Farmacia

La competencia de los genéricos frena el resultado de los grandes laboratorios

El frenazo en los resultados de los grandes laboratorios mundiales revela las dificultades para comercializar productos novedosos con que compensar la pérdida de derechos en exclusiva. También se acusa la creciente presión de los Gobiernos para rebajar la factura farmacéutica estatal, según los analistas.

Hasta la fecha han presentado sus cuentas del año pasado 10 de las mayores multinacionales (seis de EE UU y cuatro europeas), que suman una facturación de 243.698 millones, sólo un 3,8% más que en el ejercicio anterior. Estas 10 grandes lograron un mayor avance en sus beneficios netos, que sumaron 47.275 millones, un 15% más que en el ejercicio anterior. Merck fue líder en volumen de negocio y Pfizer, en ganancias.

En 2001, los beneficios del sector habían crecido más del 30%, a pesar de que la economía de Estados Unidos, con mucho, el mayor consumidor del mundo, entró en recesión. El dato convirtió a la industria farmacéutica en la más rentable del mundo, frente al declive de las telecomunicaciones y otros sectores más sensibles al ciclo económico. Un año después, las perspectivas se han oscurecido también para la industria del medicamento. 'El sector está tocado por los riesgos regulatorios, el vencimiento de patentes y las dificultades para lanzar nuevos medicamentos en Estados Unidos', afirma Ignacio Santos, analista de Banif. En su opinión, esta presión 'es contraproducente, porque limita la capacidad de la industria de lanzar nuevos medicamentos'.

La falta de medicamentos novedosos y la competencia de genéricos -copias bioequivalentes y más baratas- están detrás, según los expertos, del pobre comportamiento del sector en Bolsa. El S&P 500 Pharm Index, que sigue los valores farmacéuticos en las Bolsas estadounidenses, ha perdido un 25% de su valor en los últimos 12 meses.

Los resultados publicados ayer por el grupo británico GlaxoSmithkline ponen de manifiesto estas dificultades. El beneficio neto del grupo en 2002 subió un modesto 5,6% y el volumen de negocio, sólo un 3,5%.

La aparición de genéricos que compiten con el antibiótico Augmentine han hecho caer un 30% las ventas de este producto, que antes aportaba un 6% del volumen de negocio de Glaxo.

Además, la patente del fármaco más vendido de la compañía, el antidepresivo Paxil, está en litigio en los tribunales en Chicago. La compañía obtiene más de la mitad de su negocio en EE UU.

En ocasiones los genéricos compiten con varios fármacos, incluidos los que siguen protegidos. Es el caso de Aventis, cuyo antihistamínico Alegra tiene la patente asegurada hasta 2006. Pero sus ventas se han resentido de la aparición de copias genéricas del Claritin, el superventas que comercializaba Schering-Plough.

Los laboratorios no han logrado desarrollar suficientes productos nuevos para compensar estas pérdidas. Además, la agencia estadounidense del medicamento y la alimentación, la FDA, ha decidido aplicar controles más estrictos a los nuevos fármacos, lo que ha ralentizado en varios meses el ritmo de lanzamientos al mercado.

Escándalos

La política de la FDA se ha endurecido después de escándalos como el del Baycol-Lipobay, un fármaco de Bayer contra el colesterol retirado en agosto de 2001 por haber sido relacionado con más de 100 muertes.

A la falta de productos han respondido las grandes empresas farmacéuticas con compras de otras compañías cuya cartera de fármacos en desarrollo resulta interesante. Esto explica el interés de las compañías por pequeñas biotecnológicas, como Scios, una empresa en pérdidas adquirida por Johnson & Johnson por unos 2.200 millones.

Otro camino son las grandes fusiones, pero algunos expertos creen que las últimas han resultado de difícil digestión y no han aportado suficientes sinergias. Pfizer y Pharmacia, castigadas en Bolsa, están pendientes de recibir luz verde de las autoridades de la competencia para confirmar su integración, que crearía al líder mundial.

En los últimos meses se ha especulado con las aproximaciones entre las suizas Novartis y Roche -pese a la oposición de la familia que controla la segunda- y entre las francesas Aventis y Sanofi, que ambas compañías descartan para el corto plazo.