EE UU

Los tipos de interés a largo plazo de EE UU, en máximos, enturbian la mejora bursátil

La revisión al alza del producto interior bruto de Estados Unidos de segundo trimestre, que pasó de un 2,4% a un 3,1%, tuvo un efecto limitado sobre los mercados. La Bolsa bajó y el tipo de interés de la deuda también, al revés de lo que ha venido ocurriendo durante las últimas semanas de mejora de expectativas. El bono estadounidense a 10 años cerró en el 4,46%, a apenas un 1% del máximo marcado hace 10 días. El mínimo del año, marcado en junio, está en el 3,114%.

Esta subida en los tipos refleja las expectativas del mercado de que la economía estadounidense marcha por el buen camino, que la inflación subirá y que los tipos de interés de referencia tendrán que salir, a medio plazo de los mínimos de varias décadas en los que se encuentran. Son las mismas expectativas que han permitido a las Bolsas superar, tímidamente, el rango de fluctuación de precios en el que han pasado la mayor parte del verano.

Pero, de forma paradójica, este comportamiento supone una amenaza para la recuperación de la economía y para la propia Bolsa. Aún es pronto para hablar de un riesgo real para el mercado, pero sí es un factor que enturbia el panorama.

Uno de los pilares de la economía estadounidense es el mercado inmobiliario, que en Estados Unidos depende de los tipos de interés a largo plazo y no, como en España, de los cortos. En julio se vendieron más viviendas usadas que en ningún otro mes de la historia de EE UU, y los precios han subido un 12% en el último año, la mayor alza en 23 años. Pero la subida de los tipos de interés a largo plazo ya ha pesado en el mercado hipotecario, y la semana pasada las peticiones de hipotecas cayeron al nivel más bajo en 14 meses. Una eventual crisis inmobiliaria sería un obstáculo insuperable para la incipiente recuperación, y algunos expertos señalan que es el principal riesgo para la estabilización de los mercados financieros.

De forma paralela, los tipos más altos hacen más cara la financiación de las empresas, y la caída en los precios supone una desvalorización de las carteras.

Atentos a la Fed

Este comportamiento, además, contrasta con los bajos tipos de interés de referencia. Pero está inducido por la Fed, que compatibiliza su confianza en la recuperación de la economía con el mantenimiento de tipos de interés bajos.

En este sentido, cobran importancia las palabras que hoy pronuncie el presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, que participa este fin de semana en una conferencia de banqueros centrales de todo el mundo. Pero la reacción de Wall Street puede no llegar hasta el martes, dado que el próximo lunes es jornada festiva (Día del Trabajo) y los mercados no abren.

Greenspan habla hoy ante sus colegas

Banqueros centrales de todo el mundo escucharán hoy a Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, durante el encuentro anual de política monetaria organizado por la Fed en las Montañas Rocosas. El discurso de Greenspan tiene un título ilustrativo: Política e incertidumbre. Los mercados esperarán nuevas palabras de aliento en un escenario donde la recuperación económica está construida más sobre expectativas que sobre cifras.

El déficit pantagruélico de Bush

La Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos advirtió ayer que la brecha entre ingresos y gastos alcanzará los 480.000 millones de dólares el próximo año y puede llegar a sumar un total acumulado de 5,8 billones de dólares dentro de 10 años. Esta visión, contraria a la del Gobierno Bush, que espera que el déficit se reduzca a partir de 2006, es compartida por economistas de Goldman Sachs, BNP Paribas o UBS Warburg. El Fondo Monetario Internacional ha reprochado al Gobierno sus proyecciones por exceso de optimismo.

¿Qué implicaciones tiene un déficit de tanto calado? La más relevante es la subida de los tipos de interés de la deuda que se debe emitir para poder cubrir la brecha. Como hay que colocar muchos bonos, el tipo de interés de éstos sube. Los altos tipos de interés suponen un lastre para la Bolsa porque eliminan los incentivos a invertir en renta variable y porque suponen un freno al crecimiento económico, en la medida en que dificultan la financiación de las empresas y enfrían el mercado inmobiliario.

Así, la pobre demanda de letras a dos años que se registró en la subasta de 25.000 millones de anteayer escamó a algunos operadores. Se ofrecía deuda a dos años al 1,9% cuando hace un mes se pagaba el 1,54%. Pese a ello, y a que el tipo de interés es casi el doble del de los Fed Funds, la demanda fue inferior a otras subastas al quedarse en 1,7 veces la oferta. En el próximo mes, el Tesoro tiene previstas ventas de deuda por valor de 50.000 millones de dólares.