Cambios en el Ejecutivo

Rato, vicepresidente primero en un Gobierno de transición

La vacante dejada por Arenas en Administraciones Públicas ha sido cubierta por Julia García Valdecasas, hasta ayer delegada del Gobierno en Cataluña, y la de Josep Piqué en Ciencia y Tecnología, a raíz de su designación como candidato del PP en esta comunidad, por el hasta ahora secretario de Comercio, Juan Costa, a través del cual Rato aumenta su influencia en un Gabinete al que aguarda un recorrido, como máximo, de siete meses.

En la dirección del PP se interpretó ayer el ascenso de Rodrigo Rato a la vicepresidencia primera como una clara compensación de Aznar por haberle orillado en la carrera por la sucesión. Calificaron esta decisión de 'coherente', igual que la de nombrar a Juan Costa, una persona de entera lealtad al ministro de Economía, como titular de Ciencia y Tecnología, un departamento que con Josep Piqué al frente tuvo que lidiar desde julio de 2002 con múltiples interferencias políticas, derivadas en algunos casos del propio entorno de La Moncloa.

Los dirigentes del PP consultados observan en la gratificación concedida a Rato y en el aumento de su influencia dentro del Ejecutivo un reconocimiento explícito a su peso específico dentro del Gobierno, que a partir de hoy le aportará la ventaja de disponer de mando directo sobre un Ministerio, el de Ciencia y Tecnología, del que depende en buena medida la formación de precios, la política de competencia, el crecimiento económico y la modernización del país.

Nadie con autoridad en el PP se atreve a pronosticar qué influencia tendrá el ascenso de Rato a la vicepresidencia primera sobre su carrera política y mucho menos sobre su mantenimiento o no en el Gobierno que a partir de marzo de 2004 pudiera presidir Mariano Rajoy. 'La experiencia reciente evidencia que siete meses en política pueden ser casi toda una vida, máxime en la actual coyuntura, y por tanto sería introducirse en el campo de la política ficción', explica un alto cargo del partido gubernamental, consciente de la clara apuesta que existía en el mundo financiero y empresarial por la opción de Rato como sucesor de Aznar.

Es, precisamente, el corto recorrido que le aguarda al actual Gabinete -sólo restan siete meses hasta las elecciones generales de marzo, con los comicios madrileños y catalanes entre medias- el que limita el alcance real del cambio de Gobierno decidido ayer y conduce algunas de las interpretaciones sobre el mismo al mero campo de los gestos o de lo simbólico, impresión alimentada por el alto grado de ejecución de la política económica, con los Presupuestos de 2004 ya definidos en sus líneas generales y los principales proyectos de ley que se tramitan en el Parlamento sólidamente encauzados.

No obstante, en el PP se concede importancia a otros nombramientos ajenos al área económica, en particular al ascenso de Javier Arenas a la vicepresidencia segunda, que compatibilizará con el Ministerio de la Presidencia dejado vacante por Mariano Rajoy. Arenas gana peso en el Ejecutivo tras abandonar la secretaría general del PP, pero no accede, en contra de lo esperado por algunos sectores del partido, a la portavocía del Gobierno, reservada por Aznar y Rajoy a Eduardo Zaplana.

Un tono menos agresivo

El ministro de Trabajo reúne un perfil político mucho menos agresivo que el de Arenas y se le adjudica mayor cintura política en el trato con la oposición, datos ambos que llevan a pensar dentro del PP que Rajoy ha influido de forma directa en el nombramiento, en la búsqueda de un tono también más acorde con su carácter para el trato con los medios de comunicación. De hecho, será él mismo quien comparta con Zaplana, el primero desde la sede central del PP y el segundo desde La Moncloa, la tarea de proyectar la labor del partido y del Gobierno, respectivamente, en unos meses que pueden considerarse ya de clara naturaleza preelectoral.

Observada desde el punto de vista de los equilibrios internos del PP y del Ejecutivo, la remodelación formalizada ayer arroja una estructura de Gabinete similar a la que Aznar mantiene desde 1996, con dos vicepresidencias, una de naturaleza política y otra económica, aunque en esta ocasión esta segunda sube de rango. Tampoco se le da una importancia excesiva a este dato dentro del partido, donde se recuerda que después de las elecciones de 2000 fue el propio Rato quien renunció a convertirse en vicepresidente primero.

La vicepresidencia segunda, de naturaleza más política, recae desde ayer sobre Arenas, un dato que según algunos dirigentes del PP compensaría en parte la no entrada en el Gobierno del ex ministro del Interior Jaime Mayor Oreja, orillado al igual que Rato en la recta final de la batalla sucesoria.

Si el ascenso de Arenas contenta al sector democristiano del partido y el de Rato al más liberal, el de Zaplana ha causado satisfacción en el entorno de La Moncloa más fiel al presidente Aznar, el que más temía la designación de Rato como sucesor.

Siete meses de recorrido con el programa económico en la recta final

La andadura que le aguarda al nuevo Gobierno formado ayer no supera en ningún caso los siete meses, teniendo en cuenta que las elecciones generales están previstas para la primera quincena de marzo. En este periodo tendrán que celebrarse también las elecciones madrileñas, las catalanas, las andaluzas y las europeas.

En el ámbito parlamentario, que es donde se canaliza la actuación del Ejecutivo, sólo están previstos 13 plenos, incluido el de debate de totalidad de los Presupuestos de 2004 que ya están perfilados en sus líneas generales. A ello obedece que el Gobierno haya apostado por la vía de urgencia para tramitar la mayoría de los proyectos de contenido económico pendientes. Esta vía reduce de cuatro meses a dos el plazo de su aprobación, lo que introduce su debate en una carrera contrarreloj que ya fue bendecida antes del verano por el vicepresidente Rodrigo Rato y el titular de Hacienda, Cristóbal Montoro.

Deberes económicos

Entre los proyectos de ley que han quedado afectados por esta urgencia se encuentran la nueva Ley Presupuestaria, el proyecto destinado a luchar contra la morosidad en las operaciones comerciales, la nueva ley del Seguro y la norma que regulará las subvenciones públicas.

Otro proyecto que Hacienda considera prioritario es el de la nueva Ley Tributaria, ampliamente contestada por la CEOE, por los inspectores fiscales y por los principales grupos de la oposición. Esta norma, que Hacienda ha negociado ampliamente con CiU, ha iniciado en el Congreso una rápida tramitación que se solapará con el debate de los Presupuestos Generales de 2004.