Fin de la guerra

Contratos entre amigos

La destrucción aún no ha terminado y ya se está adjudicando la reconstrucción de Irak. Entre las empresas que pujan, tendrán prioridad las de EE UU. El coste de los primeros contratos, dados de forma opaca, asciende a 3.500 millones de dólares

Queremos demostrarle rápidamente al mundo, y en especial a los países musulmanes, que nos ocupamos del pueblo iraquí y que estamos dispuestos a usar los dólares de nuestros contribuyentes para mejorar la vida de los iraquíes'. Quien así se expresa es Andrew S. Natsios, responsable de la Agencia de EE UU para el Desarrollo Internacional (Usaid por sus siglas en inglés), el organismo que junto con las agencias del Pentágono se encarga de licitar y conceder los contratos para la reconstrucción de Irak.

A pesar de que las tropas aliadas controlan buena parte del territorio de Irak, incluida la capital, la guerra no ha terminado. Sin embargo, la Administración Bush lleva meses trabajando en el escenario post-Sadam Husein. La Usaid ha abierto hasta el momento ocho concursos para conceder contratos en Irak. Dos de ellos ya se han adjudicado. El primero, para la planificación y gestión de las actividades de reconstrucción, se le otorgó a International Resources el pasado 7 de febrero, 42 días antes del comienzo del ataque, y está valorado en siete millones de dólares. Stevedoring Services of América ha sido la segunda compañía agraciada. El 24 de marzo la Usaid le adjudicó la gestión del puerto de Umm Qasr, zona de carga y descarga de mercancías con el resto de países del golfo Pérsico. La concesión, valorada en 4,8 millones de dólares, se hizo cuando la coalición todavía no controlaba el puerto iraquí.

EE UU ha dejado claro desde un principio que las primeras beneficiadas en las tareas de reconstrucción de Irak serán las compañías estadounidenses. Después, las demás. Quizá esto explique el procedimiento de urgencia elegido para conceder los contratos. En lugar del habitual proceso de compra que permite a todas las firmas competir por las licitaciones -proceso que conlleva un mínimo de seis meses- la Usaid utiliza atajos expeditivos autorizados por la legislación federal, que le permiten limitar la cantidad de firmas competidoras para acortar el periodo de toma de decisiones. Es la propia agencia la que envía invitaciones a aquellas compañías que considera más adecuadas para realizar cada una de las tareas de reconstrucción. Los más críticos no han tardado en alzar la voz: invitar sólo a las grandes firmas para que compitan por cada contrato es una señal de amiguismo o favoritismo.

'Esto está lejos de la verdad', se defendía Andrew S. Natsios en un artículo publicado el 31 de marzo en el diario USA Today. 'Si alguien necesita un cirujano, buscará nombres con una reputación de calidad. Eso es lo que hace la Usaid. Algunos países se han quejado de que no fueron invitados a presentar ofertas para estos proyectos, que financian los contribuidores estadounidenses. Pero irónicamente, en la mayoría de los países, las agencias de ayuda exterior tratan de otorgar contratos a sus propias compañías'. Natsios señalaba en este artículo que ninguna compañía es bastante grande como para hacer estos trabajos por sí sola. 'Hasta el 50% del trabajo puede subcontratarse a firmas extranjeras', argumentaba. De momento, tan sólo una compañía no estadounidense, la británica P&O Ports, ha sido invitada a presentar su oferta en los contratos que ya se han adjudicado.

La Comisión Europea ha anunciado que examinará 'caso por caso' cada uno de los contratos de licitación pública que EE UU realice en la reconstrucción de Irak, para comprobar 'si se cumplen las normas de la Organización Mundial del Comercio'.

¿Un nuevo Plan Marshall?

La reconstrucción de Irak supone un bocado muy apetitoso para muchas empresas. Washington no ha desvelado aún cuánto durará y cuánto le costará al contribuyente de EE UU el programa para levantar el país. Sin embargo, empiezan a surgir cifras extraoficiales. La Academia Americana de las Artes y de las Ciencias estima que el coste de la reconstrucción oscilará entre los 30.000 y los 105.000 millones de dólares en los próximos 10 años. Cálculos muy parecidos arroja un estudio de la Universidad de Yale.

Esto convertiría al plan de reconstrucción en el más costoso desde el Plan Marshall, tras la II Guerra Mundial. La ayuda a Europa, que sirvió para revivir la industria y la agricultura del continente, pero que también incrementó las exportaciones de EE UU, se prolongó durante cuatro años (1948-1952) y tuvo un coste de 13.300 millones (138.000 millones en dólares actuales).

EE UU ha aprobado hasta el momento una partida de 3.500 millones de dólares para Irak, que incluye 1.700 millones de los contratos de la Usaid. El resto es para ayuda humanitaria. Aparte de las dos licitaciones que ya ha otorgado esta agencia, todavía están abiertos seis concursos más que incluyen contratos para realizar actividades como la gestión de los aeropuertos, apoyo logístico, el desarrollo de un servicio de salud pública o la reconstrucción de escuelas.

