EDITORIAL

Que no quede en buenas palabras

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, mostró ayer un diagnóstico algo más realista del que acostumbra sobre la situación de la economía española. Y, a continuación, desgranó una batería de medidas para afrontarla. El Gobierno intenta, así, romper la imagen de inactividad que le persigue y acelerar la recuperación.

Zapatero eligió la sede del Consejo Económico y Social para presentar este plan. Quizá debería haber buscado un marco más institucional, como el Congreso, aunque es cierto que habrá tiempo para debatirlo en ese foro durante el trámite parlamentario. Disputas de escenificación al margen, el nuevo plan pretende favorecer el cambio de modelo productivo hacia sectores de mayor productividad y estabilidad. En total son 21 medidas, algunas de ellas ya conocidas. Estamos, en conjunto, ante un plan lleno de buenos principios, aunque aún poco concreto, especialmente en el área de la energía, y al que sin duda falta algo más de ambición.

Entre las medidas presentadas ayer, se encuentra un plan de austeridad en la Administración central, una decisión que siempre tiene buena acogida. Las disposiciones en este terreno -reducción de la oferta pública de empleo, contracción del gasto corriente y congelación del salario de altos cargos- ahorrarán 250 millones. Lo ideal sería que el resto de las Administraciones -autonómica y local- siguieran el ejemplo.

Mayor calado tienen, al menos sobre el papel, las medidas liberalizadoras que afectarán a varios sectores. Se trata de cambios estructurales que modificarán notablemente algunos mercados, como el de los transportes. Habrá que ver en qué términos se desarrollan estos cambios, especialmente en AENA y las mercancías de Renfe, pero aumentar la competencia debería tener efectos positivos para la economía en su conjunto.

La reforma de la Formación Profesional es, igualmente, una propuesta esperanzadora. Es una asignatura largamente suspendida y uno de los tapones que impiden a la economía española ganar en productividad. Contar con profesionales cualificados es imprescindible para conseguir un modelo productivo distinto y competitivo. Es de esperar que esta vez sea la vencida, que se aborde una transformación a fondo y que las palabras no queden en fuegos de artificio. Igualmente, Zapatero quiere reducir la carga administrativa que sufren empresas y ciudadanos, una traba económica de primer nivel. También se ha anunciado muchas veces, pero de momento la burocracia sigue siendo un mal extendido.

Hasta aquí lo más explícito del plan Zapatero. Entre lo menos, hay mucho por desarrollar. Sectores como el energético precisan de algo más que de una ley de eficiencia y de energías renovables -aunque también- y sería preciso conocer con prontitud las intenciones del Gobierno sobre este mercado, vital para el desarrollo económico. Igualmente, la falta de liquidez en el sistema está ahogando tanto al sector empresarial como a las familias y aquí también se echan en falta medidas. Por último, y aunque sea motivo del diálogo social, también es imprescindible que el Ejecutivo desvele cuanto antes las reformas que considera necesarias para el mercado laboral.