Enrique Fuentes Quintana y Miguel Boyer

“El déficit es un camino para soñar, pero no es una receta progresista”

Miguel Boyer (a la izquierda de la imagen) junto a Enrique Fuentes Quintana, los responsables de la política económica y fiscal que más poder acumularon en la transición democrática de España.
Miguel Boyer (a la izquierda de la imagen) junto a Enrique Fuentes Quintana, los responsables de la política económica y fiscal que más poder acumularon en la transición democrática de España.

Enrique Fuentes Quintana (Carrión de los Condes, Palencia, 1924) y Miguel Boyer Salvador (San Juan de Luz, Francia, 1939) son los dos responsables de la política económica y fiscal que más poder acumularon en la transición democrática de España, y explicarán su experiencia en la Fundación Rafael del Pino en un ciclo de conferencias sobre 25 años de economía y sociedad en las próximas semanas. Ambos encontraron enormes dificultades para despejar el camino a sus decisiones, ambos tuvieron el pleno respaldo político de quien les eligió y ambos recogieron posteriormente el merecido reconocimiento de la sociedad. Fuentes admite que heredó "la economía peor administrada del mundo, como era la franquista", y Boyer, "una economía dramática, paralizada, que en parte ayuda a aplicar decisiones difíciles". De su repaso por la transición, explicada en esta entrevista conjunta, concluyen que "el déficit, el gran error tradicional de la izquierda, es un buen camino para soñar, pero no es lo mejor para el crecimiento económico a largo plazo; no es una receta progresista ni positiva".

Pregunta. Ustedes dirigieron la política económica en la transición a la democracia, en unas circunstancias de extrema gravedad. Pero pusieron las bases para recomponer la situación. ¿Les sorprenden los logros de la economía y la sociedad española 25 años después?

Respuesta. Miguel Boyer: En cierta medida es una sorpresa, porque la situación de partida era nefasta, con unas consecuencias tremendas de las crisis del petróleo, a lo que hay que añadir la complicación de la transición política. Que eso se haya asimilado, que se haya incorporado España a la UE sin ningún tipo de catástrofe de la balanza de pagos, el que la UEM funcione bien, y que España esté atravesando esta desaceleración económica tan dura en tantos países con un crecimiento del 2,2% yo creo que es sorprendente. Es inesperado, es mejor de lo que podíamos esperar en los setenta o los ochenta.

El Gobierno ha hecho una política económica bien orientada; pero es un éxito que se debe a todos; es una tarea colectiva. Pero ya me hubiera a mí gustado vivir desde el Ministerio de Economía y Hacienda una situación como esta; me supongo que a ti, Fuentes, también...

Enrique Fuentes Quintana: Por supuesto, no tiene nada que ver con lo que yo al menos me encontré. La democracia necesitaba una Constitución democrática para construir un país estable, pero heredaba la crisis económica internacional más grave que España haya soportado nunca, que venía de la primera crisis del petróleo, y a la que no se había hecho frente aún a finales de la década de los setenta. Heredamos una situación gravísima. Hoy todos esos fantasmas están definitivamente alejados y es una situación envidiable que debemos a la conciencia y esfuerzo de toda la sociedad.

Pregunta. Ambos encuentran muchos problemas con el déficit público. El señor Fuentes lo aflora por vez primera, tras estar enquistado desde la crisis del petróleo, y el señor Boyer se encuentra con una economía que no crece y no recauda y con un sector público enfermo y envejecido. Hoy políticos e incluso economistas, aquí y fuera de aquí, insisten en recuperar el déficit como instrumento para combatir la recesión. ¿Es una opción acertada?

