EDITORIAL

Recuperación a medio gas

Tras dos ejercicios de dura purga económica y empresarial, 2004 estaba llamado a ser el año del despegue definitivo. Un año en el que todas las grandes economías dejarían atrás sus achaques recesivos; las empresas, de nuevo en beneficios, invertirían y crearían puestos de trabajo, y las Bolsas recuperarían definitivamente el vigor perdido.

Las señales de finales de 2003 eran sin duda alentadoras. Muchas empresas cerraron con resultados récord tras haber saneado sus balances y llevado a cabo importantes ajustes de su capacidad productiva. Las Bolsas mundiales se anotaron el primer ejercicio alcista desde el estallido de la burbuja de las tecnológicas. Los reguladores de todo el mundo lanzaron una importante ofensiva para imponer prácticas de buen gobierno que evitasen escándalos como el de la multinacional Enron. Y las principales economías (EE UU, Alemania y Japón) parecían dejar atrás definitivamente la recesión.

Sin embargo, casi concluido el primer trimestre de 2004, nadie se atreve a dar definitivamente por superada la crisis. Los atentados en Madrid el pasado 11 de marzo y el aumento de la tensión en Oriente Próximo han agravado la tensión geopolítica. El repunte en los precios del petróleo está generando tensiones que dañan tanto al consumo industrial como al de los particulares. Y todo ello está minando la confianza de los consumidores y empresas a ambos lados del Atlántico, lastrando el todavía incipiente despegue económico.

En EE UU, el crecimiento empieza a ser vigoroso, pero las empresas se resisten a crear nuevos puestos de trabajo. Los déficit gemelos (fiscal y por cuenta corriente) de la mayor potencia mundial siguen marcando récord mes a mes. Y preocupa el elevadísimo endeudamiento de las familias propiciado por unos tipos de interés históricamente bajos. El presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, dice que no hay señales de alarma en materia de endeudamiento familiar. Pero algunos economistas privados hablan ya sin tapujos de una latente 'burbuja del crédito' que podría estallar en cualquier momento. El índice de confianza de los consumidores que elabora la Universidad de Michigan, publicado ayer, refleja una mejora en el estado de ánimo de los estadounidenses. Pero esto no ha sido suficiente para impulsar su consumo, que representa dos tercios del PIB de EE UU: el gasto de los consumidores creció en febrero un tímido 0,2%, que queda reducido a cero si se ajusta a la inflación.

En Europa, la situación es incluso peor. Excluyendo contadas excepciones como la de España, la debilidad de los indicadores macroeconómicos ha alejado totalmente la perspectiva de subida de tipos de interés y el propio presidente del BCE habla de que podría tener que abaratar el crédito una vez más para impulsar el consumo interno. El índice de confianza IFO de los empresarios alemanes ha caído al nivel más bajo en cinco meses. Y la expectativa de 'recuperación gradual' impulsada por la demanda exterior sigue viéndose frenada por la fortaleza del euro.

A medio plazo, todos los pronósticos siguen siendo favorables. Pero los economistas reconocen que el camino hacia la recuperación será tortuoso.