EDITORIAL

El optimismo de Greenspan

El discurso de Alan Greenspan fue escuchado ayer por los inversores con mucho más interés que el reciente comunicado del G-7. El presidente de la Reserva Federal presentó un panorama en el que, aparentemente, todo va bien. Y además es susceptible de mejorar. Según sus cálculos, la economía de EE UU podría crecer este año un 5% (el mejor dato desde 1984), rompiendo finalmente la dinámica de crecimiento sin generación de empleo que tanto preocupa a los inversores. La inflación se mantendrá lo suficientemente controlada como para permitir a la Reserva Federal seguir siendo 'paciente' en materia de tipos de interés. Y el declive del dólar no es especialmente preocupante porque abarata las exportaciones y encarece las importaciones, ayudando así a moderar el abultado déficit comercial, que es el principal componente del déficit por cuenta corriente.

La única sombra en el horizonte parecen ser la 'preocupación crónica' por un posible repunte brusco en los precios de la energía y, sobre todo, el creciente agujero en las finanzas públicas, que puede impulsar al alza los tipos de interés a largo plazo de manera brusca. Es decir, que aunque la Reserva Federal sea 'paciente' en materia de política monetaria, los mercados podrían no serlo tanto.

El discurso de Greenspan disparó inmediatamente al alza los índices bursátiles y presionó a la baja al billete verde. Los analistas aseguran que hacía mucho tiempo que Greenspan no se mostraba tan optimista sobre las perspectivas económicas futuras. Pero, como siempre en estos casos, habrá que esperar a que los inversores procesen con detenimiento las palabras del banquero central antes de hacer una valoración final más exacta. Sobre todo las dos páginas del discurso que se refieren a los déficit.