TRIBUNA

El nuevo despegue de Japón

El crecimiento de la economía japonesa el segundo trimestre de 2003 fue del 3,9%. Muchos deben estar sorprendidos por las recientes noticias sobre la positiva evolución de la segunda potencia económica mundial. Una gran mayoría debe tener la imagen de que Japón aún no ha conseguido superar las secuelas del estallido de la burbuja de principios de los noventa y que los últimos años está sumido en la deflación, mientras China sigue creciendo. No obstante, Japón está despegando de nuevo.

'El estallido de la burbuja' fue una caída estrepitosa. El Nikkei alcanzó en diciembre de 1989 un máximo de 38.915 yenes y llegó a derrumbarse la pasada primavera por debajo del 8.000. El precio del suelo de Tokio también descendió una tercera parte con relación a los máximos.

¿Y qué es lo que ha hecho el Gobierno japonés este tiempo? En términos generales, y con el nombre de medidas económicas, ha puesto en marcha sucesivos programas de fomento de la demanda combinados con una política monetaria expansiva que ha dejado los tipos de interés a corto en niveles cero, todo ello con el ánimo de minimizar los efectos del estallido de la burbuja sobre la economía. Todos estos esfuerzos no han sido en vano y, aun experimentando caídas del precio de los activos similares a las de la crisis estadounidense de 1929, la economía japonesa no llegó a una depresión profunda, sin duda gracias a estas medidas.

No obstante, las finanzas públicas de Japón experimentaron un deterioro sin precedentes, que hacía necesario un cambio. Es innegable que la política monetaria expansiva no puede situar los tipos bajo cero y las medidas tradicionales han tocado fondo. ¿Por qué no tiene efecto la política de tipos cero? El problema de los préstamos fallidos ha sido un gran obstáculo, impidiendo el aumento de la masa monetaria.

En esta situación nació el Gobierno del primer ministro Koizumi, el verano de 2001. Su lema es 'No hay crecimiento sin reformas estructurales'. Los Gobiernos precedentes también habían adoptado reformas, pero él adoptó una línea diferente basada en tres directrices: alejamiento de políticas expansivas de demanda a través de financiación pública, profundización en la reforma de desregulaciones ('dejar al sector privado aquello de lo que se pueda hacer cargo') y postura firme en el uso de fondos públicos para abordar el problema de los préstamos fallidos.

La primera conclusión es que la política financiera del primer ministro Koizumi se aleja de los métodos keynesianos aplicados por los Gobiernos que le han precedido. Respecto a las desregulaciones, las privatizaciones del servicio de correos y de los entes públicos de carreteras son dos temas que están creando gran polémica porque cambiarán el destino de una cantidad considerable de fondos públicos.

Pero tampoco hay que olvidarse de las llamadas zonas específicas de la reforma estructural. Este término significa que, independientemente de la desregulación a escala nacional, a través de la propia iniciativa de las empresas privadas y los organismos regionales públicos, se intenta acelerar las reformas estructurales mediante la introducción de una regulación más acorde con las necesidades de las regiones.

En cuanto al problema de los préstamos fallidos, la inyección de fondos públicos al Resona Bank, en mayo, ha sido una de las medidas más convincentes de Takenaka, ministro de Política Económica y Financiera. Con la firme postura de este ministerio, la línea Takenaka, se está acelerando la resolución de la morosidad bancaria.

Desde esta primavera el mercado bursátil está evolucionando al alza, avalando los resultados de estas reformas. Hay indicadores que perciben la mejoría de la economía real como he citado al comienzo.

A pesar de ello, la economía japonesa sigue estando frágil. No obstante, recordando que Japón superó las difíciles circunstancias de la crisis del petróleo de los setenta, confío firmemente en su capacidad de recuperación. La crisis del petróleo de 1973 afectó a la economía mundial, pero el impacto en Japón fue mucho mayor porque no producimos casi petróleo. La segunda crisis, de 1978, también le afectó en gran medida, sin embargo, gracias a la experiencia supimos superar la situación mejor que el resto de los países desarrollados con ahorro de energía y racionalización de la gestión empresarial.

Si nos fijamos en la situación actual de la economía japonesa, la producción y las inversiones en bienes de equipo de las empresas están recuperándose visiblemente. Según los datos difundidos ayer por el Banco de Japón, el índice de confianza económica (Tankan) de la industria manufacturera está mejorando significativamente. La masa monetaria aumenta desde que tocó fondo en abril. El mercado bursátil también muestra síntomas de verdadera recuperación. Seis años después de la crisis financiera de otoño de 1997, los préstamos y los gastos de los bancos a escala nacional se han reducido un 22% y un 14%, respectivamente, y la magnitud de sus activos ha recobrado niveles de antes de la burbuja financiera. Con la recuperación de los resultados de las empresas como telón de fondo, los intereses de los préstamos han revertido su tendencia al alza, elevándose tanto la capacidad de asumir riesgos como de conceder préstamos. El índice de precios ha reducido a mínimos su margen negativo y hay opiniones que indican que ha comenzado la cuenta atrás para vencer la deflación.

La economía japonesa está despegando de nuevo y, de hecho, el FMI revisó al alza la previsión de crecimiento para Japón. Ahora bien, ¿cómo reaccionará el ámbito económico español ante la recuperación del segundo mayor mercado del mundo?