Informe

Duisenberg acusa en su despedida a los Gobiernos de fracasar en las reformas

Wim Duisenberg compareció ayer por última vez ante el pleno del Parlamento Europeo, una institución en la que ha encajado algunas de las críticas más despiadadas a su gestión al frente del Banco Central Europeo. Pero el holandés, que dejará el puesto a finales de este año, no devolvió el golpe y reservó, en cambio, las únicas palabras agrias de su despedida para los Gobiernos que más de una vez han intentado violar su independencia.

Quienes apelan a la política monetaria para recuperar el crecimiento, acusó, simplemente encubren su falta de coraje para emprender las reformas laborales, fiscales y económicas que necesita la zona euro. 'Schröder, Raffarin y Berlusconi, entre otros, han pedido al BCE que haga algo', recordó al hilo de una pregunta parlamentaria. 'Déjenme ser claro en este punto: el nivel actual de tipos es el apropiado para la coyuntura económica'.

'La política monetaria ha hecho ya su parte', sentenció el holandés. 'Y ahora los Gobiernos, quizá suene un poco afilado, ya no pueden esconderse detrás del BCE para intentar ocultar su fracaso en acometer las reformas que tan urgentemente se necesitan'.

Duisenberg recordó que los tipos de interés (2%) 'han caído hasta unos niveles históricamente bajos', pero 'la política monetaria por sí misma no basta para crear empleo y generar crecimiento de modo duradero'. 'Otros actores tendrán también que asumir sus responsabilidades', arrojó el guante en un momento en que los Gobiernos de Alemania y Francia se baten contra la oposición y los sindicatos para intentar imponer una agenda de reformas económicas.

'Parte de la debilidad del crecimiento económico en la zona euro', advirtió Duisenberg, 'puede estar ligada a la falta de ambición tanto en la política fiscal como en las reformas estructurales para mejorar las condiciones de la inversión y el empleo'.

El presidente del BCE hizo así gala, quizá por penúltima vez, de una independencia que hasta las voces más críticas le reconocen al final de su mandato.

Incluso el Parlamento, que ha cuestionado repetidamente las decisiones de política monetaria del BCE, rendía ayer tributo a la resistencia demostrada por el holandés frente a los Gobiernos de la zona euro. 'Ha quedado clara su independencia, alejada de orientaciones políticas', elogió el eurodiputado holandés Hans Blokland, autor del informe sobre la actuación del BCE en 2002 aprobado ayer por el Parlamento.

Independencia

No falta, sin embargo, quien acuse a Duisenberg de haber retrasado ciertas decisiones para imponer silencio entre los ministros de Economía, supeditando el interés de la zona euro a un prurito de independencia. Duisenberg defendió ayer ante un hemiciclo casi vacío la 'puntualidad' de sus decisiones sobre el precio del dinero (15 movimientos de tipos en cinco años), aunque durante su mandato los tipos de interés han llegado a permanecer inalterados durante 11 largos meses de guirigay a favor de la relajación (Alemania, Francia, Bélgica) o del statu quo (España, Irlanda).

En no pocas ocasiones las bajadas (ocho en total) o subidas (siete) de tipos sólo han llegado tras el soterramiento de las demandas públicas de los ministros. El veredicto final sobre la tozudez o el realismo de Duisenberg, el acierto o la lentitud de sus reacciones, dependerá en buena medida, curiosamente, de la evolución de los precios después de su salida del BCE.

El impacto de las decisiones sobre tipos suele reflejarse en la economía real entre 12 y 18 meses después de su adopción, por lo que a partir de este mes podrá juzgarse la racionalidad de haber mantenido los tipos en el 3,25% desde el 9 de noviembre de 2001 hasta el 6 de diciembre de 2002.

Por ahora, Fráncfort puede cantar victoria. En mayo de este año, la inflación de la zona euro (1,9%) se situó por primera vez por debajo del 2% anual que el BCE se fijó como objetivo al comienzo de la unión monetaria (1 de enero de 1999). Duisenberg auguró ayer que el aumento de los precios se mantendrá en esos niveles durante todo 2004 y no volverá a repuntar hasta 2005.

Pero el riesgo, según sus críticos, es que el revulsivo de los últimos seis meses (una rebaja d e 75 puntos básicos en el precio del dinero) llegue demasiado tarde para espantar el fantasma de la deflación. El holandés asegura que 'la deflación no está a la vuelta de la esquina (...) ni en la zona euro como conjunto ni en ninguno de los Estados individualmente'. Su confianza le permite apostar de nuevo por dejar intactos los tipos de interés. Los escasos eurodiputados que se dignaron escuchar al presidente evitaron discutir su apreciación de la coyuntura económica. Las polémicas habituales en las sesiones de control del BCE no se repitieron en el momento del adiós.

El BCE teme a 'míster Euro'

El Parlamento Europeo aprobó ayer un informe sobre el papel internacional del euro en el que pide un representante permanente de la zona que mejore la visibilidad y la credibilidad internacional de la divisa comunitaria. El autor del informe, el eurodiputado de Convergencia i Unió Carles Gasòliba, plantea la posibilidad de que el nuevo cargo presida la reunión mensual de los ministros de Economía de la zona euro (en la actualidad, la presidencia rota cada seis meses entre los 12 ministros) y ocupe al mismo la vicepresidencia de la Comisión Europea. En el futuro, esta figura míster Euro, 'o señora Euro', como precisa Gasòliba, podría representar a la unión monetaria en los foros económicos internacionales como el FMI, la OCDE o el G-7.

El actual comisario europeo de Economía, Pedro Solbes, coincide en que 'haría falta que el eurogrupo lo presidiese una persona dedicada a esa labor a tiempo completo'.

El BCE, por el contrario, rechaza la creación de una figura singular para la zona euro. 'El BCE se muestra reacio', explica Gasòliba, 'porque piensa que la representación internacional le corresponde'. Para Fráncfort, míster Euro ya existe en la figura del presidente del BCE.