El contrato más importante es el denominado de 'reconstrucción básica', valorado en 600 millones. Entre las compañías que pujan por este contrato se encuentran firmas especializadas en desmantelar y neutralizar armas químicas y nucleares, así como empresas de ingeniería y construcción para rehabilitar los aeropuertos, asegurar el abastecimiento de agua potable, la reparación de las centrales eléctricas, carreteras, redes ferroviarias y sistemas de irrigación. Una de las empresas invitadas por la Usaid para hacer una oferta es Louis Berger, que participó en la reconstrucción de los Balcanes y que actualmente trabaja en el desarrollo de infraestructura en Afganistán, con un contrato que supera los 300 millones. Bechtel, en cuyo consejo de administración están el ex secretario de Estado George Sulz y el ex secretario de Defensa Caspar Weinberger, también es una de las candidatas. Bechtel participó en la limpieza de la central de Chernóbil. Fluor también puja por el principal contrato de la Usaid. Esta empresa tiene negocios en el desarrollo de gasoductos y plantas petrolíferas en Kazajistán. Otra empresa que opta a un trozo del pastel es Parsons, que ya participó en las tareas de reconstrucción en Bosnia y Kosovo.

El concurso debería haber sido adjudicado esta semana. Sin embargo, las dificultades de los candidatos para encontrar aseguradoras que cubran los posibles riesgos de su actividad en Irak han retrasado el proceso.

El nombre de Halliburton, la empresa de la que fue primer ejecutivo Richard Cheney hasta que se convirtió en vicepresidente de EE UU con George Bush, también había sonado como una de las candidatas a adjudicarse los contratos de la agencia. Sin embargo, un portavoz de la compañía lo ha desmentido. Halliburton, a través de su filial Kellogg, Brown & Root, sí que se llevó el pasado 24 de marzo el contrato promovido por el Cuerpo de Ingenieros de la Armada de EE UU, agencia dependiente del Pentágono, para sofocar el fuego en los pozos petrolíferos iraquíes y reparar los daños que hayan causado las tropas de Sadam en los mismos durante su huida. El contrato autoriza a pagar un máximo de 7.000 millones de dólares en los próximos dos años. Sin embargo, hasta que no se determine cuántos pozos han resultado dañados no se podrá cifrar el importe exacto del mismo.

El Gobierno de EE UU pretende refinanciar parte del plan de reconstrucción con los ingresos procedentes del petróleo iraquí, que supone cerca del 25% del PIB del país. 'Antes de pedir a nuestros contribuyentes veremos qué se puede pagar con los recursos naturales de Irak y con la ayuda de la comunidad internacional', señaló el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, durante una intervención en el Congreso. Los expertos advierten, sin embargo, que la Administración estadounidense tal vez peque de optimista. 'Después de tres guerras en dos décadas y casi trece años de sanciones económicas, Irak ha dilapidado parte de su riqueza petrolífera', manifestó a Bloomberg Jean-Francois Giannesini, ingeniero jefe del Instituto Petrolero Francés. 'Para que la producción vuelva a los 2,4 millones de barriles diarios, cifra previa a la invasión de los aliados, se requerirán al menos seis meses de trabajo y una inversión cercana a los 2.500 millones de dólares', según Giannesini.

Balas, misiles y automóviles

Aparte de las empresas relacionadas de forma directa con los trabajos de reconstrucción, otras compañías, como las fabricantes de armas, también se beneficiarán de la guerra, según los expertos. Contratistas de Defensa como Raytheon, Lockheed Martin o Aliant Techsystems han empezado a recibir pedidos para reemplazar los misiles crucero Tomahawk y las bombas de precisión usadas durante el conflicto (según fuentes del Pentágono, tan sólo en los 13 primeros días del ataque se gastaron 700 misiles y 8.000 bombas). Los misiles crucero se hallan entre los proyectiles más caros. Cuestan entre 600.000 y un millón de dólares cada uno, dependiendo de la configuración. Por su parte, los equipos de guía por satélite para las bombas, fabricados por Boeing, valen 20.000 dólares cada uno.

Otro sector que también puede beneficiarse indirectamente de la guerra es el de fabricantes de coches. El nuevo Gobierno iraquí podría expandir el mercado automovilístico obstaculizado hasta ahora por la burocracia de la dictadura y las sanciones de Naciones Unidas. Bajo el régimen de Sadam Husein sólo el Gobierno podía importar vehículos. Los ciudadanos entraban en una lista de espera, tras comprar un cupón a la Administración. El Gobierno compraba los automóviles a los fabricantes y los funcionarios decidían quién recibía el vehículo. Desde 2000 tan sólo 40.000 coches entraron en Irak. La consultora JD Power estima que con el fin del régimen las ventas podrían aumentar hasta situarse por encima de las 330.00 al año.