COLUMNA

Necesitamos a los pobres

Se hablaba en los buenos círculos del socorro al necesitado, un término que empezaba a cundir como eufemismo de otro vocablo, el de los pobres, de perfil más abrupto, menos indicado para las sobremesas de la saciedad. Estábamos modernizándonos y el celuloide de Plácido, con Cassen y López Vázquez en aquella campaña navideña de 'siente usted un pobre a su mesa' parecía haber quedado como muestra remota de tiempos definitivamente idos.

Tiempos desatinados, porque estábamos advertidos desde lo que sucedió a don Quijote con unos cabreros. Episodio del que da cuenta el capítulo XI de la historia del ingenioso hidalgo al referir cómo sentado nuestro Caballero mientras su escudero permanecía en pie para servirle la copa, quiso hacerle ver a Sancho 'el bien que en sí encierra la andante caballería, y cuán a pique están los que en cualquier ministerio della se ejercitan de venir brevemente a ser honrados y estimados del mundo' y quiso que allí a su lado y en compañía de aquella buena gente se sentara y que fuera una misma cosa con él, que era su amo y natural señor; que comiera y bebiera por donde él bebiere; 'porque de la caballería andante se pueda decir lo mismo que del amor se dice: que todas las cosas iguala'.

Semejante deferencia caballeresca indujo a Sancho a reconocer la merced que se le hacía para añadir enseguida, 'sé decir a vuestra merced que, como yo tuviese bien de comer, tan bien y mejor me lo comería en pie y a mis solas como sentado a par de un emperador. Y aun, si va a decir verdad, mucho mejor me sabe lo que como en mi rincón, sin melindres ni respetos, aunque sea pan y cebolla planta que entonces era de precio muy asequible, que los gallipavos de otras mesas donde me sea forzoso mascar despacio, beber poco, limpiarme a menudo, no estornudar ni toser si me viene en gana, ni hacer otras cosas que la soledad y la libertad traen consigo'. En conclusión, Sancho exhortaba a su señor para que esas honras las convirtiera en otras cosas que le fueran 'de más acomodo y provecho; que ésas, aunque las daba por bien recibidas, las renunciaba desde allí hasta el fin del mundo'.

La Conferencia de Donantes demuestra que la suculencia alternativa vuelve a estar en los mercados emergentes

O sea, que en aquella edad dorada de la que da cuenta don Miguel todavía la televisión no había dejado sentir sus efectos devastadores y las gentes sencillas aún no habían sido inoculadas con el vértigo que ahora les hace sacrificarlo todo y padecer cualquier ayuno o incomodidad por lograr el acceso a un famoso. Se ha extinguido lo de 'ande yo caliente y ríase la gente', y tampoco vale lo del villano en su rincón, porque en el rincón del último villano o del inmigrante más precario hay un receptor cuya pantalla ocupan las figuras del show business y del peculiar star's sistem de los programas del corazón y de las basuras hasta quedar integradas en el ambiente y despertar un ansia insaciable ver y si fuera posible tocar a los transfigurados por el tubo de rayos catódicos.

Pero volvamos a los pobres y anotemos que pueden comparecer teñidos de tristeza y que como dijo el poeta 'yo sé que ver y oír a un triste enfada, / cuando se viene y va de la alegría'. Aunque conviene romper la paridad entre tristes y pobres y acompañar a la nueva beata Madre Teresa redescubridora de una senda en Calcuta donde la pobreza dejaba de estar indisolublemente unida a la tristeza. Aquellos pobres, en la miseria de la India, se dice que están muriendo alegres, sin los conflictos de otros regios agonizantes, recuperados para la alcantarilla del mundo mundial, según exclusiva de Emmanuela de Dampierre a quien tanto debemos los españoles sin que hasta ahora lo hubiéramos advertido.

De los pobres dijo Jesús en el Evangelio, respondiendo a quienes murmuraban por haber aceptado el costoso frasco de alabastro con el que fueron ungidos sus pies por Magdalena, que siempre los tendríamos con nosotros. Y nunca han faltado. Pero ahora la Conferencia de Donantes que se celebra en Madrid vuelve a demostrar que los pobres, lejos de ser excéntricos al sistema, tienen una posición central, son absolutamente necesarios para nuestro desarrollo sostenible. Porque cuando los mercados de los países desarrollados apenas ofrecen posibilidades de negocio con márgenes sustanciosos, la suculencia alternativa vuelve a estar en los mercados emergentes. Los pobres vuelven a ser así el más seguro apoyo a la continuidad de nuestras insaciables prosperidades.