Despidos masivos

Las 'telecos' invierten en colocar a sus parados

El sector, incapaz de reabsorber la bolsa de profesionales derivada de sus ajustes, contrata a consultoras especializadas

Durante el último medio año 242 ex trabajadores de Ericsson España se han levantado cada mañana con un objetivo en mente: encontrar trabajo. Sus nombres figuraban en el expediente de regulación de empleo (ERE) que el fabricante sueco de telecomunicaciones aplica desde diciembre de 2002 en su filial. A su favor juega que la propia Ericsson ha invertido en su reinserción laboral contratando a una consultora de recolocación que les acomode en otras empresas. En contra pesa la situación crítica del sector de las telecomunicaciones. Según diversas fuentes, sólo un 20% de las personas que pierden su puesto volverá a ocupar la misma actividad para la que está cualificado.

Si el mensaje en 2001 era que las tecnológicas demandaban miles de profesionales en todo el mundo (500.000 en Europa y 100.000 en España, según IDC), la realidad de 2003 es que continúan los recortes y que el propio sector es incapaz de acomodar a los comerciales, técnicos, ingenieros y directivos en paro. Los datos de las consultoras estadounidenses Challenger, Gray & Christmas y CBS Marketwatch arrojan cerca de 400.000 despidos desde 2001. Entre las multinacionales más afectadas están Lucent Technologies, Nortel Networks, Motorola, Alcatel, Siemens, Hewlett-Packard y la citada Ericsson. Y a ellas se suman la cantidad de pymes que dejaron a su personal en la calle tras el estallido de la burbuja puntocom. 'Muchas están adaptando su tamaño a las ventas y las que pueden invertir en capital humano son cautas', cita un miembro del equipo de recursos humanos de Telefónica Móviles.

A la sombra de esta preocupante situación crece el negocio de la 'recolocación', servicio prestado por consultoras especializadas en cuestiones laborales. Se trata de ofrecer apoyo, acordado con la compañía que atraviesa dificultades, para minimizar el impacto de los despidos. Formación para afrontar una entrevista de trabajo, atención psicológica durante el periodo de paro o la búsqueda de oportunidades son algunas de sus labores. El precio medio de uno de estos programas es de 3.000 euros por cada participante y vienen a extenderse entre seis y nueve meses. La inversión no es afrontada por el parado, sino por su antigua casa.

Los responsables de estas empresas reconocen haber encontrado un filón en las telecomunicaciones y, en general, en el mundo de las nuevas tecnologías. La Asociación Española de Consultoras de Outplacement (AECO) representa a cinco entidades que mueven el 80% del negocio. Sus previsiones para 2003 pasan por generar 25 millones de euros, un 30% más que el pasado ejercicio, pero mucho menos de lo que refleja la actividad en Reino Unido, Francia u Holanda. 'El potencial del mercado español debería arrojar una facturación compartida entre las distintas consultoras de unos 75 millones, pero el hecho de que no exista una legislación que regule nuestras prácticas y que tampoco esté desarrollada la cultura de la recolocación entre las empresas merman nuestras posibilidades', aseguran fuentes del colectivo empresarial.

El presidente de AECO, Pau Hortal, explica que las entidades químico-farmacéuticas y las financieras eran las que más personas dejaban en el paro hasta 2000. Pero ese lamentable protagonismo lo comparten desde entonces con las tecnológicas. 'Antes fue el estallido de la burbuja, y ahora son los procesos de concentración y los ajustes de las grandes multinacionales los que están creando importantes bolsas de profesionales', analiza Hortal.

Aunque el principal objetivo en una situación de desempleo es encontrar trabajo, el presidente de AECO reconoce que, en el caso de los expertos en telecomunicaciones, lo general es dar un paso atrás. 'Tienen que ser conscientes de que tendrán tiempo para volver a la que ha sido su actividad, pero es difícil mejorar lo que ya tenían'.

Diversas consultoras coinciden en que los profesionales que provienen de portales de Internet, operadores de telefonía o fabricantes de equipos de redes deben soportar el mal menor. La pérdida de poder adquisitivo suele rondar un 20%, ocuparán puestos que requieren menor cualificación y trabajarán, en muchos casos, con menos medios.

Aunque hay excepciones. Enrique Vilar, de 45 años, ocupó durante cinco la dirección en España de una de las compañías estadounidense líderes en la fabricación de equipos para operadores de cable cuyo nombre prefiere mantener en secreto 'porque firmé una cláusula de confidencialidad', dice. Hace seis meses tuvo que abandonar su despacho en la multinacional tras ser anunciada la concentración en Bruselas de las funciones directivas, lo que afectó a las filiales española, alemana, danesa y británica. Ha estado cuatro meses tirando de sus contactos para buscar un nuevo empleo. Lo ha encontrado y en el mismo sector.

Este ingeniero de telecomunicaciones, al que no le ha quedado más remedio que 'interiorizar las reglas de juego que conlleva cualquier puesto directivo', lleva dos meses ocupando el puesto de responsable comercial en Infoglobal, una empresa española de 150 empleados dedicada a la implantación de soluciones tecnológicas de alto valor añadido.

