Lealtad, 1

El peligro de estar fuera de juego

El fútbol es en un alto número de países el mayor espectáculo del mundo desde hace muchos años. En nuestro país, los beckhams, ronaldos, raúles y demás animan el cotarro cuando aún no se han acallado los ecos de la consecución de la Liga de Campeones. El resto de los equipos participantes también acapara los medios con compras y ventas de jugadores.

El lenguaje y la jerga que emplean los observadores y expertos en la materia, aunque en la mayor parte de las ocasiones son palabros importados, resultan, no obstante, de fácil comprensión. Por eso, determinados estrategas bursátiles rehuyen de la palabrería incomprensible utilizada desde siempre en el análisis del mercado e incorporan en sus diálogos vocablos del espectáculo de moda.

Es la posición de fuera de juego (el orsay, como fonema utilizado en castellano del outside anglosajón) la que mayores peligros comporta, incluso más que el temido penalti. Los jueces del partido son más temerosos a la hora de dictar la pena máxima que a la de decidir si el jugador que encara la portería contraria supera una micra al defensor. Es esa línea no marcada la que aparece en milésimas de segundo y de cuya interpretación depende, en numerosas ocasiones, la victoria o la derrota.

En la Bolsa actual sucede lo mismo. El fuera de juego se ha convertido en una posición letal. Quienes osan adelantarse unos milímetros a las encuestas que vienen suelen ser penalizados. Desde marzo de 2000 han sido muchas las ocasiones en que los participantes del mercado han especulado con tiempos mejores. Siempre confiando en el segundo semestre. Se han adelantado a la defensa y han cometido falta, porque luego las referencias no eran las esperadas.

En lo que va de semana, el pulso económico no es el esperado. Las referencias defraudan, pero el árbitro del encuentro considera a veces, como ayer, que no existe fuera de juego y da la victoria al atacante.