Música

Las webs musicales se rebelan

Estrangulamiento empresarial', así define José Manuel Villar, socio del despacho Villar Arregui y representante de la Asociación de Música en Internet (AMI), la situación a la que las grandes discográficas están sometiendo a las pequeñas webs independientes que tratan de vender música en línea en España. No son muchas, ni representan un gran volumen de negocio, pero no están dispuestas a dejarse pisotear por las multinacionales de la músicas y han llevado su caso ante el Tribunal de Defensa de la Competencia.

Organizadas a través de la AMI, han denunciado la arbitrariedad con la que los sellos discográficos conceden las licencias para comercializar en Internet sus discos y canciones, pues aseguran que otorgan sus permisos exclusivamente a aquellas webs en las que tienen intereses económicos, mientras que se los niegan sistemáticamente a las webs más pequeñas, a pesar de que cuenten con el apoyo y permisos de los autores y los intérpretes a través de acuerdos con la Sociedad General de Autores (SGAE) y la Asociación de Artistas, Intérpretes y Ejecutantes (AIE).

La AMI ha visto cómo la mayoría de las iniciativas independientes de música en Internet se veían abocadas a la desaparición o la marginalidad por culpa de la constante negativa de las discográficas a conceder las pertinentes licencias, cuando no se les ha sometido a una gran persecución. Detrás de sus quejas hay una denuncia muy grave, pues sostiene que las majors (en referencia a las cinco multinacionales que controlan el mercado musical, léase Warner Music, BMC, Sony Music, Universal y EMI) están impidiendo el desarrollo de un nuevo tejido empresarial al calor de las nuevas técnicas para la distribución de música a través de Internet.

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'La Agedi no puede ser juez. Su única labor es la de recaudación y está obligada por ley a conceder licencias a quien lo solicite', asegura Bernabé, de Weblisten

'Es un caso de invasión de mercados. Internet es un medio de difusión igual que lo es la radio, y hay que distinguir entre la producción musical y la difusión, sea cual sea la plataforma', explica Villar. 'La labor de las discográficas es la producción, pero están interponiéndose en el mercado de distribución, están casi aniquilándolo para imponer su control', opina el abogado de la AMI. Actualmente, la AMI representa a seis empresas (el sector no es muy grande, dadas las dificultades legales a las que se enfrentan para desarrollar su actividad, según explican dentro de la asociación), pero ha logrado el apoyo de 400 particulares, que han participado en su campaña de recogida firmas. La querella presentada ante el Tribunal de Defensa de la Competencia el mes pasado señala directamente a Universal Group, al que se acusa de no facilitar licencias a webs musicales, a excepción de MP3.com, sitio de su propiedad. Además, la asociación ha solicitado que el tribunal que investigue las política y comportamiento de Agedi (Asociación de Gestión de Derechos Intelectuales, que representa a todos los productores fonográficos, entre los que se encuentran las principales discográficas).

'Se están negando las licencias sistemáticamente a empresas que quieren cumplir con todos los requisitos legales con una clara voluntad de pagar las cuotas pertinentes. Y Afyve/Agedi no se molesta ni en establecer un diálogo', asegura Santiago Ureta, presidente de la AMI. 'Es una forma como otra cualquiera de eliminar la competencia'.

Las discográficas, contra los usuarios de sistemas piratas

'Las webs que han cerrado no habían solicitado las autorizaciones correspondientes. Algunas han continuado su actividad sin licencia y pretenden que nos sentemos a negociar. Las grandes compañías del disco están defendiendo su negocio y la competencia desde la legalidad', responde Antonio Guisasola, presidente de Afyve y Agedi. Guisasola cree que las acusaciones de la AMI no tienen base, y alude a las licencias que Agedi ha concedido a webs españolas como los40.com o Aki Música de Telefónica. En la dirección www.pro-music.org se reúnen las principales páginas musicales que tienen licencia de Agedi y sus homónimos europeos, pero lo cierto es que la mayoría está asociada a operadores, grandes grupos de medios u operadores de telecomunicaciones.

'Tenemos que imponer las mismas condiciones a todas las partes. No podemos discriminar a nadie y lo que sucede es que muchas veces las webs más pequeñas no están dispuestas a pagar nuestras tarifas porque no les resulta rentable', apunta Guisasola. Además, la Agedi cree que es necesario tener en cuenta que en muchas ocasiones estas pequeñas webs no resultan lo suficientemente fiables. 'Tenemos que asegurarnos que ponemos nuestro producto en sitios que cumplen con unos umbrales mínimos de calidad, seguridad y rendimiento', dice Aguirre.

Y es precisamente en este punto donde salta la polémica con los sitios webs más pequeños, que ven en estas declaraciones la prueba de que la Agedi está siendo selectiva a la hora de conceder sus licencias y está bloqueando la entrada en el mercado de quien no le conviene. 'La Agedi no puede ser juez. Su única labor es la de recaudación y está obligada por ley a conceder licencias a quien lo solicite', subraya Jaime Bernabé, adjunto a la presidencia de Weblisten, la página musical más veterana de España, que está sumida en un enfrentamiento con Agedi desde hace cuatro años.

