Alimentación

Con la mirada puesta en la crisis de Parmalat

La repentina crisis de Parmalat ha provocado una sacudida en el sector lácteo, que asiste expectante al desarrollo de los acontecimientos. 'En España el asunto está pasando de puntillas' dice Arturo Gil, presidente de Clesa, filial del grupo italiano. 'Podemos pensar que algo importante está ocurriendo, ya no es un problema limitado a Italia', indica Sebastián Serena, responsable del área de alimentación de UGT. 'No nos roza ni de lejos', sostiene Miguel Ángel Vázquez de Prada, presidente de la Federación Nacional de Industrias Lácteas (Fenil), que asume la representación de las empresas españolas del sector. Interpretaciones opuestas que indican que las consecuencias de la crisis del grupo Parmalat en las empresas españolas serán, cuanto menos, confusas.

En España, los principales agentes observan las dificultades desde ópticas divergentes: de la aparente tranquilidad de la compañía y asociaciones empresariales hasta las dudas de los trabajadores sobre el posible impacto en la industria local de las dificultades del grupo italiano.

En los últimos años, Parmalat ha seguido una estrategia de fuerte crecimiento geográfico a través de la compra de empresas. A finales del año pasado, la compañía estaba presente en más de 30 países, con 150 fábricas, más de 36.000 empleados y una facturación de 7.600 millones de euros. Según datos de la firma Nielsen, Parmalat se encontraba en 2002 entre las 23 mayores compañías de alimentación del mundo.

Clesa ingresó 242 millones en 2002 y cuenta con una cuota del 0,23% en el mercado de la leche

El grupo italiano desembarcó en España en 1998 con la compra de Clesa. Tras dos años de batalla con Puleva, entonces accionista de Clesa, el grupo italiano logró hacerse finalmente en 2000 con el 100% del capital de la española. Hasta esta adquisición, Parmalat estaba presente en este mercado únicamente a través de la distribuidora Parmalat Ibérica.

La filial española es una empresa que ocupa un lugar intermedio en el mercado lácteo. En la última oleada de agosto a septiembre realizada por Nielsen, Clesa tenía una cuota del 0,23% del volumen del mercado. Este dato sitúa a Clesa por debajo de otras compañías de peso, como Capsa, que comercializa las marcas Central Lechera Asturiana y Larsa, y que cuenta con una cuota del 15,3%; Puleva Food, con un 15%, y grupo Leche Pascual, que tiene el 11,2%.

Entre todas se reparten un mercado que en los últimos años ha mostrado estancamiento. Según cifras el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, el consumo de leche líquida disminuyó entre enero y mayo de 2003 un 1% , hasta 1,61 millones de litros, lo que supone un valor de 957,83 millones de euros. Como respuesta a esta caída, las empresas se han lanzado a 'la innovación activa de productos', indica Vázquez de Prada, presidente de la patronal de las industrias lácteas.

Clesa, propietaria de las marcas Cacaolat, Clesa y Letona, entre otras, tampoco ha escapado a la debilidad del consumo. La compañía obtuvo en el ejercicio pasado unas ventas netas de 242 millones de euros, con un retroceso del 4% respecto a 2001, según datos de Alimarket. El resultado neto, sin embargo, casi duplicó al del año anterior, hasta alcanzar los 2,32 millones de euros.

Desde la dirección de Clesa se destaca en que su gestión es 'completamente independiente de Parmalat', por lo que descartan que los problemas que afectan a la multinacional puedan tener reflejo en su filial española. La misma opinión comparte el presidente de Fenil, para quien 'la inversión de Parmalat en España sigue un comportamiento exactamente igual a la de su etapa anterior (como independiente)'.

En los sindicatos, sin embargo, se palpa cierta inquietud. 'Nos hemos dirigido a la dirección general de Parmalat en España para manifestarles nuestra preocupación por las noticias que han surgido y para conocer si puede tener alguna consecuencia en los centros de trabajo en España', indica Sebastián Serena. Una postura que comparte el sindicato italiano FLAI CGIL, que se reunirá con la dirección de Parmalat el 22 de diciembre para transmitirles que no aceptarán 'una reestructuración ni desmembramiento o venta de la sociedad'.

Precisamente la posibilidad de que Parmalat decida reestructurar la compañía, incluida la venta de activos, es una especulación que ha comenzado a circular en el mercado. Desde Clesa, sin embargo, se niega esta circunstancia y se afirma que los planes que llevará a cabo Parmalat se circunscriben al ámbito financiero. 'No se cuestiona el negocio básico', puntualizan.

El grupo italiano rebota en Bolsa

La dimisión del presidente y fundador de Parmalat, Calisto Tanzi, ha sentado bien a la compañía en Bolsa. Después de tres días de fuerte castigo, que la llevaron a perder dos tercios de su capitalización, la acción rebotó ayer un 31,87%.

La presidencia ha sido delegada en Enrico Bondi, consultor al que recurrió la empresa hace una semana para intentar superar la grave crisis que atraviesa después de aplazar cuatro días el pago de una emisión de bonos por 150 millones.

Una de sus primeras medidas ha sido contratar a Pricewaterhousecoopers para revisar las cuentas y comprobar por qué una empresa que supuestamente cuenta con una liquidez superior a 4.000 millones de euros y deudas por 6.000 millones no pudo hacer frente a tiempo a un pago relativamente modesto.

En la prensa italiana se ha publicado que la cifra de deuda es superior a 9.000 millones. Antes de fin de año, la empresa tendrá que hacer frente al pago de 400 millones de dólares por el vencimiento de una opción en Brasil, que le obliga a recomprar el 18% del negocio. S&P mantiene una calificación cercana a la suspensión de pagos. Pese al rebote de ayer, el valor cae un 52% en cuatro días.