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El mundo del arte planta cara al expolio

Los grandes museos y los marchantes hacen autocrítica y negocian un pacto mundial que corte el paso a las obras sospechosas

Todos los bodegones que pintó Velázquez han volado de España, al igual que tres centenares de murillos y otros tantos goyas. Es sólo una pequeña muestra de los estragos del expolio de obras de arte. Las agresiones contra el patrimonio cultural, que incluyen robos, requisas o ventas irregulares, han crecido exponencialmente en los últimos años de la era de la globalización, pero también el ánimo de atajarlas. Los grandes museos del mundo lo están entendiendo así y ya trabajan en un acuerdo internacional que cierre el paso a las obras de dudosa procedencia.

El negocio del saqueo artístico es tan viejo como el hombre, pero está salpicado de grandes hitos. Hitler, por ejemplo, sumó a sus infamias la de haber perpetrado uno de losmayores expolios de obras de arte de la historia. Esta lucrativa empresa tiene un sonado antecedente en la España napoleónica y vive hoy su edad dorada, en opinión de los expertos. Estampas tan mediáticas como el saqueo de Bagdad hizo saltar las alarmas y afianzó una movilización internacional que lucha por la devolución del botín, pese a lo titánico de la tarea.

Según la Interpol, el tráfico de obras robadas mueve más de 10.000 millones de euros cada año con más de 160.000 obras desaparecidas sólo en las últimas décadas, entre las que destacan cuadros de Picasso, Dalí o Matisse. Los últimos ejemplos de ataques al patrimonio que ha sufrido España, donde se están estudiando leyes que blinden las joyas de la corona, han afectado a la Biblioteca Nacional y a los tesoros submarinos.

Pero retrocediendo en la historia las cifras se multiplican, ya que, por ejemplo, las tropas napoleónicas, precursoras del expolio sistemático y planificado que luego perfeccionaron los nazis, sacaron de la España de 1810 decenas de miles de piezas de Murillo o Velázquez que en su mayoría no han podido ser recuperadas. También ha salido a flote sólo una mínima parte de los 10,7 millones de bienes incautados a los judíos en la Europa nazi.

El ánimo de restituir el daño cultural y económico del expolio nazi surgió tras la II Guerra Mundial, aunque esta tendencia se ha generalizado en los últimos años.De esta forma, los estados mueven hilos para repatriar y proteger sus tesoros artísticos, empresas e instituciones catalogan lo robado en bases de datos que ayudan a detectar la salida al mercado de estas piezas y, sobre todo, empiezan a caer las complicidades que alentaban esta actividad.

Los museos y marchantes de arte, que han venido cargando con parte de la responsabilidades por no mirar siempre los orígenes de las piezas que adquieren, pretenden ahora expiar esta culpa. Según Gabriele Finaldi, director adjunto de conservación e investigación del Museo del Prado y que también ha trabajado para la National Gallery de Londres, los principales museos están intentando sellar a instancias de la Unesco un acuerdo que vetará la compra de piezas sospechosas y que también pretende implicar a las casas de subastas y marchantes.

Tras su conferencia en el curso Expolios artísticos en Occidente, organizado en Sevilla por la Escuela de Barroco, impulsada por la Fundación Focus Abengoa y la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), Finaldi asegura que el mercado del arte ¢es como un vampiro que siempre va buscando sangre fresca¢, lo que alienta el expolio de patrimonio principalmente en época de guerra y de pobreza. Mientras llega el acuerdo internacional, muchas instituciones como El Prado ya operan de forma individual con un código ético que impide la adquisición de artículos de procedencia oscura. Pero no todos los museos se muestran dispuestos a suscribir este pacto, ya que algunos de ellos, principalmente americanos, ponen el acento en la labor de conservación y protección que ejercen frente al peligro de destrucción que sufren las piezas artísticas en sus lugares de origen.

EEUU sí aplica los criterios de transparencia en campos como el de los documentos, según aporta el asesor de Focus Miguel Ángel Bernal, quien asegura que los norteamericanos no aceptan en su biblioteca nacional ninguna pieza que afecte a la identidad cultural de otro país. ¢Se han tomado medidas, pero de forma muy tardía¢, opina este historiador, que aboga por impulsar iniciativas fiscales y legales que acaben con la opacidad del mercado negro. ¢Ahora estamos ante un saqueo general¢, explica Bernal, responsable de los contenidos del curso sobre el expolio en Occidente, que se centró en los paralelismos entre los robos de Napoleón y Hitler, ambos perfectamente planificados.

