EDITORIAL

La temida crisis de la vivienda

Los datos estadísticos, que siempre tardan en reflejar los cambios económicos, son ya muy claros para el sector inmobiliario. La venta de viviendas cae de forma abrupta y se deja notar en las hipotecas concedidas. La Asociación Hipotecaria Española (AHE) hizo ayer públicas las cifras de 2007, que arrojan una caída en la contratación de nuevos créditos del 12% y una reducción del 3,5% en el importe medio concedido. No obstante, el volumen acumulado, el saldo vivo, todavía crece en el conjunto del año un 15%, lejos del 23% de 2006.

Estas cifras no deben sorprender. Son la constatación de la fuerte caída en la venta de los pisos que se viene produciendo desde el verano. Sin embargo, ponen negro sobre blanco la dimensión del frenazo del sector, con la duda de si se trata de una desaceleración brusca, pero controlada, o una más preocupante caída libre. La Asociación Hipotecaria hace bien en recelar de las posturas más catastrofistas y pronostica que este año habrá una 'desaceleración del mercado constante, pero moderada' que permitirá, incluso, que el saldo hipotecario gestionado aumente entre un 6% y un 9%. Defienden, tal y como pronostican con lógica aplastante analistas y promotores, que todavía hay una demanda potencial de viviendas nuevas, que el sector ha cifrado en unas 450.000. En cualquier caso, lejos de las 800.000 de años anteriores, con el consiguiente efecto negativo en el sector de la construcción residencial, como constató ayer Eurostat, que sitúa a España como el país comunitario con la mayor caída en la producción de este sector.

Junto a los datos hipotecarios y de construcción, otra cifra que pone de manifiesto la evolución inmobiliaria es el incremento del precio de la vivienda, que según hará público hoy el Ministerio de Vivienda cerró 2007 en un 4,8%, a seis décimas de la inflación. Al final, se cumplirán las previsiones de la anterior ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, cuando en la primavera de 2007 vaticinó que el año terminaría con crecimientos similares al IPC. Por aquel entonces, el aumento del precio rondaba el 10%, aunque también es cierto que la inflación era el 2%, la mitad de la actual.

Pero la apuesta de Trujillo se debía sostener en una corrección suave de la demanda y no en una fuerte caída como la actual. Y es que el ajuste de precios de los inmuebles que desde el Gobierno y numerosos sectores económicos se anunciaba -y también se demandaba- se ha visto complicado por la crisis de la subprime y el parón crediticio. Y, especialmente, por una expectativa de los agentes económicos, incluidas las familias, que considera que los precios seguirán cayendo. Y todo en un escenario de amenaza económica, que puede agravarse si EE UU entra en recesión y no invita a invertir.

Para recobrar la confianza, nada mejor que lanzar estímulos que combatan el inmovilismo. En este sentido, es interesante constatar cómo reacciona la banca española con nuevas ofertas, como la Hipoteca 08 lanzada ayer por Santander. Eso sí, en busca de clientes con un sólido currículum de buenos pagadores, pues, si el mercado no debe pararse, en ningún caso debe caer en el dislate de dar créditos sin control. Con la crisis subprime de EE UU ya es suficiente.