Weblisten es el caso más sangrante de los que representa la AMI. Esta web lleva explotando su modelo de descargas musicales de pago desde 1998. En este tiempo ha logrado más de 250.000 usuarios registrados y 50.000 clientes de pago, todo un logro en un sector que está dominado por sistemas de intercambio gratuito de ficheros entre internautas. Con su sistema de bonos, Weblisten facturó 250.000 euros en 2002, lo que supuso un crecimiento del 20% respecto al año anterior, y espera aumentar sus ventas un 40% en 2003. Este es el fruto de cinco años y medio de trabajo, experimentando en un campo muy nuevo, como es el de las descargas pagadas de música donde Weblisten ha logrado hacerse un pequeño hueco donde muy pocos están consiguiendo sobrevivir, incluidas las tiendas virtuales creadas por las majors.

La persecución a Weblisten

Weblisten solicitó las autorizaciones para poder distribuir música en formato MP3 desde su creación. Primero obtuvo la licencia de la SGAE y en 1999 llegó a un acuerdo con la AIE. El contrato firmado con la AIE, con validez hasta 2008, cubre las recaudaciones para los artistas y, según defiende Weblisten, incluye las tarifas correspondientes a los productores. La AMI actúa como ente recaudatorio común y, a posteriori, reparte las cuotas con Agedi. Pero Agedi no entiende que este contrato cubra sus licencias y desde entonces reclama el pago de derechos a Weblisten.'Hay un contrato vigente que la Agedi no puede ignorar; otra cosa que deberán resolver por su cuenta es si existe un solapamiento entre la Agedi y la AIE', explica José Manuel Villar. La AIE no ha querido mostrar su opinión en este asunto.

Por el momento, y después de que las demandas de Agedi hayan sido archivadas en dos ocasiones, Weblisten sigue su actividad y se ha convertido en uno de los abanderados de la lucha por la libre competencia y por denunciar la postura de bloqueo a la que están sometiendo las discográficas a todo aquel que empieza a sobresalir en la distribución de música en Internet. 'Están bloqueando el desarrollo de un nuevo sector y en concreto están limitando el potencial de crecimiento de Weblisten', asegura Bernabé. Mientras que Agedi dice que todos los casos presentados por parte de Weblisten denunciando su supuesto abuso por posición dominante han sido desestimados y no han llegado a los tribunales.

Weblisten, y con ella la AMI, defienden que no va a existir la libre competencia en el sector de la música en línea hasta que se dé una igualdad de condiciones para todos. Sus reclamaciones pasan porque se depositen unas tarifas fijas aplicables ante un organismo público como el Ministerio de Cultura. Hasta ahora, sin que exista una descripción exacta de la actividad de descargas musicales en Internet, se están aplicando las tarifas de 'transmisión por cable' que Agedi tiene depositadas en dicho ministerio, y que es la que Weblisten viene liquidando. Pero Agedi quiere imponer otras cuotas, pues considera que Internet es un mercado distinto que merece otras cuotas, que son las que está aplicando a las webs a las que concede licencias. Agedi asegura que piden las mismas condiciones a todos los solicitantes, pero no hay un organismo que controle estas tarifas.

'Están imponiendo sus condiciones, sin que haya lugar a un acuerdo. Nunca han pretendido mantener una relación lógica con estas webs. Su actitud ha sido siempre la de esquilmar el sector', asegura Villar, que cree que hasta septiembre el Tribunal de la Competencia no se pronunciará.

La gran esperanza para las pymes que se han atrevido adentrarse en este complicado mercado es la nueva directiva europea sobre propiedad intelectual, que se debe aplicar en breve en nuestro país, que ya califica las descargas musicales y las equipara a otras actividades cubiertas por las actuales tarifas de transmisión por cable.

Desde que Napster popularizó los sistemas que permiten copiar una canción de un ordenador a otro sin pagar ningún canon (respaldándose en el derecho de la copia privada), las multinacionales del disco no han vuelto a dormir tranquilas. Desde entonces, las discográficas están obsesionadas por controlar un canal que se salta todas las reglas de un mercado que hasta ahora dominaban entre cinco grandes corporaciones.

La última de las medidas por tratar de parar el avance de los sistemas de intercambio de archivos ha sido amenazar a los usuarios, a quienes ya han comenzado a denunciar y perseguir.

La RIAA (Asociación de Industria Americana del Disco) suavizó la semana pasada el tono de su impopular discurso, que le ha llevado a que comparen sus métodos con los de la Gestapo, e insistió en que sólo se tomarían acciones legales contra aquellos que copiasen cantidades 'sustanciales' de música en Internet. La asociación se ha tomado la molestia de escribir un mensaje a millones de usuarios que intercambian sus canciones de ordenador a ordenador para comentarles que sólo los que copiaban mucho tenían algo que temer.

En España, el país europeo con mayor número de usuarios de estos sistemas de intercambio, según AC Nielsen/NetRatings, 32 empresas de software copiaron la iniciativa de la RIAA. La teoría es que Kazaa, Gnutella o Edonkey sólo proporcionan las herramientas para cometer los delitos y realmente al que se debe perseguir es al usuario, por lo que se ha denunciado a más de 90.000. Landwell-Pricewaterhousecoopers, que lleva el caso, cree que la demanda no arrancará hasta septiembre.

Weblisten, que sabe que los sistemas piratas causan mucho más daño a su negocio que los roces legales con las discográficas, cree que Agedi aprovecha para crear confusión.

'Entre los modelos hippies de intercambio de archivos y las cinco discográficas que están desarrollando sus propias plataformas de distribución y que controlan las licencias a través de Agedi, España se sume en un agujero negro de dependencia tecnología exterior que no generará ninguna riqueza en nuestro país', concluye Jaime Bernabé.