Avatares

La falta de innovación lastra los laboratorios

Los laboratorios españoles no son ajenos a las tensiones que vive el mercado farmacéutico internacional. No en vano el 20% de las 250 compañías radicadas en España son multinacionales y sus fármacos copan aproximadamente el 70% del mercado. Con todo, la preocupación es mayor entre las empresas de capital español.

La razón de su inquietud hay que buscarla en la decisión de la ministra de Sanidad, Ana Pastor, de poner freno al gasto en medicamentos; o lo que es lo mismo, a una facturación, la de la industria farmacéutica, que tradicionalmente registraba un crecimiento del 10% o 12%.

Tras la firma del Pacto de Estabilidad con Celia Villalobos, antecesora de Pastor en el despacho del madrileño paseo del Prado, los laboratorios pensaron que a cambio de comprometerse a facturar tan sólo un 9,5% más cada año y devolver (para investigación) todas las ganancias que superasen el PIB nominal, la Administración y las comunidades autónomas, responsables de pagar la factura, les dejarían tranquilos. No ha sido así.

Pastor ha llegado al Gobierno dispuesta a revisar el pacto y bajar su tasa de crecimiento al 6,5%, entre otras cosas, porque éste no contó en su momento con el visto bueno de los Gobiernos regionales, pero también porque el gasto sigue creciendo sin que los agentes sanitarios se pongan de acuerdo en las causas. En diciembre de 2002 registró una subida del 10,90%, 9,89% en tasa interanual, y en enero de este año la subida ha sido del 9,77%, con incrementos de dos dígitos en Castilla-La Mancha (12,42%), Canarias (16,52%), Madrid (10,18%), Murcia (17,43%), Valencia (14,31%) y Ceuta (10,50%).

Humberto Arnés, director general de Farmaindustria, se preguntaba ayer si esta subida no se debe a que los farmacéuticos, por razones fiscales, han decidido trasladar algunas facturas de diciembre a enero; y en cualquier caso, restó importancia al incremento (6,93%) del gasto medio por receta 'porque no se ajusta al patrón de crecimiento de 2002'.

A principios de enero, Farmaindustria salió al paso de la desviación del pasado año atribuyendo dos tercios de su crecimiento al número de recetas, que era lo mismo que decir que el gasto estaba creciendo por el aumento de la población inmigrante. Y el director general de la patronal, Humberto Arnés, aprovechó para recordar a las comunidades autónomas que tal vez deberían incrementar sus presupuestos en farmacia.

En enero, la vuelta al patrón tradicional -el aumento del gasto medio por receta- es esgrimido por los farmacéuticos para acusar a los laboratorios de incumplir las reglas del juego y asegurar que los datos demuestran que éstos de nuevo están presionando a los médicos para vender los fármacos más caros, las nuevas moléculas.

La esencia del negocio farmacéutico se sustenta sobre un pilar que cuesta entre 600 y 1.000 millones de dólares, lo que vale descubrir una molécula nueva. Sin molécula no hay proyección industrial, pero cada vez es más difícil conseguir novedades y además los Gobiernos son reacios a registrarlas, por la presión que ejercen sobre el gasto.

Desgraciadamente, la industria farmacéutica nacional no está en el pelotón de cabeza de la innovación; y el futuro parece estar en las compañías más innovadoras: Glaxo, Pfizer o Lilly, las multinacionales.

Los Juste, Esteve o Uriach, por poner tres ejemplos de empresas nacionales, de carácter familiar e íntimamente ligadas a la burguesía catalana afín a CiU, son conscientes del futuro incierto que se avecina. Hasta ahora habían sobrevivido gracias a unos crecimientos de la facturación del 10% o 12%, pero los recortes les perjudican, sobre todo porque no han diversificado en genéricos ni tienen cuota en las especialidades farmacéuticas publicitarias (sin receta). Sin capacidad financiera para sacar al mercado novedades farmacológicas, estos laboratorios saben que su viabilidad depende en gran medida de las absorciones.

Tal vez por esto, Pastor no ha sacado aún su publicitado paquete de medidas de control del gasto. El mercado nacional en un futuro no muy lejano puede quedar reducido a las multinacionales.