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Pasión por sufrir

Miles de personas cambian su forma de vida para preparar un maratón. El 22 de abril se disputa el de Madrid

Cuarenta y dos kilómetros y 195 metros al límite de la capacidad del ser humano es lo que separa a miles de personas de todo el mundo de una proeza a medio camino entre el sufrimiento, la resistencia psicológica y el premio a la superación física. Disputar un maratón es mucho más que ponerse a prueba durante unas horas: 'Aconsejo siete meses de entrenamiento para el deportista aficionado', dice -con 18 maratones a su espalda- Félix Arévalo, entrenador nacional y preparador de un puñado de atrevidos.

Más de 13.000 personas tienen grabada en mente la fecha del 22 de abril, día del Maratón Popular de Madrid, el más concurrido del país. 'Llegas a sentir verdadera obsesión aunque lo más duro está en los entrenamientos', sostiene Roberto Jiménez, aficionado de Cercedilla (Madrid) que participó en 2005. 'La noche antes no pegué ojo y calentando, en la salida, sentí miedo. No dejaba de pensar qué hacía yo allí', relata Roberto, que afrontó la prueba con 38 años y 'muy ligero', con 73 kilos de peso.

Ese día le acompañaban sus padres, varios amigos y compañeros de entrenamiento, prueba de que el maratón es más que un test personal. La organización de la carrera de Madrid estima que un millón de personas suelen agolparse en el recorrido y la mayoría no son ajenos para quienes llevan los dorsales.

'Cuando corrió mi pareja vinieron amigos hasta de Sevilla para verle. Antes entrenó durante meses y yo le acompañé muchos días de invierno con el cronómetro y el avituallamiento. Incluso cambiamos la dieta en pareja para que se le hiciera menos duro', relata Aída Caño, novia y entrenadora circunstancial de uno de los 10.000 contrincantes de Roberto en 2005.

La salida se encuentra en el corazón de Madrid, en la Plaza de Colón. Desde muy temprano se percibe que será una fiesta del sufrimiento. O quizás de la superación. 'Nunca lo había pasado tan mal, pero entré en meta y esa emoción no se olvida. Los últimos metros están vallados y te sientes en la gloria. Tus ganas de llegar te hacen esprintar. Creo que di gracias a Dios', señala el corredor de la Sierra de Madrid.

El vencedor del año pasado, el keniata Joseph Ngolepus, dio zancadas durante 2 horas 11 minutos y 30 segundos, una gesta al alcance de pocos mortales, puesto que bajar de tres horas ya es todo un éxito para un atleta popular. El cronómetro de Roberto paró en cuatro horas: 'Mi marca no fue mala tal y como vi a la gente por el recorrido y después de que mis piernas se quedaran como palos en el kilómetro 30'.

Quien lo ha disfrutado dice que el maratón no es coto vedado para superhombres. De hecho, las cifras de participantes en las citas más importantes crecen de forma exponencial. 'Un maratón lo puede afrontar cualquiera que quiera ver su grado de superación. Yo aconsejaría a todo aquel que entrena que lo experimente', expone Martín Fiz, con 24 carreras y un campeonato del mundo en sus piernas. 'Si terminas entenderás que eres capaz de hacer cosas imposibles en el día a día', añade.

Dieciséis semanas de preparación son ineludibles, así como diseñar una estrategia: 'El día D conviene marcar el ritmo al que nos hemos acostumbrado, de lo contrario nos fundiremos en el esfuerzo', avisa el entrenador Arévalo.

Fuerza mental para superar el kilómetro 30

La edad ideal para afrontar un maratón parte de los 28 años y llega a los 38 o 40.

Durante los entrenamientos se alternan carrera en progresión con series de abdominales y sesiones de pesas. Conviene entrenar la resistencia aeróbica durante más de cuatro meses.

A medida que se aproxima la fecha hay que bajar kilómetros de entrenamiento para llegar en buenas condiciones.

Tumbarse unos minutos diarios con las piernas en alto ayudará el día de la carrera.

Repartir las comidas en cinco tomas: desayuno, almuerzo, comida, merienda y cena.

El día de la prueba el desayuno debe ser ligero y a base de carbohidratos. Se recomienda beber agua fresca hasta el inicio del calentamiento.

No estrenar calzado en la carrera y utilizar cremas para evitar rozaduras.

Los primeros cinco kilómetros se cubren más lento de lo que se suele entrenar, para soltar piernas y desterrar los nervios. El cronómetro será consultado cada 1.000 o 2.000 metros para corroborar que el paso es adecuado.

En carrera, evitar cambios bruscos de ritmo y no improvisar. Cualquier estrategia no asimilada durante los meses de entrenamiento puede conducir al abandono.

La pesadez de piernas suele estar presente hasta el kilómetro 15. El reto mental más duro llega después y es conocido como el muro del kilómetro 30.

Abel Antón: 'Las tres horas marcan un buen resultado'

¿Qué se hace para soportar el deseo de abandonar la carrera?

Mi consejo al profesional es que piense en ganar para superar cualquier crisis. El atleta popular, por su parte, debe superarse a sí mismo y tener claro que el día de la prueba es una jornada de fiesta tras las penas que ha pasado entrenando. La clave está en divertirse.

¿Ha sentido alguna vez el muro de los 30 kilómetros?

Pues seguro, pero ahí está el secreto: las ganas de ganar o de terminar deben ser más fuertes que las de parar.

¿Cuántos maratones se pueden correr en un año?

El profesional no pasará de dos, mientras el atleta popular puede afrontar hasta cuatro. Y nada de eso de que el maratón es contraproducente para la salud.

¿Qué tiempo hay que entrenar?

Un mínimo de cuatro meses.

Según un campeón del mundo, ¿cuál sería una marca digna para completar la prueba?

La barrera de las tres horas marca un buen resultado y todo un reto para cualquier aficionado.

Martín Fiz: 'Aconsejo correr como yo, a un ritmo diésel'

¿Acaba un maratón quien mejor aguanta físicamente o mentalmente?

La balanza debe estar equilibrada, pero es posible que se incline un poco hacia el factor psicológico.

¿Cuáles son las sensaciones?

Tras un maratón es evidente que uno está para el arrastre. A pesar de todo, las sensaciones son increíbles y siempre se repiten los repentinos estados emocionales. En un momento se pasa de pensar que te vas a comer el mundo, a estar seguro de que ya no puedes más. Si se superan estos instantes, más tarde volverán los pensamientos positivos. Hay momentos de angustia, quieres llorar, reír, te duelen las piernas...

Un consejo básico para los meses de entrenamiento y para la carrera…

No hay que obsesionarse meses antes con la competición. La preparación debe transcurrir sin altibajos y hay que llevar unos hábitos de vida saludables, pero sin ser extremista. El día de la carrera será un premio si se escapa del miedo escénico. ¡Ah! y siempre correr como yo, a ritmo diésel. Es decir, de forma constante.