EDITORIAL

El vuelo libre de Ryanair

La Comisión Europea cerró ayer la larga investigación sobre los subsidios recibidos por Ryanair en el aeropuerto público de Charleroi (sur de Bruselas). El organismo ha acabado por declarar ilegales casi todas las ayudas, pero deja su recuperación pendiente de complicados cálculos que deberán hacer la aerolínea, el propio aeropuerto y el Gobierno de Valonia. Bruselas parece haber escuchado las innumerables peticiones para que sopesase el alcance de su decisión y, a juzgar por la subida de Ryanair en la Bolsa tras saberse el fallo, éste ha sido inocuo para la compañía. La Comisión ni siquiera se muestra ya tan convencida de la necesidad de unas nuevas directrices, que sólo hubieran servido para encorsetar a un sector emergente.

Cabe animar a la comisaria de Transporte, Loyola de Palacio, a que muestre igual celo con numerosas prácticas que perviven en el sector y atentan contra el interés de los usuarios. ¿Por qué un billete de ida es casi tan caro como el de ida y vuelta? ¿Por qué no se puede cambiar el nombre del titular una vez expedido un billete? Las líneas de bajo coste han dado respuesta satisfactoria a estas y otras muchas preguntas, y la Comisión ha estado a punto de castigarlas por ello.