EDITORIAL

El FMI mete prisa a España

La economía española debe afrontar los problemas que crea un crecimiento desequilibrado dominado por la demanda doméstica, y lo debe hacer pronto. Este es el diagnóstico en que insiste el último informe de perspectivas del FMI, que sustancia los dos grandes males en la elevada inflación (con la sombra del precio del petróleo) y en un enorme déficit por cuenta corriente que, acelerado por el déficit comercial, es el segundo del mundo en términos absolutos tras el de EE UU. Si a esto se une el riesgo del recalentado precio de la vivienda, que puede verse sometida a presiones 'en un entorno de alzas de los tipos de interés', se completa un cuadro que no por repetido debe requerir menos atención.

El FMI ha elevado su estimación de crecimiento para España una décima, al 3,4%, como hizo el Gobierno en julio. Para 2007 es más pesimista y recorta dos décimas su cálculo de hace seis meses, al 3% (el Gobierno la mantiene en 3,2%). Se trata del mayor crecimiento de las grandes economías de la zona euro y va acompañado de menos paro, pero también según el FMI de un preocupante retroceso en la productividad, el único en tasas negativas las economías avanzadas.

El Ministerio de Economía ve síntomas de corrección en el patrón de crecimiento, pero el FMI dice que es 'cada vez más desequilibrado'. Su análisis incluye insistentes alusiones a la urgencia de las medidas correctoras iniciadas por el Gobierno: 'Es necesaria una puesta en marcha acelerada de ese programa'. La receta pasa por aprovechar el superávit presupuestario para aplicar una política fiscal más restrictiva y contener la presión de la demanda interna. También por incentivar la apertura en sectores donde la competencia es insuficiente y flexibilizar el mercado laboral.

La parte más positiva para la economía española del informe del FMI es que confirma la recuperación de la zona euro (crecerá un 2,4% en 2006, la tasa más alta en seis años). Y, sobre todo, que los mayores crecimientos entre las grandes economías se darán precisamente en los principales clientes de España, Francia y Alemania, para las que el FMI ha corregido al alza sus previsiones. Ahí estará la oportunidad para mejorar la balanza exterior y alcanzar un crecimiento más sostenible.