Fuentes: "El gasto es la gran excusa para no hacer reformas que proporcionarían gran cantidad de recursos, pero que son impopulares"

Respuesta. Miguel Boyer: No es sensato pedir a Alemania o Francia que en plena recesión acaben con el déficit; no se podría eliminar sin empeorar la situación, porque es un déficit estructural que surge porque no se ha hecho nada en veinte años. Pero a Francia y Alemania le es exigible que empiecen a hacer cosas que sean serias, y no lo están haciendo, y se encubren en que el déficit es positivo. No podrán absorberlo de repente, pero tienen que hacer más de lo que hacen. Si se empeñasen en eliminar el déficit en esta situación, incrementarían más la recesión y no lograrían cuadrar las cuentas. Lo que sí se debe pedir es que haya equilibrio en tiempos normales y superávit cuando la economía esté acelerada.

Francia y Alemania llevan 20 años sin hacer nada por incapacidad política. Y otra cosa es que por sistema se considere al déficit progresista o positivo o no se qué. Cómo es posible pensar que las pensiones, la sanidad o la educación las vas a hacer depender de un crédito o deuda, que va a ir haciendo una bola que al final no se sabe cómo termina. Estas partidas deben estar pagadas con gasto corriente. Cualquier cosa que se quiera mejorar debe hacerse con ingresos regulares, no con déficit y deuda; es una mala receta para progresar. El canto al déficit no es progresista; no es una filosofía progresista.

Alemania, por ejemplo, cometió el error de pagar la unificación con deuda, lo que aceleró la crisis de 1991, que dañó a Estados Unidos, pero que en Europa no debería haber sido tan grave y se complicó con la decisión de Alemania, que ha supuesto más déficit, más deuda y tipos más altos. La transferencia de Alemania al Este vía deuda es un desequilibrio que está en la base de su parálisis: transfirieren tres veces el Plan Marshall a valor actual (unos 80.000 millones de dólares al año). Estos métodos han metido a Alemania en la crisis en la que está.

Fuentes Quintana: En la mayoría de las ocasiones, defender el déficit es una excusa para no hacer reformas estructurales impopulares que harían a la economía más eficiente. Hay reformas que proporcionan una gran capacidad económica y de recursos públicos, pero no se hacen porque son impopulares. El desequilibrio de las cuentas públicas es un camino para soñar, pero luego, a la vuelta de los años, despierta uno y viene el shock: no conozco ningún país que con déficit continuo crezca en el largo plazo.

Pregunta. En España hay consenso: el PSOE parece haber rectificado a última hora...

Respuesta. Miguel Boyer: El canto al déficit y al gasto ya fue uno de los grandes errores de los primeros años socialistas, con defensa de algunos ministros. El PSOE tendrá que aclararse ahora, porque lo que dice un día es muy ortodoxo y al siguiente dice otras cosas. El canto al déficit es un error de la izquierda, si es que vuelve. Yo sigo viendo zonas del partido que vuelven a hablar de déficit, y no veo coherencia en su propuesta de presupuesto alternativo, al menos en lo que conozco. Sólo son eslóganes que no se sostienen.

Tengo esperanza de que prevalezca el sentido común de alguno de los asesores de Zapatero. De todas formas, esta tendencia de Zapatero a la efebocracia y a tener jóvenes para dar una imagen novedosa tiene inconvenientes, porque a gente muy válida se la mantiene a distancia; el intento de buscar caras nuevas le puede salir muy caro, y hay cosas que sólo la experiencia enseña; el deseo de grandes novedades puede conducir a disparates.

Pregunta. En España, si hubiere necesidad de recursos, de dónde se puede rascar, puesto que el sistema fiscal está bastante maduro, tras varias bajadas de impuestos y recortes de gastos.

Respuesta. Miguel Boyer: En primer lugar, del crecimiento económico. El Presupuesto está maniatado. El 80% es inamovible, salvo que cojas un hacha. El crecimiento deja más dinero para hacer cosas. En segundo lugar, la reducción de la deuda del Estado deja un margen en su financiación, porque va acompañada de una bajada de tipos de interés.

