EDITORIAL

El otro drama de Zeltia

Aparentemente, el drama de Zeltia ha sido esta semana todo lo público que cabía esperar. Toda la luz sobre el escenario. Las cámaras siguiendo cada movimiento de los actores. El valor desplomándose en Bolsa. Y sin embargo, la verdadera tragedia ha ocurrido entre bambalinas, lejos de la atención de los medios de comunicación. Un puñado de enfermos de un cáncer extraño han visto desvanecerse la ilusión de un fármaco esperanzador tras la recomendación de la Agencia Europea del Medicamento de no autorizar la comercialización de Yondelis, el producto estrella de Zeltia. A ello hay que añadir la especulación sobre la compañía. El implacable dictamen de los mercados financieros (la acción se desplomó ayer un 18,5%). La forma poco cuidadosa, cuando menos, con la que Zeltia ha jugado con las expectativas. ¿El resultado? Un drama con implicaciones éticas que merece una severa reflexión.

Primero, la Agencia Europea del Medicamento ha tomado una decisión errónea. Sus expertos consideran que Yondelis, diseñado para tratar el sarcoma de tejido blando, un tipo de cáncer muy extraño y poco extendido, no ha demostrado suficientemente sus capacidades terapéuticas en toda la población de pacientes afectados. Las reglas son duras, pero son las reglas. Sin embargo, la inmensa mayoría de expertos en oncología que esta semana se han pronunciado sobre el tema en toda Europa opinan lo contrario. Todos consideran que resulta cruel denegar el tratamiento a una parte de los enfermos en los que Yondelis sí resulta beneficioso.

Aquí aparece una primera fractura. La burocracia europea parece estar muy alejada de la praxis diaria de la medicina en los hospitales. Sistemáticamente, todos los médicos responsables de este tipo de pacientes han considerado que Yondelis puede ser una opción viable para algunos enfermos. Ahora se verán forzados a negarles un medicamento que saben que puede funcionar. No es la primera vez (ni en éste ni en otros campos), donde la rigidez burocrática comunitaria conduce a situaciones absurdas.

Segundo, la agencia, con su negativa, ha enviado el peor mensaje posible a la industria biotecnológica europea. A saber, el desarrollo de tratamientos para enfermedades raras, o cuya eficacia se limita a un subtipo especial de pacientes no tiene futuro. Y aquí entran en juego, de nuevo, los mercados financieros. Las compañías biotecnológicas acuden a la Bolsa para financiar el desarrollo de este tipo de medicamentos. Y se desploman cuando sus productos no logran la autorización pertinente. Nada que objetar en la mayoría de ocasiones. En este caso, además, Zeltia no ha sabido (o querido) administrar sus tiempos y ha prometido más de lo que debería haber hecho, en un tema tan delicado como éste, de esperanza contra la muerte. Sin embargo, todo apunta a que la agencia europea tampoco ha logrado un adecuado equilibrio entre los riesgos y los beneficios de todos: las empresas que se arriesgan, y los pacientes, en su mayoría enfermos terminales.