Ir al contenido
_
_
_
_
Crónica de Manhattan
Crónica

Campaña en la gasolinera

Era inevitable, con los precios del combustible disparados y los americanos haciendo cuentas para ver si llenan el depósito, la campaña electoral tenía que llegar a las gasolineras. Y ha ocurrido esta semana.

Los demócratas se vuelven a ver las caras mañana en Illinois y Carolina del Norte. Ambos tratan de atraerse el voto obrero blanco y a pie de surtidor discrepan a la hora de plantear soluciones a una gasolina que ya se cobra a cuatro dólares el galón (3,79 litros) en algunas zonas y que está haciendo daño a transportistas y ciudadanos, 'adictos al petróleo', como bien describió George Bush hace años.

Hillary Clinton ha propuesto eliminar el impuesto sobre el galón durante la temporada alta de conducción, el verano. La tasa sobre el galón de diésel es de 24,4 centavos y sobre el de gasolina de 18,4 centavos.

Es lo mismo que propuso hace unas semanas John McCain, el candidato republicano. La única diferencia es que Clinton ha dicho que quiere recuperar la falta de ingresos aumentando los impuestos a las petroleras.

La senadora critica a Barack Obama por estar en contra. Para Clinton es una muestra más de que está desconectado de la realidad que aqueja a los votantes.

æpermil;ste ha respondido con un anuncio de 60 segundos en el que se dirige a su electorado en un discurso en el que explica en tono irónico que con esa rebaja fiscal, los ciudadanos se van a ahorrar 30 dólares al mes como mucho y van a perder más porque no es una política energética seria. La multitud responde con risas a esta propuesta que él llama 'McCain-Clinton'.

'Así es como funciona Washington'. Obama cree que la medida carece de sentido económico y medioambiental y que en realidad no se ayuda a los consumidores a pasar el mal trago, sino a los candidatos a ganar unas elecciones.

Y es difícil encontrar un economista, de la corriente ideológica que sea, que no esté de acuerdo con él. Incluso Paul Krugman, que defiende a Clinton a capa y espada, la considera absurda y contraproducente.

¿Las razones? Los 30 dólares que cómo máximo se ahorrarían al mes (según la Oficina Presupuestaria del Congreso) es poco dinero para los consumidores, pero mucho para la caja del estado: 9.000 millones de dólares que faltarían del ya deficitario presupuesto para mantenimiento de carreteras, que es a donde se destina ese impuesto. Sin ese dinero se ponen en peligro 300.000 empleos de la construcción.

Además, cuando se baja el precio, los ciudadanos consumen más y esa mayor demanda, sobre todo cuando hay tensión en la oferta, termina elevando el precio de la gasolina que, de todas maneras, puede que suba más, si se mantiene elevada la cotización del barril. Es decir, la falta del impuesto la notarían poco o nada los ciudadanos, pero beneficiaría a las petroleras que venderían más.

Los medioambientalistas y científicos se echan las manos a la cabeza por querer parar lo inevitable, una caída del consumo que obligue a poner en el mercado coches eficientes y verdes.

Clinton dice que Obama es incoherente porque abogó por la vacación en 2000 en Illinois, aunque luego la desdeñó. El debate es campaña fácil y en el Congreso ya le han advertido a Clinton, desde su propio partido, que no van a aprobar semejante vacación. Menos, cuando es el partido de Bill Clinton, el último presidente que subió los impuestos a la gasolina.

Archivado En

_

Buscar bolsas y mercados

_
_