EDITORIAL

Demografía e inversión

Nuestra filosofía se basa en invertir en aquellas compañías que se beneficiarán de los hábitos de consumo de una sociedad cada vez más envejecida y en la que se viven menos años'. Con esta frase define la clave de su éxito el gestor del primer fondo especializado en criterios demográficos, el CI Global Boomernomics Sector Fund, de la firma canadiense CI Funds.

El camino emprendido por este fondo está pasando de excepción a regla. Los departamentos de análisis e inversión de los grandes bancos de negocios comienzan a prestar una mayor atención a los cambios demográficos y, naturalmente, a su aplicación real a la hora de decidirse por apostar o desarrollar determinados productos.

De momento, la primera gran apuesta se está articulando en torno a los inversores de mayor edad, que cada día son más debido al paulatino envejecimiento de la población. De ahí que las ofertas con un carácter más conservador y que, de alguna manera, llevan aparejados los términos seguridad o garantía sean las que más éxito cosechan.

Sin embargo, este factor demográfico, el envejecimiento, no es el único que ha modificado la forma de actuar de los agentes financieros. La inmigración es otro claro ejemplo de esa lenta pero irreversible revolución en el mundo de los inversores. Negocios como el de las telecomunicaciones o el financiero se están readaptando a velocidad de vértigo a este nuevo nicho de mercado. Pero éstas no son las únicas áreas que se están transformando. Una gran parte del incesante boom de la construcción, de la reactivación del mercado de alquiler de pisos o del renacimiento de la venta de coches de segunda mano no se explicarían sin el nuevo ritmo de los flujos migratorios hacia el mundo occidental.

En definitiva, demografía y economía están indisolublemente unidos. Por ello, cualquier gestor, cualquier inversión que dé la espalda a esta realidad está condenado, tarde o temprano, al fracaso.