Boyer: "El PSOE debe aclararse; un día habla de ortodoxia y al poco tiempo de lo contrario; espero que prevalezca el sentido común"

En 1994, cuando las puntas históricas de déficit, las cargas financieras se llevaban más de cinco puntos del PIB, y ahora es poco más de dos puntos; eso deja una fuente permanente para reasignar gasto. Y en tercer lugar, pueden dejar margen los grandes capítulos de gasto, en función de cómo se aborden, sobre todo las pensiones. Si se retrasa la edad de la jubilación, se aporta más y se es pasivo menos tiempo.

Fuentes Quintana: En España la eliminación del déficit se ha logrado con una buena reasignación de recursos, no sólo por tener más recursos. El presidente del Ejecutivo debe cuidar cada decisión para optimizar los recursos públicos; su primera obligación es conocer el presupuesto. La Oficina del Presupuesto es un camino, pero es un calvario, que te está persiguiendo siempre, sobre todo si la preside un señor como José Barea, que lo hace con un rigor y un conocimiento matemático. Toda decisión de gasto es fruto de una iniciativa equivocada por optar por el camino menos impopular. ¿Queda recorrido? Sí, pero no hay seguidores de esto en la clase política. A nadie le gusta recortar, y a todos gastar.

Pregunta. ¿Qué residuos quedan de la economía intervencionista en el funcionamiento de los mercados? Oligopolios, proteccionismo laboral...

Respuesta. Fuentes: En el informe de la OCDE y del FMI hay una relación minuciosísima, que lamentablemente casi nunca se reduce, aunque se han hecho cosas. Pero quedan residuos que no vienen ni siquiera del franquismo, sino de Felipe II...

Boyer: Yo creo que el más determinante es el mercado de trabajo. Querer proteger demasiado ha provocado lo que tenemos; hay que aprender del modelo americano, en el que una economía intensiva en empleo se convierte a su vez en un motor de demanda y de crecimiento. España ha importado parte de ese modelo de crecimiento, pero no suficientemente; y no quiero dejar de alabar la actitud sindical en los últimos años, con una apuesta decidida por el empleo y no tanto por la ganancia y la protección salarial. Esto no ha ocurrido, por ejemplo, en Alemania, donde la propia IG Metall ha sido derrotada por las circunstancias.

Pregunta. ¿Cómo se pueden combatir los monopolios y oligopolios que siguen ocupando mercados en España y en Europa?

Respuesta. Boyer: Por supuesto que hay problemas en el mercado energético, pero ahí estamos bastante presos de las políticas de otros países y de las intenciones de empresas de la competencia, que deberían entrar en el mercado español para estimular la competencia, y no para cartelizar el mercado. Sólo con empresas nuevas se soluciona. Los esfuerzos de un Estado para luchar contra todo este entramado empresarial son a veces estériles. Estamos en una situación primitiva, y en eso tienen mucha responsabilidad las políticas de Francia y Alemania, que son dos países inmovilistas, y han logrado que hasta Bruselas regañe a quien pide que se liberalicen los mercados, mientras permite que æpermil;lectrecité de France compre la energía de media Europa con el dinero procedente de los impuestos de los franceses.

Fuentes: La competencia es un elemento básico para empezar a combatir el problema. A quien opera en monopolio y oligopolio le gusta el silencio; yo creo que hay un déficit muy importante en esta materia, en todos los servicios y en los principales mercados. Y hasta la propia información está monopolizada. Este señor Miguel Boyer empezó una tarea cuando estuvo en Economía, con un servicio de Competencia que empezó a trabajar, sobre todo en la provisión de información, que es clave para desenmascarar a los oligopolios.

Boyer: En los servicios, por contra, lograr un funcionamiento eficiente del mercado es dificilísimo porque no hay competencia exterior.

Sucesiones

Fuentes: "Este impuesto ha tenido un problema de ejecución muy serio en todos los países; si los herederos andan finos, no lo paga nadie. Pero lo único que deben heredar los hijos es una formación bien cualificada; es muy difícil gravar con justicia al patrimonio y su transmisión".

Boyer: "Yo soy partidario de que únicamente se grave con impuestos la renta y el gasto, pero nunca el patrimonio".

