanzada por Gas Natural sobre Unión Fenosa vuelve a poner en solfa los movimientos en el mercado por el control del mapa energético en España, y posiblemente también en el resto de Europa, tras la calma sobrevenida con la adquisición de Endesa por parte de Enel, la reordenación francesa de Suez y Gaz de France, y la culminación de la venta en Reino Unido de los activos de generación nuclear. La guerra iniciada hace ya tres años por la propia gasista con su oferta por Endesa se va a a saldar ahora con el control de una pieza distinta.

Desde el punto de vista práctico, la adquisición de Fenosa por parte de Gas Natural, si culmina como está diseñada, ya ha supuesto una inyección de adrenalina a los mercados financieros y la correspondiente recogida de plusvalías por parte de los accionistas, sean minoritarios o de control. Desde que Fenosa dividió el nominal de sus acciones, hace tan sólo dos semanas, la acción ha subido más del 40%, reanimando un mercado bursátil apático, volátil y con tendencia bajista.

La iniciativa de ACS, primer accionista de Fenosa con un 45% del capital, tiene varias lecturas. Para el grupo que preside Florentino Pérez, la operación supone una gran liberación financiera, en un momento de presión en el mercado del dinero. Pero también una reducción de su balance y de su cuenta de resultados, por el peso que en ambas supone la aportación de Fenosa. No obstante, el mercado descuenta que ACS no se quedará quieta. Y todas las apuestas apuntan a que se reforzará considerablemente en Iberdrola. Así lo interpretaron los inversores ayer, que centraron su atención en la eléctrica vasca y propiciaron una subida de sus títulos del 5,45%, la segunda mayor revalorización de las empresas del Ibex, tan sólo superada por Iberia.

Pero, sin duda, el gran triunfador de esta operación será Gas Natural, pese a tener que hacer un enorme esfuerzo financiero, pues lograr el control de la tercera eléctrica española le costará casi 17.000 millones de euros, y pese a que hace poco menos de tres años hacía una oferta valorada en unos 21.000 millones por la entonces líder del sector, Endesa. En cualquier caso, tras no rematar los intentos de fusión o adquisición con Repsol, Endesa e Iberdrola, Gas Natural colmará sus urgencias por encontrar una salida a la potencialidad de sus activos gasísticos, y difícilmente tendrá obstáculos de competencia. E hipotéticamente incluso podría liberar recursos con la venta de activos de gas de Fenosa que pudieran generarle redundancias.

En una operación del calado de la anunciada ayer, el papel del Gobierno es de vital importancia. El Ejecutivo debe vigilar cuidadosamente el movimiento, dado que se trata de un mercado regulado y estratégico. No debe poner obstáculos a la consolidación natural del negocio, con el único límite del respeto y la salvaguarda de los intereses de los consumidores y los inversores. Y, una vez apuntada la reordenación empresarial del mercado energético, aprovechar la ocasión para afrontar sus problemas de fondo, empezando por los regulatorios y pasando por la decisión final sobre cuáles han de ser las fuentes de producción de energía por las que apuesta, sin temor alguno a abordar debates que ahora parecen enterrados más por motivos del corazón que del cerebro.