Adhesión a la UE

'La ampliación provocará el traslado de algunas empresas'

Un vasco europeísta ha dirigido las negociaciones para el ingreso en la Unión Europea de los 10 países que hoy firman el Tratado de adhesión en Atenas. Eneko Landaburu, director general de Ampliación de la Comisión Europea, recuerda desde su despacho en la capital comunitaria el tortuoso proceso y vaticina que varios de los nuevos miembros se convertirán en socios de referencia de la Unión ampliada.

Pregunta. ¿Satisfecho?

Respuesta. Sí, sin duda, porque como jefe del equipo negociador por parte de la Unión Europea hemos vivido momentos intensos y de cierta dificultad. Ha sido un ejercicio complicado, con bastantes presiones políticas, pero hemos aguantado y demostrado que se podía hacer el trabajo.

P. ¿Hubo algún momento crítico en que todo pudiera descarrilar?

R. Sí, en la recta final, en 2002, hubo dos. El primero fue antes del segundo referéndum irlandés para la ratificación del Tratado de Niza. Está claro que si los irlandeses hubiesen dicho 'no', la situación política hubiese sido de tal desconcierto que no hubiésemos podido seguir adelante. El segundo fue por la falta de acuerdo entre los Estados miembros sobre la financiación de la ampliación. Hubo un milagro que fue el acuerdo franco-alemán en octubre sobre el futuro de la política agrícola común que de repente despejó la situación. Fue un gran respiro y supimos que podíamos terminar la negociación en diciembre de 2002.

P. Pero desde el principio dio la impresión de que el proceso era inevitable.

R. La ampliación era imparable porque respondía a una obligación moral de recibir a los países que habían vivido bajo el comunismo. Y respondía también a una necesidad política porque da estabilidad y consolida la democracia y los valores europeos. Y económicamente, todo son ventajas. La no integración hubiese conllevado muchos más problemas que los pocos que vamos a tener con su adhesión.

P. Parece que la Unión se resigna a su llegada.

R. Es cierto que el proceso se ha llevado con cierta resignación y la falta de confianza en algunos sectores de la sociedad ha provocado que no haya el entusiasmo que merece la reunificación de Europa por primera vez en su historia de forma pacífica.

P. ¿Superaron realmente el examen los 10 candidatos o pesó el compromiso político de admitirles?

R. No estamos en el campo de las matemáticas o de las ciencias exactas. Teníamos que medir si un país es capaz de cumplir los compromisos que ha adquirido durante la negociación. Y la conclusión es que no había nada en ninguno de esos países que justificase un retraso en el proceso de adhesión. Podía haber algunas carencias, pero ninguna importante.

P. Aun así, la UE se ha reservado unas cláusulas de salvaguarda para protegerse de un posible incumplimiento de los compromisos. ¿Se podrían invocar a partir del 1 de mayo de 2004, cuando el ingreso sea efectivo?

R. No lo descarto. Lo decidiremos en función del análisis que hagamos en otoño. Pero los futuros miembros se lo han tomado muy en serio porque saben muy bien que deben cumplir sus obligaciones o tendrán que enfrentarse a esas sanciones.

P. Parece imposible que a partir de ahora todos los miembros de la Unión puedan avanzar juntos en el proyecto de integración.

R. No habrá éxito de la ampliación si no hay ahora una profundización. Como estamos divididos en el seno de los Quince y como muchos de los nuevos miembros, por razones históricas, no están dispuestos a dar pasos que supongan una nueva cesión de soberanía, pues la consolidación se tendrá que hacer con los países que la aceptan, que no pueden ser 25.

P. ¿Nos salimos del club cuando ellos entran?

R. Ellos han querido entrar y no nos pueden culpar por querer ir más allá. No es aceptable que unos países impidan avanzar a los que ven la necesidad de que Europa no sólo sea un gigante económico, sino que también deje de ser un enano político. Hay países, como Hungría o la República Checa que podrían muy bien estar en esa vanguardia, para evitar la división psicológica entre vieja y nueva Europa. De hecho, esos países con el tiempo acabarán siendo socios fundamentales de la Unión Europea.

P. ¿Y puede quedarse alguno de los actuales socios en el camino?

R. Siempre uno paga las consecuencias de sus actos. Personalmente no concibo otro papel natural para España, como quinta potencia de la UE, que ser parte del motor de la integración.

P. Y cuáles serán las consecuencias económicas de la ampliación para España.

R. No hay un peligro, sino un enorme potencial, que por desgracia en España aún no se ha comprendido. Afortunadamente no va a haber efectos negativos. Puede producirse la deslocalización de alguna empresa, pero eso hay que aceptarlo porque es normal en una economía de mercado.

Habrá una u otra deslocalización, pero no muchas. Y tampoco esperamos que se produzca un flujo importante de inmigración.

El peligro de mirar hacia el Este con arrogancia

Eneko Landaburu reconoce que cuando asumió el cargo de director general de Ampliación no era un experto conocedor de los antiguos países del bloque soviético. Pero tras cuatro años de roce y regateo se muestra gratamente 'sorprendido por la seriedad y la cultura de esta gente'. Por eso alerta contra el error 'de desarrollar actitudes arrogantes' hacia unos países 'que tienen premios Nobel a punta pala y artistas extraordinarios'.

Landaburu admite que en algunos de los candidatos aún se detectan problemas de corrupción, pero piensa que si no ingresaran en la UE 'la situación sería peor y los riesgos para nosotros serían aún mayores. La entrada nos permite cambiar sus sistemas poco a poco'. 'De todos modos', advierte el director general, 'estos países no tienen el monopolio de la corrupción. Un poco de humildad no nos vendría mal, porque estamos hablando de pueblos con una gran tradición histórica'.

'Se han librado ellos solos del comunismo', resalta Landaburu, 'y se han impuesto a sí mismos unas reformas profundas para modernizar sus países y sus economías'.

Turquía, el candidato olvidado durante más de 30 años de espera, también tiene un lugar en la agenda de Landaburu. 'Puedo asegurar que si cumple los criterios de democracia y respeto a los derechos humanos, propondremos a finales de 2004 que se inicien las negociaciones. Los turcos tienen derecho a que les tratemos de forma seria y objetiva. La UE no es un club de cristianos'.