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Accesibilidad, algo más que barandillas y pasamanos

Aenor certifica que la gestión de las instalaciones y del personal es adecuada para los discapacitados

Tras mucho batallar, la sociedad empieza a asumir la necesidad de poner las cosas más fáciles a los discapacitados. Subir a un autobús, cruzar una calle, asistir al cine o al teatro o simplemente poder entrar en los servicios de un edificio público puede ser un verdadero calvario para cerca de los tres millones y medio de españoles que son considerados discapacitados. Cada vez más edificios o productos están obteniendo el certificado que les valida como accesibles y aptos para estas personas. Sin embargo, ya no sólo sirve garantizar que las instalaciones están adaptadas; existen aún otras muchas barreras.

Por eso, la sociedad de certificación y normalización Aenor conjuntamente con la ONCE ha dado un vuelta de tuerca y ha desarrollado el 'Sistema de gestión de la accesibilidad global'.

El que lo obtiene no se limita a pasar un examen que garantice que sus instalaciones no tienen barreras arquitectónicas, se compromete a eliminar otro tipo de barreras sociales -para lo cual entre otras cosas se compromete a formar a su personal para que sepa como tratar a los discapacitados-. Y sobre todo a mejorar cada año un poco en la accesibilidad de sus instalaciones y por supuesto a mantenerlas en perfecto estado. En realidad, se certifica la gestión más que la instalación.

'Existen más de 70 normas relativas a los discapacitados', explica Jaime Fontanals, director de división de certificación de sistemas de Aenor. 'Pero ahora hay que certificar que la gestión de esa instalación también es respetuosa en su conjunto con los discapacitados', matiza.

El certificado de Aenor (el UNE 170001-2-2001 de accesibilidad global) no sólo sirve para edificios. Una playa, un parque o cualquier otro lugar público puede optar a ser certificado. Y no sólo se garantiza que se pueda bajar a una playa, como se viene haciendo hasta ahora, sino que, como explica Fontanals con este certificado se asegura que los minusválidos pueden bañarse en el mar, en las duchas o plantar una sombrilla.

Pero, como matizan desde Aenor, lo difícil son los primeros pasos. Aunque se empezó a certificar en 2003 sólo han obtenido el UNE 170001-2001 tres edificios españoles: el museo Guggenheim de Bilbao y dos centros comerciales, uno en Toledo y otro en la localidad madrileña de Pinto, ambos del grupo portugués Sonae. Pero tras ellos, en estos momentos hay 13 o 14 peticiones de diversas instalaciones como universidades, empresas de transporte o bancos. 'Obtener el certificado exige el compromiso de ser inspeccionados, y eso todavía cuesta', explica el directivo de Aenor.

poder de compra

La exposición de motivos de la ley de igualdad de oportunidades, no discriminación y accesibilidad de las personas con discapacidad, del año 2003, cifraba en 3,5 millones las personas con alguna minusvalía en España. Si a ellos se suman los familiares y amigos que les acompañan habitualmente, resulta una parte de la población muy considerable, lo que no pasa inadvertido a muchos sectores económicos. No es raro, por ello, que de los tres edificios certificados hasta la fecha, dos sean centros comerciales. Pero no son los únicos interesados en obtener el certificado de accesibilidad global: 'Todos los que prestan servicios a un gran número de personas como sucursales bancarias, turismo, playas (ayuntamientos), administración, empresas de transporte, museos...', explica Jaime Fontanals.