EDITORIAL

La nueva agenda económica

El Consejo de Ministros que hoy se sentará por vez primera en torno a su presidente en el Palacio de la Moncloa no tiene una tarea fácil por delante, aunque no se antoja un obstáculo determinante el hecho de no haber logrado un respaldo parlamentario tan holgado como en la primera legislatura de Rodríguez Zapatero. De hecho, ni el PSOE ni su líder han forzado la máquina para lograr una mayoría absoluta en las Cortes, conscientes de que la etapa de entendimiento que buscan y necesitan para los próximos cuatro años precisa de un distanciamiento explícito del nacionalismo radical. Pero en el ambiente está que el Gobierno no va a tener problemas en el Congreso con sus propuestas, apoyado en los nacionalismos moderados, e incluso en el PP si las buenas palabras del debate se convierten en buenas obras para mantener unidad de criterio en asuntos de Estado.

La dificultad está en la gestión de la economía. Desde que arrancó el año, pero con especial virulencia desde las elecciones, hemos asistido a un continuo reajuste bajista de las posibilidades de la economía española para los próximos años. Hasta el presidente Zapatero ha admitido que la primera mitad de la legislatura será difícil. Los expertos no se ponen de acuerdo sobre la dureza de la desaceleración, porque no es fácil pronosticar cuánto crecerá una economía tras varios años con desempeño superior a su potencial, viciosamente sesgada hacia la construcción residencial, y en medio de una crisis financiera internacional opaca.

Más allá de los endulzadores eufemísticos al uso para definir la situación, está admitido que habrá pérdida de empleo este año y el que viene, y que las posibilidades internas de relevo son limitadas. El Gobierno, y los gobernados, tienen la suerte de contar con un director de la política económica experimentado, y que, además, va a controlar el material necesario para superar el bache. Por tanto, el rigor en las políticas fiscales parece garantizado justo cuando más preciso es. No obstante, la capacidad de maniobra financiera del Estado será más limitada, porque los ingresos perderán poco a poco pulso y la presión del gasto de los estabilizadores será creciente. Esta misma semana el plan de choque absorberá ya 10.000 millones de euros.

Pedro Solbes contará además con Miguel Sebastian para combinar la lucha contra la desaceleración con el cambio definitivo de modelo de crecimiento, para el que será también figura clave Cristina Garmendia desde Ciencia, Tecnología y Universidades. En todo caso, el primer reto será establecer un mecanismo de financiación territorial válido para todos, que respete los espíritus contradictorios de los diversos estatutos y que deje resuello al Estado para las políticas de equilibrio.

Además, y olvidándose de 'rebajas fiscales si hay margen', debe plantear un keynesianismo inversor contundente, pero financiable, y mantener más firmeza que en el pasado en la liberalización de los mercados de bienes, servicios y factores. Para que las reformas den resultado cuando vuelvan la expectativas positivas de los agentes económicos deben plantearse, negociarse y ejecutarse ahora. Energía, suelo, agua, distribución comercial, trabajo: son mercados que, junto con la estabilidad financiera futura de las pensiones, merecen reflexiones inmediatas y decisiones apremiantes.