EDITORIAL

La relación con el País Vasco mejora

Después de una larga negociación que ha transcurrido por los cauces de la discreción y la racionalidad, el Gobierno central y el vasco firmaron ayer un acuerdo de amplio espectro que permitirá contemplar con cierto sosiego las relaciones económicas con el País Vasco. No sólo se ha despejado hasta 2011 la metodología para calcular el cupo, es decir el dinero que el Ejecutivo de esta comunidad debe abonar al Estado por las competencias que éste ejerce en ella, sino que se ha abierto el cauce para una colaboración más ambiciosa que abarca desde el compromiso del Gobierno vasco de respetar las reglas comunitarias sobre las ayudas de Estado hasta el ejercicio de una mayor coordinación entre ambas administraciones para conseguir los objetivos de estabilidad presupuestaria.

La actitud que exhibieron ayer en Madrid el vicepresidente económico, Pedro Solbes, y la vicelendakari Idoia Zenarruzabeitia entierra una larga historia de desencuentros que han impedido durante muchos años el drenaje de heridas difíciles de cicatrizar. La negociación de los Presupuestos estatales de 2008, pendiente de cerrar en el otoño, permitirá comprobar hasta dónde llega el ánimo de compromiso del nacionalismo vasco, pero el paso dado ayer invita a presumir que el espacio de colaboración que se abre es amplio y que esta circunstancia no es ajena a los nuevos aires que Josu Jon Imaz, como presidente del PNV, intenta afianzar en su partido y en la relación que éste mantiene con el Gobierno central.

Solbes despide así el curso político con una demostración visible de las ventajas que derivan del talante moderado y negociador. Al acuerdo económico firmado ayer con la administración vasca llega con un balance repleto de pactos parlamentarios a través de los que ha logrado implicar a buena parte de las fuerzas políticas, PP incluido, en leyes económicas de muy diverso calado. De ello no pueden presumir tanto otros miembros del actual Gabinete, que han actuado, a la postre, con menor eficacia.