TRIBUNA

La relación económica entre EE UU y la UE

Kenneth W. Dam analiza la nueva perspectiva de la relación económica de EE UU y la UE. Aunque destaca la cooperación existente, señala que deben mejorarse aspectos referidos a los mercados financieros y a la lucha contra el terrorismo

Durante el último decenio, la relación económica entre EE UU y la UE, medida en términos de comercio más inversión, se ha intensificado y se ha convertido en la más amplia y compleja del mundo. Los inversores estadounidenses están muy comprometidos en el crecimiento de Europa y viceversa. Más de 800 empresas de entre las mejores de Europa optan por cotizar en Bolsas estadounidenses en forma de American Depository Receipts (ADR).

Por supuesto que alguna que otra vez EE UU y la UE tienen disputas comerciales, pero son inevitables dada la amplitud de nuestros lazos económicos. En todo caso, la verdadera acción hoy en el comercio internacional no está en el proceso de arreglo de disputas de la OMC, sino en la nueva Ronda de negociaciones de Doha, en la que hemos puesto sobre la mesa propuestas sin precedentes para la reducción de las barreras a los productos agrícolas e industriales.

Proponemos la eliminación de las subvenciones a las exportaciones agrícolas y una reducción significativa de los pagos para apoyar la agricultura, así como la eliminación de todos los aranceles sobre los productos industriales para 2015. Naturalmente, cualquier reforma importante de la política agrícola común supone un reto para los procesos internos de la UE. Nuestra propuesta agrícola es mucho más progresista y beneficiosa para el mundo en desarrollo que cualquier otra que esté siendo considerada en la UE. Lo mismo podría ser cierto con respecto a nuestras propuestas para los productos industriales y otros productos no agrícolas.

Nuestra mayor preocupación es que el proceso de integración del mercado europeo de capital se haga bien y que las nuevas normas sean transparentes

La relación económica global entre EE UU y la UE no sólo consiste en el comercio. Hemos dedicado nuevos recursos a la guerra financiera contra el terrorismo y a colaborar con nuestros colegas de la UE en nuevos cambios financieros y de normativa.

Quisiera explorar algunos de los aspectos menos divulgados de la relación económica entre EE UU y la UE:

Cooperación para combatir la financiación del terrorismo. Desde el 11 de septiembre, EE UU y la UE han luchado de manera conjunta para designar las entidades terroristas y sus apoyos financieros, y después para congelar sus activos. Por ejemplo, casi todos los individuos y entidades terroristas designados por EE UU han sido también designados por la UE o alguno de sus Estados miembros. Además, EE UU y la UE han establecido un mecanismo sencillo e informal para compartir información sobre los terroristas y los que les apoyan. La UE también tomó medidas contra la Brigada de los Mártires de Al Aqsa, grupo que ha asumido la responsabilidad de varios atentados suicidas en Israel. En diciembre, la UE designó una organización terrorista argelina con actividades en Italia y Europa occidental y a 17 de sus agentes clave.

Al nivel de los Estados miembros de la UE, el reciente desarrollo con respecto a las finanzas terroristas también es positivo. En septiembre pasado presidimos junto con España una importante reunión del grupo de trabajo de Acción Financiera para hablar de los criterios utilizados y las medidas que se están tomando a nivel internacional en la guerra contra la financiación del terrorismo.

En agosto, Italia se unió a EE UU para presentar al Comité de Sanciones de las Naciones Unidas, creado en virtud de la Resolución 1267, los nombres de 25 individuos y entidades vinculados a Al Qaeda. El Gobierno de los Países Bajos congeló recientemente los activos del Nuevo Ejército del Pueblo y de su líder José Sisón, que se sabe son responsables de la matanza de ciudadanos estadounidenses en Filipinas. En los últimos meses Francia y Alemania han presentado nombres a la lista del Comité de Sanciones. Sin embargo, se podría mejorar tanto en lo sustancial como en lo procesal.

En primer lugar, los nombres de los terroristas todavía tardan demasiado en ser presentados y considerados para ser designados por la UE. Aunque la UE ha establecido un llamado 'mecanismo de distribución de información' basado en la unanimidad para agilizar el proceso, éste sigue siendo demasiado lento. Dada la amenaza a la que nos enfrentamos, se debe mejorar este proceso.

En segundo lugar, los activos de los terroristas internos no se están bloqueando en varios países europeos, porque según la actual interpretación del Tratado de la Unión Europea, la UE no puede ordenar a los Estados miembros que bloqueen los activos de individuos y entidades de los denominados terroristas internos.

Los países miembros deben confiar en su propia ley nacional para bloquear los activos de dichos terroristas. Por desgracia, no todos los 15 países de la UE tienen las leyes nacionales necesarias. Nuestros amigos europeos necesitan cubrir ese vacío legal.

