EDITORIAL

Trichet tira más de las riendas

Lo que se esperaba. El BCE dio ayer una nueva vuelta de tuerca, la séptima desde diciembre de 2005, y endureció otro cuarto de punto la política monetaria hasta subir los tipos al 3,75%, su máximo nivel desde 2001. Los argumentos son conocidos. El principal, hacer frente a 'los riesgos al alza en la estabilidad de los precios a medio plazo', según reiteró Jean-Claude Trichet. Unas tensiones inflacionistas que pueden venir por el lado de nuevas demandas salariales al compás de la recuperación económica, de la 'fuerte' evolución del mercado inmobiliario, o por subidas del precio del petróleo.

En todo caso, los riesgos inflacionistas parecen equilibrados a corto plazo. Y la mejor prueba no es sólo la actual tasa de inflación, por debajo del objetivo del 2% fijado por el BCE, sino que éste haya revisado a la baja la previsión para 2007 que hizo en diciembre. A favor de la decisión del banco juega que los pronósticos para 2008 se han corregido al alza, precisamente porque el buen momento económico puede impulsar los precios.

Hay consenso en que Trichet ha dejado otra vez la puerta abierta a nuevas subidas. Pero tras anunciar su decisión, el presidente del BCE tildó el precio del dinero de 'moderado', no de 'bajo', su adjetivo favorito en toda la escalada de los últimos tiempos. Los expertos concluyen por ello que los tipos están ahora más cerca de su nivel neutral, ese punto óptimo en el que no impulsan pero tampoco perjudican el crecimiento,

La decisión adoptada ayer es prueba de que el BCE confía en que la economía de la zona euro seguirá creciendo de forma 'robusta y sostenida', lo que el banco ha reflejado con una mejora de sus previsiones para el PIB en 2007 y 2008. Una evolución que va a estar, en todo caso, condicionada al comportamiento de EE UU, donde gana adeptos la tesis que excluye una recesión e incluso prevé una recuperación a fin de año.

La subida impactará sin duda en las cuentas de las endeudadas familias españolas. Pero a la vez es una buena noticia para la economía del país, porque una aceleración de la zona euro se reflejará en las exportaciones españolas.