Cambio climático

Europa llega cansada a la entrada en vigor de Kioto

Hoy es un día de celebraciones en los 141 países que han firmado el Protocolo de Kioto, que empieza a funcionar oficialmente siete años después de su nacimiento. En diciembre de 1997 nacía este compromiso mundial para reducir en un 5,2% las emisiones de C02 (el gas al que se le achaca el 60% del efecto invernadero) respecto a los niveles de 1990. El objetivo se debía cumplir entre 2008 y 2012, pero para poner en marcha el Protocolo de Kioto había una condición fundamental: los países firmantes debían sumar al menos un 55% de las emisiones contaminantes del mundo.

Hasta el pasado noviembre, cuando Rusia ratificó por sorpresa el protocolo, no se cumplió con esta medida. El abandono de EE UU en 2001 fue un varapalo muy duro, que en un principio se pensó que significaría la muerte del Protocolo de Kioto. EE UU es el mayor contaminador del mundo pues emite la cuarta parte del C02 del planeta, pero la administración Bush considera que este plan causa importante daños económicos a su país.

Desde entonces, la Unión Europea ha liderado la adopción de Kioto que considera una herramienta fundamental contra el calentamiento global que sufre el planeta, pero conforme se fueron aprobando los planes de asignaciones de cada país, el convencimiento europeo se ha ido debilitando, en gran medida por las quejas de algunas empresas implicadas que creen que Kioto les sitúa en una posición de desventaja frente a los países no firmantes.

EE UU es el país que más preocupa, pero también China y la India

Esta debilidad se ha hecho notar especialmente con la llegada de Portugal a la presidencia comunitaria. José Manuel Durão Barroso ha dejado claro que su prioridad es el crecimiento económico aunque esto signifique descuidar los aspectos medioambientales, según informa Efe. Bruselas reclama la implicación de otros países para que las reducciones de emisiones sean más eficaces en una clara alusión a EE UU. También Japón hizo un llamamiento a que otros países se sumen al pacto. EE UU es quien más preocupa, pero también China, el segundo contaminador del mundo e India. Estos dos están contemplados por el Protocolo de Kioto, pero al ser países en vías de desarrollo no se les ha aplicado medidas para que recorten las emisiones al menos hasta 2012.

Otra de las debilidades de la presidencia portuguesa en Bruselas ha sido el no querer hablar de objetivos para después de 2012. Alemania hizo una propuesta formal en la última reunión de Naciones Unidas contra el Cambio Climático en Buenos Aires para que la UE se comprometiese a reducir sus emisiones globales en un 30% para 2020, y ella misma se ponía la meta de reducir sus emisiones hasta un 40%.

Nadie secundó la propuesta, más bien al contrario, se encontró con la negativa de algunos estados miembros con Italia a la cabeza, país que aún hoy ni tan si quiera ha logrado que Bruselas apruebe su irregular plan de asignaciones.

A pesar de estas dificultadas, Kioto ha logrado salir adelante. Los quince europeos han ido cumpliendo sus deberes y ya en 2002 habían reducido sus emisiones conjuntas en un 2,9%, y un en un 9% si se tienen en cuenta los estados de reciente incorporación, que tienen metas propias. España es el país europeo que más trabajo tiene por delante ya que debe reducir sus emisiones actuales en un 30,4% para 2012.

A nivel internacional, la pelota queda en el tejado de EE UU, invitada por Naciones Unidas a participar en los seminarios sobre cambio climático que se celebrarán en mayo en Bonn. Esta es la última puerta abierta que deja la comunidad internacional para que la Administración Bush se implique en la lucha contra el cambio climático.

Más sectores y otros gases a partir de 2008

Con las quejas del Plan Nacional de Asignaciones (PNA) aún retumbando en sus orejas, el gobierno tiene que empezar a negociar en junio el segundo PNA que cubre la reducción de emisiones de 2008 a 2012.

'En esta revisión se incorporarán otros sectores como el químico, el textil o el de la automación, y se contemplarán otros gases', comenta Arturo Gonzalo Aizpiri, secretario general de Cambio Climático. Será precisamente en este segundo ciclo cuando las empresas afectadas por este primer proceso podrán hacer efectivos los créditos que hayan ido acumulando por sus inversiones en tecnología limpias o en fondos de carbono. De hecho, el gobierno calcula que para cumplir con Kioto, España necesita 100 millones de toneladas de CO2 de más, que va a cubrir en un 60% para equilibrar las emisiones del transporte y las calefacciones particulares. El gobierno se ha comprometido a invertir 210 millones de euros en el fondo español de carbono y otros dos similares gestionados por el Banco Mundial. Y al mismo tiempo, tiene previsto lograr financiar otros 20 millones de toneladas gracias a la inversión privada. El ejecutivo está trabajando con Cesce y otras instituciones financiera la creación de fondos que animen la inversión privado.