EDITORIAL

La economía, a la mesa electoral

El presidente del PP ha puesto la economía en el centro de su programa y, por tanto, del debate electoral que se avecina. Mariano Rajoy promete que, de llegar al poder, hará 'la reforma fiscal más importante de la democracia', con la intención de reactivar la economía, que los emprendedores 'puedan generar riqueza y empleo' y que los ciudadanos 'puedan atender la subida del coste de la vida y de los precios'. Bienvenida sea la propuesta, pero con la condición de que sea compatible con el equilibrio fiscal, tan dificultosamente logrado por la economía, y de que quede salvaguardado el superávit.

No parece, sin embargo, que Rajoy tenga todas las cuentas hechas. Eso se desprendió ayer de las palabras de varios de los responsables del PP en economía y para el programa electoral. El líder popular suele responder a las ayudas que desgrana el Gobierno con que vacían la despensa y ponen en peligro el superávit. ¿No será aplicable el argumento también a su propuesta?

Lo más vistoso del plan del PP se sustancia en eximir de pagar IRPF a quien ingrese menos de 16.000 euros al año -hoy el límite está en 9.000 euros-. La medida afectaría a siete millones de españoles y va dirigida a los mileuristas. Además, suma una rebaja fiscal a las mujeres que trabajen fuera de casa para fomentar su incorporación al mercado laboral. El PSOE también estudia elevar el mínimo exento del IRPF.

El peligro de los anuncios electorales es que sean fuegos de artificio y duren lo que éstos, con lo que hurtan el verdadero y necesario debate sobre reforma fiscal, íntimamente ligado al de la financiación autonómica. Es deseable que estos proyectos se analicen con detenimiento y no sean meras 'medidas de choque' que conviertan la fiscalidad en un arma electoral arrojadiza. Los efectismos electoralistas por el rédito inmediato suelen ser enemigos del buen hacer a largo plazo.

Lo más positivo es que, en este momento de desaceleración, la economía se coloque en el centro del debate público. Conviene por ello recordar que una modulación en el impuesto de sociedades y en las cotizaciones a la Seguridad Social no deben eludirse si el debate es serio. Porque también se traduciría en acrecentar la inversión y preservar el consumo.