EDITORIAL

El modelo de Mondragón

En los próximos días los socios cooperativistas de Irizar, carrocera de autocares con gran presencia en el mercado europeo y asiático, y de Ampo Poyan, especializada en valvulería industrial, votarán, y seguramente decidirán, el abandono de la matriz Mondragón. Discrepancias en el modelo de gestión de estas sociedades con los criterios de la matriz les han llevado a la segregación, que no presenta ningún problema jurídico, puesto que está perfectamente reglada.

Las dos empresas consideran que los esquemas de Mondragón son demasiado lentos para atender las exigencias de la globalización, aunque en ambos casos han alcanzado el éxito dentro de la corporación, si bien con criterios muchas veces innovadores. Sus iniciativas ponen sobre la mesa preguntas sobre las virtudes y defectos del modelo cooperativo, sobre todo cuando alcanza un tamaño tal que puede dificultar las decisiones que precisa la gestión industrial y comercial.