En cuanto a la recuperación, Bernal y otros especialistas se muestran pesimistas por los obstáculos jurídicos y la disgregación que han sufrido las obras. No opinan lo mismo estudiosos como el catedrático sevillano Enrique Valdivieso, quien considera que las posibilidades de repatriar arte saqueado dependen de la voluntad de los gobernantes. En Sevilla, según sus datos, las tropas napoleónicas requisaron 350 de los 400 murillos que poseía la ciudad y sólo un par han sido recuperados.

Los bienes judíos robados, un modelo de restitución

Las dificultades que acechan en el camino de la recuperación de obras de arte expoliadas, pero también sus grandes alegrías, las conocen muy bien estudiosos como Sara Jackson, responsable de The Art Lost Register (ALR). Esta compañía privada se dedica desde 1990 a recuperar piezas robadas y a combatir su tráfico, principalmente el procedente del expolio nazi a los judíos. Sus esfuerzos empezaron a dar resultados cuando en 1998 decidió crear un registro con todas las piezas desaparecidas para así localizarlas si salían al mercado. En estos momentos, la base de datos de ALR cuenta con 180.000 artículos registrados, 50.000 de ellos derivados del Holocausto. Muchas de estas piezas pertenecen a colecciones privadas, no se exponen ni se venden y no es posible su localización.

En otras ocasiones, las víctimas no pueden demostrar que fueron propietarias de los objetos robados, pero en algunos supuestos la devolución es posible cuando los artículos cambian de manos. Una vez localizada la transacción en el mercado, según explicó Jackson en una conferencia organizada en Sevilla sobre el Expolio en Occidente, ALR busca un acuerdo entre las partes porque ¢además de los aspectos jurídicos, están los morales y éticos¢.

Así ha sido en 150 situaciones, como la que afectó al cuadro de Clouet titulado Madelaine de France, que fue devuelto a su legítimo propietario, aunque algunos puntos legales no estaban claros. También terminó saliendo a la luz Mujer de blanco, de Picasso, aunque su dueña judía murió sin verlo. Fue su nieto quien cumplió el sueño. La restitución es hoy posible, paradójicamente, gracias a la precisión con la que los nazis perpetraron los robos de bienes.

Según los datos aportados por Inge Reist, de la Frick Collection de Nueva York, Hitler planificó meticulosamente la captación de piezas mediante listas, catálogos y hasta 100 álbumes con fotos de las obras a conseguir. Tras el requisamiento, también se realizaban detallados inventarios con todo el botín. Una parte de estas obras, consideradas ¢arte degenerado¢, como las de Picasso o Renoir, se destruía o se vendía para financiar el régimen. Otras se destinaban a la colección privada de Hitler y las de sus oficiales y el resto se reservaban para el Führer Museum.

El arte español escaló la cumbre gracias al saqueo napoleónico

El expolio de obras de arte llevado a cabo en España por las tropas napoleónicas en 1810, y que tuvo a Sevilla como ciudad más perjudicada, provocó un daño irreparable al patrimonio nacional, pero también aportó de bueno una pasión inagotable por la pintura barroca española en todo el mundo. Los expertos sostienen que la talla universal de genios como Velázquez, Murillo o Zurbarán no sería tal sin el efecto multiplicador que consiguió el saqueo francés, que internacionalizó estas obras y dio lugar a la fiebre del coleccionismo que se extiende hasta nuestros días.

Napoleón organizó la incautación para engrosar el proyecto de gran museo del imperio, lo que ahora es el Louvre, pero la mayoría de las piezas robadas terminaron pasando por Inglaterra, la más grande cuna del coleccionismo. ¢Detrás de las tropas francesas venían los anticuarios ingleses¢, asegura en este sentido Gabriele Finaldi. Algunos estudiosos, como el prestigioso Gary Tinterow, del Metropolitan de Nueva York, incluso aseguran que la pintura contemporánea tampoco puede entenderse sin los efectos del expolio.

Para explicarlo, cuentan los entendidos que los mariscales que habían servido a Napoleón en España, como fue el caso de Soult en Sevilla, colgaron sus trofeos de guerra en forma de obras de arte en sus elegantes salones de París, por donde desfilaba la alta sociedad de la época. Muchos cayeron deslumbrados por aquellos tesoros, entre ellos un joven pintor francés impresionista a partir del cual se considera que emana la pintura moderna: Manet. El genio francés consideraba a Velázquez el mejor pintor del mundo.