Todos, sin embargo, no tienen la misma suerte. Volviendo al caso de Ericsson, el pasado mes de enero 242 de sus 462 despedidos pasaron a manos de la consultora DBM para participar en un programa que cuesta a la firma sueca unos 700.000 euros. Durante el primer trimestre sólo 16 volvieron a tener una nómina en otra empresa y la lista alcanzaba los 46 nombres el pasado 7 de mayo. 'Ellos se comprometieron a colocar al 75% de nuestros compañeros, pero está a punto de cumplirse el contrato y sólo han llegado al 19%', explican miembros del comité de empresa de Ericsson.

DBM, que tiene experiencia con Xfera y Lucent, argumenta que el de las telecomunicaciones es un campo con grandes dificultades para buscar oportunidades. Otros, como Moa Groupe BPI, ven en la falta de resultados un trabajo poco eficaz. 'Nos ganaron ese contrato con una oferta increíble y, evidentemente, no pueden ofrecer los mismos servicios', señala el consejero delegado de Moa Groupe BPI, Juan Luis Goujon. Este directivo recuerda que su empresa colocó en cinco meses al 80% de los trabajadores de Ericsson afectados por los recortes en la planta de Zamudio. 'Tras esos resultados perdimos al cliente porque DBM entró en una guerra de precios que se ha generalizado por la presión de las tecnológicas y los bajos resultados que consiguen algunos'.

Pau Hortal reconoce la existencia de la citada guerra de precios en su actividad y que esto podría afectar a la calidad de los servicios prestados. El coste medio por participante suele ser de 3.000 euros, de los que entre un 20% y un 30% suponen el margen de beneficio de las consultoras, y se cobra si el plan es culminado con la colocación. 'Hasta que crezca la demanda habrá empresas que tengan que competir con distintas armas. A veces es una cuestión de supervivencia', expresa el responsable de AECO.

Right ha tenido como clientes a Lucent y su filial Agere, EDS, British Telecom, Viatel y General Electric. La consultora Lee Hecht Harrison (del grupo Adecco) también ha trabajado con Lucent, Hewlett-Packard y Wanadoo, entre otros. Por su parte, Moa Groupe BPI participa actualmente en la recolocación de ex empleados de Telefónica, Uni2, Tiscali o Nokia; y ha mantenido contratos con Agere, Auna, Supercable Sevilla y Nortel. Por último, el equipo de Creade se ha ocupado del personal de Compaq, Honeywell o Marconi.

La relación de estas consultoras con las empresas de nuevas tecnologías comienza entre 2000 y 2001. 'Los que hicieron los deberes antes no han tenido problemas para acomodar a quienes formaron sus plantillas. Nosotros hemos logrado resultados hasta del 90% de recolocaciones', explica Isabel Crespo, directora general de Right. Pero confiesa que ahora están tardando más tiempo en encontrar salida a estos desempleados.

Crespo coincide con sus colegas en que las multinacionales que han rescindido contratos de forma masiva han 'tratado con cariño a los despedidos porque pensaban que los necesitarían a la vuelta de un par de años, cuando pasara el bache actual que sufre el sector'. Todas las consultoras expresan que la explosión de empleo en este negocio no volverá a producirse nunca más. Sin embargo, sí detectan una creciente demanda 'en pequeñas empresas integradoras e instaladoras de equipos electrónicos, distribuidores de tecnología y en nichos de mercado como el de la telefonía móvil o el de las comunicaciones por cable', advierte Juan Luis Goujon.

Proceso de seis meses

El programa de recolocación presenta, generalmente, tres fases diferenciadas que suponen una media de seis meses: análisis, propuesta y formación. En primer lugar, la consultora estudia el grupo del que se va a hacer cargo. Tras realizar una selección estará en disposición de emitir un compromiso sobre el número de personas que encontrará trabajo. Acto seguido se presenta un presupuesto, que depende de las acciones y número de consultores que dedica al programa, y comienza el 'cambio de chip' en el ex empleado. La labor de la consultora se centra en conseguir que estas personas acepten la realidad del mercado, descubran sus aptitudes para realizar otras labores y concentren sus esfuerzos en las compañías 'objetivo' en las cuales parecen encajar.

En la mayor parte de los casos son los propios interesados quienes encuentran su nuevo empleo o crean una nueva empresa. 'Entre enero y abril de este año detectamos 800 puestos para personal especializado en tecnologías de la información, pero 600 requerían un perfil comercial y no han sido ocupados', asegura el director general en Madrid de la consultora Creade, Javier Martín de la Fuente. Ni a ingenieros de telecomunicación ni a licenciados en informática les atrae la idea de abandonar su lado más técnico por otro puramente comercial.

Ricardo Barckhahn, consejero delegado de Right, asegura que tanto su empresa como la competencia están buscando fórmulas más creativas para buscar una salida. 'Empieza a haber cada vez más ex empleados de multinacionales que están montando pequeñas empresas para luego vender sus servicios incluso a quienes fueros sus jefes'.