EDITORIAL

Telefónica gana peso en Brasil

Latinoamérica ha vuelto a convertirse en el polo de atracción preferente de las inversiones de Telefónica tras su fallida experiencia con las licencias UMTS europeas. Cuando aún no está culminada la compra de las filiales latinoamericanas de Bellsouth, valoradas en 5.850 millones de dólares, Telefónica y su socio para Brasil, Portugal Telecom, han puesto en marcha nuevas ofertas por un importe algo superior a los 400 millones de euros para reforzar su liderazgo en el mercado celular brasileño. La ofensiva recuerda a la Operación Verónica comandada por Juan Villalonga en 2000. La nueva apuesta presenta, sin embargo, diferencias interesantes con las compras del pasado.

Telefónica paga ahora dinero contante y sonante. La cotización no es la misma que cuando la compañía podía darle a la máquina de fabricar su propio dinero para adquisiciones, pero aquella facilidad se tradujo también en algunas operaciones poco meditadas y en facturas que se acabaron pagando de una u otra forma.

Pero más importante es quizá que el destino de las inversiones es, en el caso de Bellsouth y ahora en Brasil, el negocio celular. Telefónica ha comprobado que invertir en el móvil en Latinoamérica no conlleva una penalización equivalente a la del negocio de telefonía fija. Allí la fórmula más extendida es el prepago, lo que acorrala la morosidad. Las tarifas no están intervenidas, lo que disminuye el riesgo regulatorio. Y resulta ventajoso en términos de inversiones en comparación con el fijo.

Con España cerca de la saturación -a la espera de que arranquen de verdad los servicios multimedia-, el campo de oportunidades es Latinoamérica. Telefónica tiene allí una posición privilegiada que le permite jugar en la primera división mundial y está dispuesta a afianzarla.