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Tribuna
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¿Quién ganará la Eurocopa?

Mañana arranca la Eurocopa de fútbol que se celebra en Austria y Suiza, con la selección española, una vez más, como candidata al título. Quién ganará es difícil predecirlo, pero son los pequeños detalles los que pueden inclinar la balanza a uno u otro lado, según el autor, que apunta las claves del éxito

Es una pregunta tan complicada como simple su respuesta: no lo sabemos. A priori, Francia, Italia o incluso España son las candidatas, pero la última edición del campeonato fue a parar a manos de Grecia y en 1992, una Dinamarca repescada tras la exclusión de Yugoslavia por la guerra se alzó con el título europeo. ¿Dónde residen las claves? Apuntamos algunas ideas:

El talento es importante, pero mucho más lo es su gestión. La mera acumulación de gente -por muy excepcional que sea- no forma un equipo sino sólo un grupo. Dos requisitos son importantes: complementariedad y unión. El primero permite rendir con eficacia en cada uno de los eslabones de la cadena de valor: defensa, centro y ataque. El segundo crea la estabilidad necesaria para que las capacidades exploten. Si los egos y los personalismos se imponen, el caos está servido. Un equipo es una piña donde la humildad y la generosidad son aspectos determinantes.

Cuando el buen ánimo está presente, las capacidades se potencian

Confianza, placer y resultados van de la mano. La profesionalidad no está reñida con la diversión. La confianza facilita que el talento se manifieste con desparpajo; la presión asfixiante cohíbe y amordaza. Un cierto nivel de tensión es saludable pero cuando se está más pendiente del marcador, la grada o la opinión de la prensa, el desenlace no tiene buena pinta. Este factor es el que explica que selecciones teóricamente más débiles consigan resultados excelentes. No tienen nada que perder, y esa menor presión les permite desplegar sus talentos con naturalidad sin dejar que las rigideces les agarroten. El entrenador debe crear un entorno de normalidad protegiendo a los jugadores de comentarios ácidos y presiones inútiles que no aportan nada y no todos saben digerir.

Un equipo es, sobre todo, un estado de ánimo. Son palabras de Jorge Valdano. Y es que los sentimientos determinan nuestras conductas y, además, son contagiosos. Cuando el buen ánimo está presente, las capacidades se potencian; cuando el pesimismo se apodera de la persona, el talento se contrae y pasa desapercibido. Además, estos sentimientos -positivos o negativos- crean un estado colectivo de euforia o derrotismo que provoca verdaderos milagros o auténticas catástrofes. Un entrenador nunca puede ser una persona triste y debe descorchar ilusión y ganas por los cuatro costados.

No hay que vender la piel del oso antes de cazarla. Un despiste puede dejar fuera de la competición a cualquier selección. La clave: mucha concentración. Bajar el nivel de atención con la competencia existente es firmar una sentencia de eliminación. Hasta el minuto noventa y tantos hay que estar alerta. ¿Se acuerdan del Getafe contra el Bayern en la Copa de la UEFA? Sun Tzu, en El arte de la guerra, dice: 'No te contentes con alguna ventaja pequeña o una victoria a medias; tal cosa podría ser tu cebo destinado a vencerte. Debes mantenerte en guardia incluso después de que tengas los visos de una victoria completa'.

El reconocimiento y el afecto son los mayores aliados del talento. Esto es aplicable a cualquier persona, pero si hablamos de profesionales cuya motivación extrínseca está saciada gracias a unas nóminas generosas, lo es aún más. ¿Qué piden estos deportistas? Sobre todo, afecto; que se les quiera; que se les reconozca y se les haga sentir importantes; que se les pase la mano por encima del hombro. Las palabras de Tom Cash son ejemplificadoras: 'Los seres humanos necesitan que se les reconozca y recompense cuando hacen esfuerzos especiales. Pero no es preciso darles mucho. Lo que desean es que se les dé prueba intangible de que uno realmente aprecia lo que hacen. El premio realmente es sólo símbolo de eso'.

La comunicación lo es casi todo. Una comunicación deficiente acaba por arruinar cualquier relación humana y convierte simples problemas de convivencia en quistes emocionales que se agrandan con el paso del tiempo. Jack Welch afirma: 'Por encima de todo lo demás, los buenos líderes son abiertos. Van arriba y abajo, y dan vueltas por todos los rincones de sus organizaciones para llegar a la gente. No se quedan en los canales establecidos. Son informales. Son directos con la gente. Hacen que ser accesible se convierta en una religión para ellos'. Ponen en práctica el managing by wandering around: no esperan a que la gente se acerque a ellos, son ellos los que se acercan a la gente.

La mejor improvisación es la adecuadamente preparada. Ningún detalle se deja en manos del azar. Los penaltis, si llegan, no son una lotería. æpermil;sa es la excusa y el recurso de los perdedores para quitarse el muerto de encima. Como todo, hay que practicarlos y además saber cómo los tira el contrario. En cualquier batalla, conocer las fortalezas y debilidades del adversario ayuda a afrontar la guerra con mejores armas. Los aires de autosuficiencia juegan malas pasadas. De nuevo Sun Tzu da en el clavo: 'Si te conoces a ti y a tu enemigo, ni en cien batallas saldrás derrotado. Si te conoces a ti pero no a tu enemigo, las oportunidades de ganar o perder son las mismas. Si no conoces a tu enemigo ni a ti mismo, con certeza perderás cada batalla'.

Entre el 7 y 29 de junio podremos disfrutar de una nueva edición de la Eurocopa. Luis Aragonés, como máximo exponente de la selección, debe crear un entorno en el que se mezcle la exigencia con el cariño de tal modo que el talento aflore porque se sienta cómodo. No es cuestión de grandes descubrimientos sino de pequeños detalles que cuestan poco y valen mucho.

Socio-director de Football & Sport Consulting

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