EDITORIAL

Turismo e inflación

Los hoteleros han incrementado los precios de su oferta turística en los destinos de playa para este año en un 5,2%, según una encuesta realizada entre casi un centenar de alojamientos en las diferentes zonas de vacaciones de la costa española. Por cuarto año consecutivo, las vacaciones en los destinos veraniegos más tradicionales elevan sus precios notablemente por encima de la inflación, y se convierten así en uno de los componentes inflacionistas más activos del año.

Este ejercicio ha sido especialmente difícil para la planificación del sector, con un conflicto bélico muy reciente y una crisis económica prolongada en las grandes economías europeas. Pero el primero de estos hechos ha desplazado tradicionalmente el negocio hacia España, por considerarse un espacio seguro frente a otros destinos competidores. En esta campaña también se ha atisbado tal movimiento, pero no de forma tan masiva como la que se produjo en los años noventa como consecuencia de la guerra en Yugoslavia.

Las llegadas estimadas de británicos y alemanes, los que tradicionalmente vienen de forma más cuantiosa a España, se han recortado ya en las estimaciones conocidas por las encuestas oficiales. En el caso alemán, además de la crisis de demanda, disponen de una nueva oferta turística muy cercana geográficamente y con fuertes crecimientos en los últimos años, como es el caso de la costa croata, que empieza a estar empresarial y popularmente colonizada por los alemanes. Por lo que se refiere a los británicos, la apreciación súbita del euro en los últimos meses ha deteriorado notablemente su posición financiera frente a los países de la zona euro, lo que recorta las posibilidades de vacaciones en España, entre otros destinos.

Pero pese a esta situación adversa, la oferta sube otra vez los precios más del doble que la inflación estimada. Siguen considerando que el flujo de turistas españoles salvará su campaña, tal como lo ha hecho en los últimos ejercicios. Los responsables del sector siempre echan mano de una supuesta elevación de la calidad para justificar alzas de precios que amenazan con engullir las posibilidades de la primera industria del país. Pese a los reiterados llamamientos de la Administración para que moderen sus precios, incluso con amenazas tales como castigos fiscales si mantenían su actitud, los empresarios del sector han huido hacia adelante, y se han limitado a cuestionar el sistema de cómputo de precios del Instituto Nacional de Estadística.

Los hoteleros mantienen una política peligrosa de tarifas que bien podría matar lentamente la gallina de los huevos de oro, pese a que cuando atisban indicios de crisis solicitan de urgencia un empujón a su actividad vía subvenciones, como ya ocurrió el pasado año tras los atentados del 11 de septiembre. En un mercado cada vez más competitivo y con gran movilidad de la demanda, deberían mantener una actitud más conservadora con su negocio futuro y, de paso, más activa y comprometida en la lucha colectiva contra la inflación.