Tribunales

El fiscal pide 10 meses de prisión para el aspirante a suceder a Duisenberg

El ministerio fiscal ha solicitado una condena de 10 meses para el gobernador del Banco de Francia, Jean Claude Trichet, por complicidad en la supuesta falsedad de cuentas del Crédit Lyonnais a principios de los años noventa. De hacerse efectiva la pena solicitada por el fiscal, el Tribunal Correccional dejaría a Trichet fuera de la carrera para sustituir en julio a Wim Duisenberg al frente del Banco Central Europeo (BCE).

La pena de 10 meses que ha solicitado el fiscal no implicaría el encarcelamiento del antiguo director del Tesoro, pero sí arruinaría las esperanzas de Trichet y del Gobierno francés, que lo ha respaldado repetidamente, de presidir el instituto emisor. La decisión, una vez que acaben los discursos de las defensas, debería quedar fijada en el mes de marzo o, a lo sumo, a comienzos de abril.

La primera instrucción del caso, sin embargo, había considerado inocente a Trichet. El magistrado de instrucción Philippe Courroye, en la revisión del caso, decidió en cambio llamar de nuevo al banquillo al gobernador de Francia.

A Trichet se le imputa la emisión de falsas informaciones al mercado y la complicidad en la falsificación de cuentas cuando dirigía el Tesoro en los años 1992 y 1993. Como responsable de controlar las finanzas de las entidades públicas, y al ser el Crédit Lyonnais en aquella época propiedad en parte del Estado, el alto funcionario, de 60 años, estaría directamente involucrado en los hechos.

Trichet se sienta en el banquillo junto a otras nueve personalidades de aquella época, entre antiguos dirigentes del banco, altos cargos del Ministerio de Economía y funcionarios del Estado. Todos han negado los cargos que se les imputan.

Por su parte, para Jean Yves Haberer, ex presidente del Lyonnais, el fiscal ha pedido al tribunal una pena no menor de 18 meses, y para Jacques de Larosihre, entonces gobernador del Banco de Francia y ex director del Fondo Monetario Internacional, no menos de 10 meses.

Los balances del banco en cuestión registraron beneficios y leves pérdidas a comienzos de los años noventa, mientras que en 1994 se descubrió un agujero de miles de millones de francos, que no había sido reflejado en las cuentas precedentes.

El entonces primer ministro, y ministro de Economía cuando comenzaron las cuentas sospechosas de Lyonnais, Pierre Béregovoy, acabó suicidándose.