El nuevo Gobierno

Corbacho se enfrenta a un duro cambio de ciclo del empleo

Emplaza a Méndez y Fidalgo para una reunión esta semana

El actual panorama económico no invita a repetir la primera foto que se hizo José Luis Rodríguez Zapatero con los máximos líderes patronales y sindicales el 8 de julio de 2004, tras firmar la que se llamó declaración del diálogo social.

Aquel día todo eran sonrisas y grandes expectativas, en medio de un panorama económico mucho más benigno que el actual. En todo caso, Zapatero tiene la intención de repetir el formato, y su próximo ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, anunció ayer que ya ha hablado con los responsables sindicales. Tanto José María Fidalgo (CC OO) como Cándido Méndez (UGT) han quedado emplazados para buscar 'puntos de acuerdo' esta misma semana, del mismo modo que lo estará el presidente de la patronal CEOE, Gerardo Díaz Ferrán. Ahora bien, con toda seguridad, los talantes de los asistentes a la reunión no serán los mismos. El momento económico podría, cuanto menos, enrarecer el encuentro.

En julio de 2004 el ritmo de creación de empleo era del 3,6% y ahora se espera que incluso caiga por debajo del 2%. Es más, el último trimestre de 2007 la economía española llegó a destruir empleo. Sólo la crisis de la construcción ha dejado en el paro a más de 100.000 personas en los últimos meses. Frenar esta sangría será la prioridad del nuevo Gobierno y de los agentes sociales, aunque es poco probable que coincidan a la hora de buscar las recetas más propicias.

La CEOE ya ha exigido que no aumenten ninguno de los costes que soportan las empresas, rechazando de pleno la pretensión del Gobierno de aumentar el salario mínimo de 600 a 800 euros en 2012 y advirtiendo que no consentirán incrementos de las cotizaciones sociales.

Por el contrario, viendo la avalancha de parados que pueden llegar a la economía española, los sindicatos quieren mejoras en la protección social de este nuevo colectivo de desempleados. De hecho, sólo el gasto en protección por desempleo está creciendo ya a ritmos superiores al 20%. A esto hay que sumar las cotizaciones al desempleo que dejan de ingresar en la caja común los nuevos parados.

En definitiva, más gastos, menos ingresos y demandas encontradas de patronal y sindicatos, es lo con lo que deberá lidiar Corbacho a quien no se le presenta un diálogo social tan dulce como el anterior.

Recolocaciones

Para empezar, el nuevo ministro deberá sacar adelante el plan para recolocar parados de la construcción, que no termina de gustar ni a la patronal ni a los sindicatos.

Y no hay que olvidar que la última reforma laboral incentivó los contratos fijos, pero a fecha de hoy uno de cada tres trabajadores sigue teniendo un contrato temporal. Ensayar nuevas soluciones en esta materia es otro gran reto del departamento de Trabajo.

'Los inmigrantes que sean necesarios, pero con contrato'

El equipo de Corbacho deberá también decidir sobre la bolsa de inmigrantes irregulares que, según distintas fuentes, se cifra entre 400.000 y un millón, toda vez que el Gobierno ha descartado otra regularización extraordinaria. Durante su despedida como alcalde de L'Hospitalet de Llobregat (un municipio con problemas de integración), Corbacho defendió ayer la presencia de los inmigrantes 'que sean necesarios siempre que sea con contrato de trabajo', y subrayó que este fenómeno no puede funcionar nunca 'con la norma del último que se empadrone'. Además, afirmó que, si la posibilidad de encontrar un empleo en España se trunca (como está pasando en la construcción), se debe facilitar a los que lo deseen el retorno a su país de origen.

No obstante, advirtió de que no se puede utilizar el discurso de que el Estado de bienestar corre riesgo por la inmigración, afirmando que cuando los recursos son insuficientes, hay que incrementarlos.

Seguridad Social con superávit a la baja y pendiente de reformas

La Seguridad Social sigue atravesando un momento dulce. A pesar de la desaceleración del empleo en el último trimestre de 2007, el sistema consiguió el mayor superávit de su historia, con unos excedentes de 14.000 millones de euros, casi el 1,3% del PIB. Pero será inevitable que la desaceleración del mercado laboral se traslade a las arcas de la Seguridad Social, que tras diez años de aumentos de su superávit podría invertir la tendencia en 2008.

A la vista de esta situación, el nuevo ministro de Trabajo deberá liderar en el marco parlamentario una reforma, mayor que las anteriores, que garantice la viabilidad del sistema de pensiones. Ello requerirá, probablemente, abordar cambios en la forma del cálculo de las pensiones, pasando a tener en cuenta más años cotizados que los 15 que se exigen en la actualidad. Y Celestino Corbacho deberá convencer al Parlamento para invertir en Bolsa parte del suculento fondo de reserva de las pensiones.