Política

La presidencia de Simancas en Madrid, en el aire

El jarro de agua fría cayó sobre los 54 diputados del PSOE e IU que asistían por la mañana a la constitución de la Asamblea regional cuando comprobaron, para su desgracia, que sus compañeros de escaño Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez no habían acudido a votar y se encontraban en minoría frente a los 55 diputados del PP. La fuga de ambos puso en manos de este último partido la presidencia de la Asamblea regional y, por tanto, el calendario para convocar una sesión de investidura de la que, de no cambiar la aritmética parlamentaria, puede salir elegida presidenta de la comunidad la candidata del PP Esperanza Aguirre. El Ejecutivo regional maneja un presupuesto anual superior a los 14.000 millones de euros.

Concepción Dancausa, la nueva presidenta de la Asamblea, dispondrá a partir del jueves de 15 días para convocar dicha sesión. Las declaraciones efectuadas ayer por Eduardo Tamayo para justificar su comportamiento no abonan la hipótesis de una marcha atrás. El diputado mantuvo que tanto él como María Teresa Sáez, expulsados de forma fulminante del PSOE, decidieron ausentarse del pleno por estar en desacuerdo con la estrategia de Simancas de pactar el Gobierno regional con Izquierda Unida, un pretexto que provocó risas teñidas de indignación entre sus ex compañeros de partido.

Sin embargo, detrás de esta afirmación consta un largo rosario de encuentros entre los diputados díscolos del PSOE y el secretario de Organización de la Federación Socialista Madrileña, Antonio Romero, en los que le expusieron de forma imprecisa las condiciones para no abandonar la disciplina de partido. Entre ellas figuraron, según fuentes de la FSM, la adjudicación de la cartera de Justicia y un cambio en el reparto de cargos inicialmente previsto en la Mesa de la Asamblea regional. Las peticiones de ambos diputados llegaron, también de forma difusa, al secretario de Organización de la ejecutiva federal, José Blanco, con quien el mismo lunes mantuvieron una conversación. La negociación dentro de la FSM duró hasta primeras horas de la mañana de ayer.

Rafael Simancas subrayó que ni Tamayo ni Sáez expresaron en los órganos de gobierno del partido discrepancia alguna con la estrategia decidida en ellos. Ayer, nada más tener constancia del paso sin aparente retorno que habían dado los dos diputados, Simancas se puso en contacto con el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, a quien el espectáculo ofrecido en la Asamblea regional por su grupo le ha cogido a contrapié, precisamente cuando había puesto grandes expectativas en el Gobierno regional madrileño y en su proyección en todo el Estado.

Renovadores por la Base

Los dos diputados pertenecen dentro de la FSM a la corriente denominada Renovadores por la Base, encabezada por José Luis Balbás, que nació en 1994 con la aspiración de convertirse en bisagra cuando la fractura de la FSM se hizo visible a través de las dos facciones lideradas por Joaquín Leguina y José Acosta. Su trayectoria es muy irregular, ya que esta corriente se ha colocado a favor de uno u otro sector según las circunstancias. Ella misma se adjudica el 20% de seguidores dentro de la federación, mientras que el 50% corresponderían al guerrismo y el resto a los antiguos renovadores, también muy fragmentados.

Esta división choca con la foto de unidad de la que presumió Rafael Simancas el pasado viernes ante el comité federal del PSOE y revela hasta qué punto la FSM, entre otras federaciones, sigue siendo víctima de las querellas internas.

En el congreso federal de julio de 2000 los Renovadores por la Base apostaron con éxito, desde el abrigo del guerrismo, por el liderazgo de Zapatero. Anteriormente, en el congreso extraordinario que había celebrado la FSM, dejaron a Joaquín Leguina en la estacada, apostando a última hora por Fernando Morán.

Leguina recordó ayer que la inclusión de Tamayo y Sáez en las listas a la comunidad de Madrid fue inducida personalmente por el secretario de Organización, José Blanco.

Tamayo gestiona una inmobiliaria en La Cabrera

Eduardo Tamayo Barrena, un cordobés de 48 años licenciado en Derecho, era diputado del PSOE desde 1999 y militaba en el partido desde 1985. En su currículo como diputado consta una denuncia contra el PP por una recalificación urbanística presuntamente irregular en la localidad madrileña de La Cabrera. Allí, precisamente, gestiona una sociedad inmobiliaria en activo, Losa Morilla, SL, constituida en 1990 con un capital de 30.000 euros. Su objeto social, según el registro mercantil, es la 'redacción y desarrollo de proyectos de arquitectura e ingeniería, referidos a todo tipo de espacios urbanos, edificaciones y obras de construcción civil en general'.

María Teresa Sáez, compañera de escaño de Tamayo e inscrita en la misma corriente del PSOE que él, pertenecía a la ejecutiva regional de este partido desde 1997 y tiene en su posesión el título de graduado escolar y secretariado.

José Luis Balbás, cabeza de la corriente Renovadores por la Base, a la que pertenecen los dos diputados expulsados ayer del PSOE, tiene abierto un expediente en la comisión de ética de su partido, a raíz de la denuncia presentada por un militante socialista de la madrileña localidad de Collado Villalba relacionada con presuntos negocios inmobiliarios. En este expediente se citan también los nombres de Tamayo y Sáez, los dos diputados que ayer hicieron posible con su ausencia la elección de la diputada popular Concepción Dancausa como presidenta de la Asamblea de Madrid.

Tamayo dejó claro ayer que no dejará su escaño.