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El calvario de los inventores

Un inventor en España es una persona que suele arriesgar su tiempo y su dinero para defender una innovación que puede significar la ruina si su viabilidad comercial fracasa o si no ha utilizado los medios adecuados para proteger la propiedad industrial', asegura Raúl Ortiz Torres. Este empresario zaragozano se pasa media vida viajando por las ferias internacionales para divulgar sus hallazgos tecnológicos y para comprobar in situ que otros no se le han adelantado o que algún espabilado sin escrúpulos no le ha copiado la idea.

La empresa de Raúl Ortiz se llama Test Ibérica, un gabinete de ingeniería que ya ha patentado inventos como Salvalia, un socorrista automático basado en un sistema cibernético de seguridad activa y positiva. El hallazgo ha iniciado su comercialización internacional con el eslogan Alcance usted mismo su salvación, una frase de Buda. Y es que, aunque maneje avanzados recursos tecnológicos, Ortiz asume la amplitud cultural del Renacimiento, que hizo de Leonardo da Vinci el prototipo de los inventores.

Salvalia es una de las 2.800 patentes activas que se registran cada año en España. Una cifra que demuestra que, a pesar de las dificultades, el espíritu inventor de los españoles no flaquea. Aun habiendo recorrido el largo camino que culmina con la obtención del título de propiedad industrial, se considera que tan sólo el 2% de estos descubrimientos gozará de una viabilidad comercial verdaderamente efectiva. Las últimas patentes obtenidas por la empresa zaragozana corresponden a un airbag subacuático, un generador de energía eléctrica para embarcación y un vehículo híbrido moto de agua-embarcación a vela.

La falta de interés de las empresas hace que algunos inventores asuman la promoción del producto, lo que implica arriesgar su patrimonio personal

En un buen número de casos, el déficit de viabilidad comercial no está motivado por las características del invento, sino por la falta de interés de las compañías que podrían apoyarlo. Esta circunstancia hace que algunos inventores asuman la promoción del producto, lo que implica arriesgar su propio patrimonio personal. Como los medios particulares suelen ser escasos, lo más frecuente es el abandono, arruinarse en el transcurso del proceso o tener la suerte de vender el hallazgo a una multinacional. æpermil;sta obtendrá unos beneficios muy superiores pero suele permitir, si el producto tiene éxito, que el inventor viva con cierto desahogo económico.

La otra cara de los inventos está integrada por las grandes y medianas empresas. Estas compañías son las protagonistas de las denominadas patentes reactivas, que defienden la propiedad industrial frente al plagio de los competidores. Internet se ha convertido en una herramienta excepcionalmente útil, tanto para descubrir a los plagiadores como para ahorrarse la sorpresa de estar investigando lo que ya ha sido descubierto por otros.

La Fundación Cetenasa acaba de invertir 144.000 euros en un portal de vigilancia tecnológica que pretende ahorrar estas sorpresas a las sociedades de Navarra. En la dirección www.vigilanciatecnologica.cetenasa.es, un sistema de spiders (arañas) rastrea toda la información y maneja un fondo de dos millones de artículos y un millón de patentes. La rentabilidad de esta iniciativa está fuera de toda duda. Silvia Castro, responsable del departamento de vigilancia tecnológica de Cetenasa, subraya que 'las empresas europeas pierden cada año 20.000 millones de euros para investigar cosas que ya están inventadas'.

Consejos para el éxito

Utilidad

No se deje deslumbrar por la brillantez de la idea. No trate al invento como a un hijo, contémplelo desde la distancia y evalúe la efectividad de sus recursos propios y contactos externos para convertir finalmente esa idea en un producto concreto.

Presentación

Una imagen sigue valiendo más que mil palabras. Si ha decidido iniciar el camino que conduce a la obtención de una patente, deberá someterse a la evaluación derivada de un estudio técnico. Una presentación en vídeo puede ayudar mucho tanto a los evaluadores como a usted mismo, que quiere la mayor agilidad para el proceso.

Estudio Técnico

La evaluación técnica es sólo un requisito indispensable para estar en condiciones de solicitar un título de propiedad industrial. Pero, en la práctica, lo que garantiza es que no existe ninguna patente en vigor que colisione con su invento. Y aun eso deberá ir respaldado por un plazo de exposición de 60 días, en los que pueden aparecer alegaciones que compliquen el proceso.

VENTA

No pierda de vista que lo más importante de su invento es la viabilidad comercial. En el proceso burocrático y administrativo se habrá dejado una media de 500 euros, eso sin contar los viajes y sin valorar el tiempo invertido. Si las empresas beneficiadas por su hallazgo se desentienden, tendrá que elegir entre arriesgar su dinero particular en la promoción o intentar convencer a una gran empresa para que le compre el invento. Al final, siempre queda la satisfacción personal.