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Columna
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¿El futuro llega a Brasil?

La elevación de la calificación crediticia de Standar and Poor?s a Brasil a 'grado de inversión' la pasada semana debería reducir sus altos tipos de su deuda. Desde que la economía brasileña está más abierta a los inversores extranjeros se ha producido una aceleración del crecimiento. Pero el país debe reducir su corrupción y sobrevivir a la próxima bajada del precio de las materias primas.

Brasil, según un chiste local 'es el país del futuro, y siempre lo será'. Se entremezclan desilusiones con periodos de alto crecimiento, durante los cuales se considera que el país está transformándose en una economía avanzada. Las dificultades en la balanza de pagos y una deuda excesiva causan problemas de liquidez, después de lo cual, la corrupción y las presiones demográficas producen regresión económica.

Esta vez quizá sea diferente. El crecimiento ha sido más pausado, alrededor del 5% anual que comparado con un 11,3% entre 1968-73 y el 6,9% entre 1974-80, es más sostenible. La inflación se ha reducido por debajo de los dos dígitos. La deuda extranjera ha sido convertida en obligaciones nacionales. Y, probablemente, lo más importante, el crecimiento de la población que en los setenta era del 2,2% anual, con las consiguientes presiones en educación e infraestructuras, ahora está en el 1%.

Una vez que se ha permitido a los extranjeros comprar deuda y acciones libremente, con el tiempo la mejora de su calificación tirará a la baja de los actuales tipos de interés del 7-7.8%. Moody?s o Fitch deberán seguir a S&P?s antes de que los inversores se animen a comprar deuda brasileña. Pero cuando lo hagan, los tipos más bajos animarán la formación de capital y el crecimiento.

Su buena situación se debe, en parte, a los precios de las materias primas y su bajada complicará su balanza de pagos. Sin embargo, la apertura a la inversión extranjera aliviará el problema. Petrobras, por ejemplo, prepara una joint-venture con una petrolera de las grandes, lo que le permitirá acceder a mejor tecnología para descubrir nuevas reservas que apuntalarán la posición de Brasil.

Goldman Sachs incluyó Brasil en su grupo BRIC de superpotencias del futuro en 2003. Entonces pesaban los riesgos políticos y su precaria posición de pagos. Hoy, mientras permanecen los problemas de corrupción, los riesgos políticos han disminuido y su posición de pagos y deuda han mejorad. Brasil se merece mejorar su calificación crediticia, y deberá beneficiarse de ello. Por Martin Hutchinson

Wall Street contra la citi

Michael Bloomberg, el billonario alcalde de Nueva York, andaba preocupado el pasado año porque Londres podría adelantar a la 'Gran Manzana' como primer centro financiero mundial. Algunos creen que ya lo ha hecho, en parte, porque el capital londinense, más líquido, ha permitido que el volumen de ampliaciones de capital o fusiones en Europa haya adelantado al de Estados Unidos. El desplazamiento trasatlántico a favor de Londres podría acelerarse por la crisis crediticia. Al menos, en términos de pérdida de empleo de los bancos de inversión. Wall Street ha sufrido más que Londres.Por supuesto, habrá un montón de banqueros y otros genios financieros vagando por las calle de ambas ciudades en los próximos meses. Los últimos pronósticos sugieren unos 20.000 empleos recortados en cada ciudad. Quizá habrá que aumentarlos. Simplemente dos firmas, Bearn Stearns, ahora de JPMorgan, y ABN Amor, de RBS y otros bancos, podrían despedir a 7.000 empleados cada uno.Los de Wall Street lo tienen peor. Primero, porque aunque los bancos británicos y europeos han sufrido la tragedia de las subprime, los créditos son originarios de sus homólogos estadounidenses y la mayoría se han empaquetado en el Hudson o el East River, y no en el Támesis.Segundo, las zonas donde la actividad continúa fuerte miran hacia Londres. A ambas ciudades les afectará por igual las materias primas, las divisas o los tipos de interés. Pero las empresas extractivas rusas o los fondos soberanos de Oriente Medio gastarán sus petrodólares más a gusto en el Citi.Finalmente, muchos bancos de inversión estadounidenses ya han traslado sus centros de mando y otras divisiones importantes de Nueva York a Londres. Este proceso podría acelerarse, lo que significa que aquellos de Wall Street que no hayan sido despedidos deberían hacer las maletas, dejando todavía más vacíos los despachos en Gotham. Por Jeffrey Goldfarb

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