Proceso judicial

El 'caso Mannesmann' arroja serias dudas sobre el futuro del Deutsche

El pasado miércoles Ackermann entraba a la sala L111 del Tribunal de Primera Instancia de Düsseldorf con amplia sonrisa y haciendo el símbolo de la victoria con los dedos. El presidente del primer banco de Alemania procuraba mostrarse relajado pese a las decenas de cámaras y periodistas que acudieron al que es ya uno de los juicios más espectaculares de la historia alemana.

Sin embargo, el proceso es una pesada losa sobre los hombros del ejecutivo, no sólo por la posibilidad de una sentencia acusatoria, sino por los posibles daños de imagen para él y, sobre todo, para su banco.

Ackermann y otras cinco personas están acusadas de aceptar o recibir primas y pensiones por valor de casi 57 millones de euros cuando ocupaban distintos cargos en el consejo de supervisión del grupo alemán de telecomunicaciones Mannesmann. Para la fiscalía, los pagos sirvieron para 'comprar' la aprobación de los directivos de la empresa a la opa hostil de la británica Vodafone en la primavera de 2000. Para Ackermann, que no recibió dinero alguno, se trató de una compensación por la excelente labor realizada por los directivos, pues durante los meses de resistencia al acoso de Vodafone el valor en Bolsa de Mannesmann se dobló. El grupo británico pagó finalmente 178.000 millones de euros por la empresa alemana, una cifra récord.

El juicio debilita al banco y podría convertirlo en presa fácil para entidades extranjeras

Los problemas de Ackermann con la justicia limitarán su tiempo para ocuparse de la presidencia del Deutsche Bank en los próximos seis meses. El juicio podría tener también consecuencias negativas para el valor de las acciones y convertir a la entidad en una 'presa fácil' para algunos bancos extranjeros, que ya han mostrado su interés por el mercado alemán y donde la capitalización del Deutsche Bank es baja en comparación con la de sus competidores de otros países.

Sus títulos han perdido el 3,8% en lo que va de año, frente al ascenso del 9% por término medio del resto de los bancos alemanes que cotizan en el índice Dax. Algunos analistas creen que en la bajada podría haber influido la relación del Deutsche Bank con la italiana Parmalat, pero otros creen que el caso Mannesmann ha tenido también influencia. En cuanto a los daños de imagen, es posible que ya hayan llegado. Según una reciente encuesta del instituto Medientenor, Ackermann 'goza' de la peor imagen dentro de los directivos de las 30 compañías del Dax.

Algunas asociaciones de accionistas piden su dimisión. 'Lo mejor sería que dejara su puesto', dijo a la prensa Jürgen Kurz, portavoz de la Federación Alemana para la Protección de los Accionistas. Algo que, en cualquier caso, ocurrirá si Josef Ackermann es encontrado culpable.

En cualquier caso, las consecuencias del proceso en curso no podrán ser evaluadas a fondo en un plazo inmediato.

La obra de un dramaturgo

Las visitas del presidente del Deutsche Bank, Josef Ackermann, a los tribunales en los próximos meses podrían no limitarse al caso Mannesmann.

Próximamente se estrenará en Brandeburgo una obra del dramaturgo alemán Rolf Hochhuth en la que, aparentemente, se considera justificado un asesinato del presidente del Deutsche Bank.

En un pasaje de la pieza, titulada McKinsey viene, dos personajes justifican indirectamente la muerte del directivo, debido a su exorbitante salario y a que destruye empleos.

La pasada semana circuló en la prensa germana la noticia de que el Deutsche Bank, primer banco alemán, tenía previsto emprender acciones legales contra Rolf Hochhuth, y que consideraba la representación 'escandalosa', pero la entidad financiera alemana negó posteriormente este supuesto. McKinsey viene, que critica el poder de los altos ejecutivos, se estrenará en febrero.

La noticia ha recibido también otras críticas, como las del presidente de la patronal alemana, Michael Rogowski.

Un cambio en el sistema de retribuciones

La sentencia del caso Mannesmann podría suponer, además, un antes y un después en el sistema de retribuciones a altos cargos. 'Es la primera vez que en Alemania se hablaba públicamente de unas primas tan elevadas. Antes era norma mantenerlo en secreto', dijo Klaus Esser, ex presidente de Mannesmann y acusado también en el caso. Efectivamente. Las cantidades pagadas en la firma de telecomunicaciones escandalizaron a la opinión pública, pero ni era la primera vez que esto ocurría, ni eran tan altas en comparación con otros países.

La defensa de Ackermann argumenta que las retribuciones que se manejan actualmente en Alemania equivalen a las habituales en Estados Unidos hace diez años.

Una sentencia acusatoria pondría en tela de juicio el pago de elevadas primas a directivos, algo que no gustaría ni a la clase empresarial ni a la clase política alemana. Algunos empresarios, como Heinrich von Pierer, presidente del grupo tecnológico Siemens, han mostrado su apoyo incondicional a Ackermann. 'Contemplo con preocupación lo que está ocurriendo con el derecho alemán. No puede ser que las decisiones empresariales tengan una espada de Damocles sobre la cabeza por posibles acusaciones de gestión desleal', dijo. También lo han hecho algunos políticos como el ministro alemán de Economía, Wolfgang Clement, que temen que Alemania pierda atractivo como sede de grandes consorcios.

Expertos en economía, como por ejemplo el presidente del instituto Ifo, Hans-Werner Sinn, han celebrado el juicio y criticó 'el pago de primas exageradas'.