EDITORIAL

Empleo: buen saldo, mal camino

No es fácil encontrarle debilidades a la marcha general del mercado de trabajo. La actividad logra cotas desconocidas (casi 19 millones de personas trabajan o quieren hacerlo, un 55% de los españoles mayores de 16 años), la ocupación marca otro récord (16.817.800 empleados) y la tasa de paro baja hasta el 11,1% (2.114.600 parados), cuando hace sólo cinco años estaba en el 19%. En el tercer trimestre del año la ligera aceleración de la actividad económica arrojó un crecimiento de empleo notable, con un avance interanual superior incluso al del producto interior bruto (PIB), que prácticamente absorbió el formidable empuje de los activos. De hecho, de cada siete activos que se incorporaron al mercado laboral, seis encontraron trabajo y sólo uno engordó las listas de demandantes de empleo.

Pero el avance de la ocupación en los últimos años, aunque rompe todas los registros positivos, mantiene los mismos defectos cualitativos de los últimos 10 años, pese al riego de subvenciones al empleo que han irrigado las normas del Gobierno. Desde 1985 a 1997 el empleo de carácter temporal no dejó de crecer, y tocó tasas del 34%. Pero, desde entonces, la subvención al empleo fijo, tanto en cuotas como en el coste del despido, no ha impedido que por cada dos nuevos estables apareciese uno temporal. Así, este empleo llega ya a los 4.220.000 personas, el 30% del total de asalariados, como hace ocho años, y no parece que los esfuerzos vayan a corregir esta estampa.

La política económica de empleo del Ejecutivo ha proporcionado otra dimensión al mercado de trabajo; pero no se puede mantener un camino que pone al borde del abismo a gran cantidad de familias españolas si una crisis económica sacudiese al país. Reducir la temporalidad sólo parece estar en manos de una restricción normativa, poco amiga del consenso, o de nuevos pasos negociados para cambiar coste de despido por mayores estándares de estabilidad.