Opinión

Eliminar los aranceles sobre el acero, una cuestión económica

La industria siderúrgica estadounidense ha aprovechado el tiempo para reestructurarse durante el periodo de vigencia de las medidas de protección dictadas por la Casa Blanca. El autor advierte que EE UU seguirá empleando este mecanismo para apoyar a sus empresas

El comercio es un importante motor para el crecimiento económico y la creación de empleo. Para ayudar a que economías muy abiertas como la nuestra se adapten a los cambios rápidos y bruscos, en ocasiones tomamos medidas temporales para protegernos de las importaciones. Este tipo de ayuda es un principio aceptado de las normas del comercio mundial.

En marzo de 2002, tras nueve meses de investigación, la Comisión estadounidense para el Comercio Internacional, organismo independiente, comprobó que diez productos de la industria del acero se habían visto perjudicados por una ola de importaciones que justificaba una ayuda. En base a este hallazgo, el presidente Bush decidió que la industria estadounidense del acero necesitaba un respiro, pues estaba siendo sometida a una enorme presión. Miles de puestos de trabajo estaban en juego y muchas empresas del acero habían quebrado o podían hacerlo. La industria había estado buscando ayuda tras la oleada de importaciones a bajo precio que siguió a la crisis económica asiática. El presidente intervino, e impuso medidas de protección temporales 'para dar a la industria estadounidense del acero y a sus trabajadores la oportunidad de adaptarse a la gran cantidad de acero del exterior'.

En septiembre de este año, la Comisión para el Comercio Internacional ha proporcionado un informe de seguimiento, una evaluación del impacto de la medida. Dicha evaluación ha servido de importante base para la reflexión del presidente a la hora de decidir si mantenía, modificaba o suspendía la medida.

Las ayudas temporales para protegerse de importaciones son un principio aceptado en las normas del comercio mundial

Tres elementos clave han contribuido a la revisión realizada por el presidente. En primer lugar, el análisis de la comisión demostraba claramente que la medida estaba funcionando: dio un respiro a la industria del acero, necesario para que recuperara su competitividad, se protegieron puestos de trabajo y se dio a las empresas del acero otra oportunidad de competir.

Desde que se puso en marcha la medida, la industria se ha reestructurado y consolidado de manera significativa. Las empresas que se han fusionado o reestructurado poseen más de la mitad de la capacidad de producción de acero.

Los precios se han estabilizado y son actualmente entre un 15% y un 30% más altos que en febrero de 2002, mes previo a la medida. Las pensiones de los trabajadores se han protegido y se han separado de la contabilidad de la industria del acero.

Sin duda, la medida de protección dio un necesario respiro a la industria y a los trabajadores. Y tiene a su favor que la mayoría de las empresas han aprovechado este tiempo. Se ha realizado la mayor parte de la reconstrucción necesaria para hacer que la industria sea más competitiva.

En segundo lugar, la industria es no sólo mucho más fuerte hoy que hace 21 meses, sino que han cambiado las circunstancias económicas que justificaron la medida. Las importaciones ya no están haciendo bajar los precios de los productos estadounidenses. En una base anual, hasta la fecha las importaciones están en los niveles más bajos de los últimos diez años, incluyendo las que no se vieron afectadas por la medida. La demanda en Asia y en Rusia ha vuelto a ascender. El consumo de acero en China ha aumentado un 22% al año desde 2001 y se prevé que se incremente aún más el próximo año. Los cambios en los precios relativos han reducido la presión sobre las importaciones y aumentado las oportunidades de exportación.

Pero, por último, es importante el hecho de que las medidas de protección imponen inevitablemente costes adicionales a los consumidores. Por supuesto, el objetivo es asegurar que los beneficios producidos por la medida superan dichos costes. Afortunadamente, como demostró el informe de la comisión, el coste para la economía estadounidense ha sido limitado.

El propósito de la revisión ha sido determinar si han cambiado las circunstancias económicas, como que el coste del mantenimiento de la medida fuera mayor que los beneficios. En los primeros 21 meses en los que estuvo en vigor la medida, los beneficios para la industria superaron el coste marginal para los consumidores. Sin embargo, mirando al futuro, éste no es el caso. Por estos motivos, el presidente Bush ha llegado a la conclusión de que la media ha cumplido su cometido y puede ser suspendida.

Continuaremos utilizando nuestro sistema de autorización y control de las importaciones de acero para poder identificar rápidamente potenciales olas de importaciones y responder.

El presidente ha trabajado duro con el Congreso de Estados Unidos y con otros países de todo el mundo para abrir los mercados a productos y servicios para las empresas, los agricultores y los trabajadores estadounidenses, y para ayudar a los consumidores a estirar el dinero que ganan con tanta dificultad. Al mismo tiempo, ha reconocido que necesitamos ayudar a los ciudadanos estadounidenses a adaptarse al cambio por medio de medidas como ésta, la reconversión de los trabajadores y una mejor educación. Y se supone que las medidas de protección no son permanentes. Son una ayuda en circunstancias extraordinarias.

Así que nos alegramos de los pasos que ha dado la industria para aprovechar al máximo el respiro que le ha proporcionado la medida.