TRIBUNA

El AVE no llega a Jauja

Como si fuese un ritual a seguir cada vez que por estos pagos se inauguran modalidades de viajar que se consideran modernas y a la última, nuestros gobernantes no se recatan en ensalzar lo bien que va el país. Y así, mientras cuando se inauguraba el AVE sevillano se atrevían a decir que pronto se nos conocería como los alemanes del sur, ahora, cuando todavía no se han borrado de las retinas las últimas dolinas, se anuncia que pronto dejaremos de ser pedigüeños.

Y no se tenga que sufrir el que nos miren con desdén los alemanes de siempre. Máxime cuando ellos ya no inauguran radiales ni pueden vanagloriarse de crecimientos sostenidos y estabilidades presupuestarias ajustadas a las normas que, cuando los esfuerzos de 1992 dejaban su huella en el Presupuesto y nos ponían en camino de ser como California, creían que no se iban a cumplir en los páramos allende los Pirineos.

Hoy como ayer, por tanto, se ven los horizontes patrios con un color de rosa que dice bastante de lo alejados que están los mandamases de los sofocos que se gasta el personal para llegar a fin de mes. Y aunque es evidente que el acercamiento a los estándares europeos es más que patente, también es notorio que todavía queda mucho por hacer para que aquí se aten los perros con longaniza. Lo cual es casi tan improbable como que se lleguen a conocer las cuentas de los partidos o no se pretenda enmendar cada año la mitad de las leyes al socaire de esa Ley de Acompañamiento que de todo entiende y cualquier tasa trastoca.

Y es que, aunque se canten las lindezas del peaje en sombra para no acosar el sacrosanto dogma del déficit cero, es obvio que nuestra ventaja comparativa estaba y está, en parte, en todo lo que todavía no está hecho.

Aunque de hacerse es probable que no permita que las nuevas radiales se pavimenten con yemas de huevo, como decía Lope de Rueda que estaban las calles de Jauja. Ni evite tener que seguir apelando a pagar con cargo a la Seguridad Social prestaciones que habrían de sufragarse desde ese relamido Presupuesto que se acaba de presentar.

Quizás porque no hace falta ser muy avispados para darse cuenta de que convendría que mejorásemos nuestra competitividad y se afianzasen las políticas que contribuyesen a la cohesión social y la inclusión. Y es que, a pesar de los derroches de autocomplacencia, es fácil maliciarse que gobernar es algo más que estar encantados de haberse conocido y supone mirar con preocupación los riesgos, desajustes y retrasos que todavía se aprecian. Por más que el AVE llegue a su hora, como corresponde a una sociedad que sin ser Jauja tiene más de una excelencia que hace olvidar aquella maldición de que este país lo atrasaba todo. Incluido el pensar en cómo será su futuro cuando ya no se puedan costear los gastos de la I+D+i con fondos estructurales.