En tercer lugar, es hora de que la UE se una a EE UU para calificar a Hamas y Hezbollah de lo que son: organizaciones terroristas. Hasta ahora, la mayoría de los países europeos han eludido este asunto a causa de una supuesta distinción entre el ala tolerante o política y el ala terrorista de Hamas y Hezbollah. EE UU ha rechazado el concepto de que existe una separación entre las actividades terroristas de Hamas y Hezbollah e instamos a nuestros colegas europeos a hacer lo mismo.

No sólo el dinero es intercambiable, sino que no se ha presentado prueba alguna que establezca la existencia de una separación. Ni tampoco hay ninguna razón para suponer que los terroristas dentro de cualquiera de estas dos organizaciones respetan tales sutilezas. Estamos comenzando a ver algún progreso. Hace poco Dinamarca embargó los activos de la Fundación Al Aqsa y detuvo a tres individuos afiliados a esa organización. Esto es un avance en la dirección correcta, pero aún queda un largo camino por recorrer.

Nuestros colegas de la UE saben que EE UU está presionando para resolver estos asuntos cruciales que creemos aumentarán la capacidad de la UE para combatir la financiación del terrorismo de un modo más eficaz. Nos alegramos por la, en líneas generales, buena cooperación de la UE hasta la fecha en la guerra financiera contra el terrorismo. Ahora es el momento de hacer frente a los demás asuntos.

Cooperación financiera y reguladora. Al igual que en la guerra financiera contra el terrorismo, EE UU y la UE han estado trabajando conjuntamente de forma activa durante el año pasado sobre los cambios financieros y de normativa que tienen consecuencias a ambos lados del Atlántico.

Un buen ejemplo es el plan europeo para introducir un único mercado financiero en 2005. Desde que la idea tomó forma, EE UU ha apoyado mucho el Plan de Acción de los Servicios Financieros de la Unión Europea para un único mercado financiero. Si se lleva a cabo de la forma adecuada, creemos que estimulará el crecimiento económico en Europa, facilitará el flujo internacional de capital y proporcionará oportunidades ventajosas a los prestatarios y los ahorradores.

Nuestra mayor preocupación es que el proceso de integración del mercado europeo de capital se haga bien y que el proceso de formulación de la nueva legislación y las nuevas normas sea transparente y justo para todos los que participan en el mercado. Hemos hecho que nuestros colegas de la UE sean conscientes de la preocupación de que directivas financieras de la UE propuestas recientemente puedan afectar de forma adversa a las empresas de fuera de la UE que operan en mercados regulados por la UE.

Hemos expresado la preocupación de que las nuevas directivas de la UE que se están considerando y que regulan las prospecciones, la adecuación del capital, los servicios de inversión y los conglomerados financieros puedan discriminar a las empresas estadounidenses de forma no intencionada.

Tomemos una de esas directivas, la Directiva sobre Conglomerados Financieros. Según esta directiva, los bancos de inversión estadounidenses que operan en Europa estarían sujetos a supervisión al nivel del holding. Sin embargo, en EE UU los bancos de inversiones son supervisados por la Securities and Exchange Comission (SEC) al nivel de los corredores de Bolsa, no al del holding. Por tanto, a falta de que las autoridades de la UE decidan una supervisión equivalente, los bancos de inversiones estadounidenses que operan en Europa se enfrentarían sin duda a unos costes de conformidad y de operación más altos.

Los funcionarios en Bruselas han apoyado nuestros esfuerzos para resolver este problema y nosotros seguimos trabajando con funcionarios de la Autoridad de los Servicios Financieros del Reino Unido para intentar tratar las preocupaciones específicas que han formulado.

Con el fin de gestionar estos y otros casos de desbordamiento regulador que aparecen a ambos lados del Atlántico, y más en general para tener un diálogo sobre asuntos clave del mercado financiero de importancia para ambos, el Tesoro creó a principios del año 2002 un diálogo informal sobre mercados financieros entre EE UU y la UE. Los asuntos europeos de interés incluyen la Sarbanes-Oxley Act y el borrador de las normas que la SEC ha estado promulgando para aplicar algunos de sus artículos. Además, una petición de la Bolsa de Francfort está pendiente ante la SEC para permitir a aquélla colocar sus pantallas comerciales en Estados Unidos.

El Departamento del Tesoro y la Comisión Europea presiden el diálogo y ambos están acompañados de reguladores financieros.

Aunque los conflictos son inevitables dadas nuestras diferentes experiencias y actitudes ante la regulación y la supervisión financieras, el diálogo sobre mercados financieros ha servido para exponer abiertamente las preocupaciones de ambas partes.

Ambas comparten los mismos objetivos: una regulación sólida de los mercados financieros y unos mercados de capital eficaces que generen beneficios reales a las empresas y a los inversores a ambos lados del Atlántico. Me ha impresionado la profundidad y la profesionalidad de las conversaciones hasta el momento.

En conclusión, la relación económica entre EE UU y la UE sigue evolucionando. Se caracteriza por la cooperación profunda para alcanzar objetivos públicos comunes y la compleja integración de propósitos privados.

Aunque sigue habiendo retos importantes, espero que la relación sea una fuente de fuerza, estabilidad y oportunidades en los años venideros.