Suelo

Boyer: "Es un mercado vergonzoso. Es un factor escaso porque lo hacen escaso los ayuntamientos, que administran el derecho a construir; es una fuente de financiación y corrupción inmensa, y ahí no hay distinción ideológica entre ayuntamientos: son todos iguales".

Fuentes: "Los alcaldes no buscan otros ingresos porque tendrían que subir impuestos y es impopular. El suelo da influencia personal y genera cohecho".

Competencia

Fuentes: "Deben existir autoridades de competencia absolutamente libres y con poderes ejecutivos, porque si no, no vamos a ninguna parte".

Boyer: "Soy muy escéptico sobre el funcionamiento de los servicios sectoriales, porque terminan convirtiéndose en defensores de los intereses de los mercados que tienen que vigilar. Yo sólo me fío de los tribunales; los jueces garantizan mejor la independencia".

Pensiones: "Si no se reforman, son una bomba de relojería"

Tanto Enrique Fuentes Quintana como Miguel Boyer creen que el sistema de pensiones precisa de una reforma urgente, que eliminará una de las principales fuentes de incertidumbre de la sociedad. Ambos critican la timidez del Pacto de Toledo.

"Ahora hay unos cuantos procesos electorales en marcha y están todos los partidos tan contentos de no haberse tirado los trastos a la cabeza y de no tirárselos en los próximos meses", afirma Miguel Boyer. "Hay algunas ideas muy débiles en el papel: intentar retrasar la jubilación, incrementar la contributividad, etc., pero son simplemente enunciados. Y hay otras cuestiones que están mal resueltas, como tratar de atajar las prejubilaciones o que no las pague la Seguridad Social; eso está bien, pero sólo surge porque hay un problema muy serio de inflexibilidad en el despido. Quieren que la Seguridad Social no pague las prejubilaciones; pero mantener este mecanismo por la hipócrita defensa de un mercado de trabajo rígido no parece normal. Las prejubilaciones se pusieron en marcha cuando la crisis industrial, y eran un escape para resolver situaciones desesperadas, no para las de normalidad. El problema de las pensiones sigue en pie, aquí y en Europa. Es una bomba de relojería: si vivimos más, deberíamos trabajar más tiempo, y que se calcule la pensión con lo aportado durante toda la vida".

"Hay un riesgo de que el problema de las pensiones se perpetúe", advierte Fuentes Quintana; "yo creo que a los políticos les encantan los problemas a veinte años, porque no hay que resolverlos. Es un país que le encanta la generalización: como es un problema de todos, no pasa nada, y no se resuelve. Es difícil conseguir a corto plazo una solución, aunque se han apuntado buenas vías.

Pero hay que introducir criterios de capitalización, para combinarlos con el reparto, para introducir una vía que permita crear fondos de pensiones con más intensidad, como complemento. Hay pequeñas propuestas de soluciones a un problema muy grande, que va a estallar no se sabe cuándo. Veinte años no es nada, pero desde el punto de vista político lo es todo".

Vivienda

Boyer: "La justificación de la burbuja es muy débil: cuando la Bolsa cae un periodo largo, la gente se va a la vivienda, como se va al oro. La situación es ahora mejor que hace 10 años. En los ochenta se habló de una burbuja, y no se pinchó nada, y no parece que se vaya a desplomar ahora".

Fuentes: "La política fiscal estimula la adquisición, con un sinfín de subvenciones, y desprecian el alquiler".

Gastos fiscales

Boyer: "Los beneficios fiscales son muy fáciles de poner, pero imposibles de quitar. Antes de poner una subvención hay que tentarse la ropa; parece inofensiva y luego nunca se quita. Ayuda poco al destinatario y al Estado le hace un agujero como la copa de un pino".

Fuentes: "En Hacienda siempre queríamos que las ayudas fuesen como gasto fiscal. Pero es oscurantista y lleva a la multiplicación imparable del gasto".