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La construcción pierde vigor pero aún es el mayor motor económico

La construcción está llamada a ser también este año uno de los principales motores del crecimiento económico, al igual que en ejercicios anteriores. Todos los indicadores que maneja el Gobierno y las patronales indican que el sector aún tiene fuerza para sostener un ejercicio más a la economía, ante la debilidad de la demanda externa y el entorno internacional.

Se trata de un sector que aglutina el 8,6% del PIB total, el 55% de la formación bruta de capital fijo y emplea el 11,8% de toda la población ocupada (en torno a 1,9 millones de trabajadores). Pero más importante que estos datos es su efecto de arrastre sobre el resto de la actividad económica. El efecto multiplicador sobre la demanda interna se cifra aproximadamente en 2,5, según Seopan.

Desde la perspectiva de la oferta, se considera que por cada millón de euros de valor añadido de la industria de la construcción se induce una actividad adicional en los sectores suministradores y complementarios por valor de 1,5 millones. Un efecto multiplicador que no se transfiere al exterior, ya que la totalidad de las compras se efectúan en el mercado interno. Se benefician de ello una amplia gama de empresas como cementeras, areneras y empresarios autónomos ligados a la fontanería, carpintería, pintura industrial y equipamientos de inmuebles. Un aumento del 1% en el stock de infraestructuras induce un crecimiento del 0,23% en la productividad del sector privado.

Además, algo más del 50% de las inversiones públicas en construcción suele retornar al erario público, por aumento de la recaudación impositiva y menores prestaciones por desempleo. En 2002, el crecimiento de la construcción fue del 4,6% (2,6 puntos por encima del conjunto de la economía) generando una producción de 116.000 millones de euros, de los que 3.100 millones se dedicaron a la exportación.

Para este año, la patronal estima un crecimiento algo menor, entre el 3,5% y el 4,5%, pero suficiente para generar el 25% (entre 0,5 y 0,6 puntos) del aumento del PIB. Servicios de estudios de entidades financieras como el de Caixa Catalunya lo cifran en el 4%.

Pero el crecimiento no será homogéneo en todo el sector. La edificación residencial (vivienda) será la que más acuse la desaceleración, con un aumento de sólo el 2%. La rehabilitación registrará tasas entre el 4% y el 5% (según datos de la CEOE). La obra civil, cimentada en el plan de infraestructuras, será el gran revulsivo, con aumentos entre el 7% y el 9%. Con todo, existen nubarrones. Y se ciernen sobre 2004, cuando se prevé que el sector no crezca tanto (sólo un 2%). Ante un entorno de incertidumbre internacional, 2004 se presenta como el ejercicio en el que la inversión deberá tomar la alternativa. Si no se produce el relevo, vendrán las dificultades. La construcción ya no actuará como locomotora.

El empleo generado en el primer trimestre es el 67% del total

La evolución del mercado de trabajo presenta una gran dependencia sectorial de tres áreas de la economía, como son la construcción, el comercio y todo lo ligado a las Administraciones públicas.

En el caso del sector constructor, éste ha alcanzado en los últimos trimestres máximos históricos de participación sobre el total de la ocupación, que superan con creces los obtenidos a finales de la anterior etapa expansiva. Mientras que en 1991 alcanzaba el 10,3%, en el primer trimestre de 2003 el empleo en la construcción ha acaparado el 11,8% del número total de ocupados.

En la anterior fase expansiva, de mediados de los ochenta, el 27% de los dos millones de puestos de trabajo creados tuvieron su origen en el sector, una situación muy similar a la actual. El impacto que la construcción está teniendo en estos últimos años sobre el total de ocupación 'es de tal magnitud que cuando el ritmo de avance se reduce, se resiente el conjunto del mercado de trabajo', avisa el servicio de estudios de Caixa Catalunya.

Un ejemplo. En 2002, la moderación en el ritmo de avance agregado del empleo, desde el 2,2% en el primer trimestre hasta el 1,6% en el cuarto, fue el resultado directo de la brusca desaceleración en la construcción, desde el 6,7% hasta el 1%.

Esto no ha ocurrido ahora, sino todo lo contrario. En el primer trimestre de este año el 67% del empleo creado se concentró en la construcción, erigiéndose el sector como motor de la economía. El problema vendrá cuando la construcción se bata en retirada y arrastre sus consecuencias sobre el empleo total. Además, se trata de empleo de baja cualificación con dificultades para ser reciclado hacia otras áreas de la economía.

Mientras se mantenga el boom residencial, iniciado en 1998, no habrá problema. Después vendrán las vacas flacas.

Los precios sostienen el mercado residencial

Buena parte del crecimiento de la construcción de los últimos años (siempre por encima del 4,5% desde 1998) se debe al desaforado boom que ha experimentado la vivienda. Promotoras, tasadoras, expertos y todo tipo de técnicos en la materia han errado en sus estimaciones con una realidad que ha superado las previsiones más optimistas.

Al ladrillo están acudiendo no sólo los demandantes de una primera vivienda, sino también especuladores, todo tipo de inversores y los que huyen de la renta variable (Bolsa), en busca de mejor alternativa a sus ahorros. Ello ha provocado un aumento desproporcionado en el precio de los pisos, que han aumentado de media 12 veces más que los salarios en los últimos quince años. Desde 1995, se han elevado un 84%.

Saturación del mercado

Los últimos datos hacen pensar que se está cerca de la saturación. Las viviendas iniciadas entre enero y noviembre de 2002 se redujeron un 4,7%. Las de protección oficial (VPO) cayeron un 32,2% y las de precio libre (la gran mayoría), un 2,1% (hasta las 434.000). Aunque descienden las viviendas en construcción, las licencias concedidas por los ayuntamientos (un 2,9%), las certificaciones de fin de obra y los visados de obra nueva, el sector se mantiene muy dinámico.

Los bajos tipos hipotecarios (en mínimos históricos) y el exiguo mercado del alquiler fomentan la compra de inmuebles, mientras se dispara el endeudamiento de las familias, que cada vez destinan una mayor parte de su renta a la adquisición de su vivienda habitual.